CARTA ABIERTA A JESÚS ADRIÁN ROMERO
Estimado hermano en Cristo Jesús Adrián Romero, somos tocayos de aquel que dio su vida por nosotros. Tú perteneces a una iglesia evangélica, yo pertenezco a la iglesia católica. Naciste un 16 de Febrero de 1965. Yo nací tres días después un año antes. Somos de la única raza que existe en este planeta, la raza humana, por la cual Dios envió a su único Hijo (Juan 3,16). Deseo que pueda llegar a ti esta carta abierta aunque entiendo que te retirarás temporalmente de las redes sociales por lo que acabas de escribir en tu cuenta de facebook. Cito algunos trozos:
“Acabo de regresar de correr, la temperatura estaba a 5 grados con una sensación térmica de 2 grados, pero como siempre, disfrute la carrera al máximo. Cuando corro, oro y medito y hoy no fue la excepción. Durante la corrida de hoy llegue a la siguiente conclusión: HE DECIDIDO RETIRARME DE LAS REDES SOCIALES POR UN TIEMPO INDEFINIDO. Por mi bienestar emocional, el de mi esposa y el de mis hijos, considero que es la mejor decisión. Aunque soy una persona de carácter, y muy firme en mi convicciones, debo reconocer que últimamente los constantes ataques consumen mi espíritu y drenan mi alma.
Sigo siendo un cristiano evangélico de convicciones profundas. No soy ecuménico, por lo menos no en el sentido que muchos lo interpretan, (alguien que compromete sus creencias y acepta libremente lo que creen los demás), pero si soy alguien que busca las cosas que tenemos en común con otras religiones y en vez de pelear, escojo amar. Tampoco apoyo o defiendo la idolatría como muchos aseguran después de haber escuchado solo un pequeño extracto de una plática que di acerca de la idolatría en nuestra congregación. De hecho hablo en contra de la idolatría, puedes ver la plática en su totalidad
…Muchos evangélicos, (no todos) tienen dificultad para creer que alguien fuera de su fe puede encontrar la verdad. Por supuesto que estoy en desacuerdo con cosas que cree la iglesia católica, pero también estoy en desacuerdo con cosas que cree la iglesia evangélica. Somos una obra sin terminar…Reitero lo que he dicho antes: El deseo más grande de mi corazón es que el mundo conozca el gran amor de Dios mostrado en la cruz a través de su hijo Jesús y vivo cada día para que la gente conozca ese amor.” (Concluyo la cita)
Querido hermano en Cristo, yo también he tenido esa misma tentación muchas veces. Es sumamente difícil mantener la estabilidad emocional ante tanto fanatismo religioso. Pero para quienes seguimos radicalmente a Cristo, cuyo alimento es hacer la voluntad del Padre, nos toca enfrentarnos a las críticas destructivas de los fariseos de ayer y de hoy, más aferrados a tradiciones humanas y a prejuicios históricos que a la Buena Nueva del Evangelio. Decía la Madre Teresa de Calcuta: "Dios no me llamó para tener éxito, sino para cumplir su voluntad" A veces nos aplaudirán, otras nos atacarán.
Soy de esos sacerdotes que tienen pocas imágenes en su iglesia porque fui educado en la espiritualidad de San Juan de la Cruz, para quien el exceso de imágenes más estorba que ayudaba al encuentro con el Dios vivo. Conocí tus canciones en el momento que más lo necesitaba, y fueron un instrumento de bendición en momentos de tempestad, cuando flaquea la fe y sentimos desfallecer. Déjame decirte que algunos sacerdotes católicos “prohíben” cantar canciones evangélicas, muchas extraordinarias tanto en su letra como en su música. En el fondo hay un miedo a que por el analfabetismo religiosos de muchos católicos del cual muchos sacerdotes son responsables, terminen pasándose a otras iglesias. Pero sin duda, lo más doloroso es ser atacados por hermanos de la misma iglesia, que te acusan de ser católico simplemente porque has profundizado en tu fe y has descubierto la obra de Dios de este lado, como yo la he descubierto del lado de ustedes.
Suscribo lo que dices y lo parafraseo: “Muchos” católicos, “(no todos) tienen dificultad para creer que alguien fuera de su fe puede encontrar la verdad. Y déjame decirte que el Concilio Vaticano II de la iglesia Católica, que concluyó el año en que naciste, en la Constitución Lumen Gentium piensa exactamente igual que nosotros en este aspecto:
“Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2,4), la Iglesia reconoce que la salvación traída por Cristo “es válida no sólo para los que creen en Cristo, sino para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de Dios de modo invisible, puesto que Cristo murió por todos (Rom 8,32) y la vocación del hombre es una misma, es decir, la vocación divina; debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de tomar contacto, bajo formas que Dios conoce, con el misterio pascual.” Aclara además el Concilio Vaticano II, que “la Iglesia se siente unida por varios vínculos con todos los que se honran con el nombre de cristianos, por estar bautizados, aunque no profesan íntegramente la fe, o no conservan la unidad de comunión bajo el sucesor de Pedro. El Espíritu Santo...también obra en ellos con su virtud santificante por medio de dones y de gracias, y a algunos de ellos les dio la fortaleza del martirio.” Concilio Vaticano II 15 y 16
Lamentablemente una parte de la iglesia tradicionalista conservadora, se cierra a toda posibilidad de renovación impulsada en la actualidad por el Papa Francisco, y le han hecho la guerra o lo silencian, aferrándose a doctrinas humanas que no tienen fundamento en Cristo.
Gracias por tu apasionado amor a nuestro común Señor. Gracias por componer una hermosa canción a la Virgen María. Suscribo todo lo que dijiste en tu plática sobre la idolatría, hasta tal punto que a veces parece que fuera una de mis predicaciones. “Sigo siendo un cristiano” católico “de convicciones profundas. No soy ecuménico, por lo menos no en el sentido que muchos lo interpretan, (alguien que compromete sus creencias y acepta libremente lo que creen los demás), pero si soy alguien que busca las cosas que tenemos en común con otras religiones y en vez de pelear, escojo amar.”
Espero que estas palabras te sirvan de consuelo:
"Nos preocupamos en toda circunstancia de no dar a otro ningún pretexto para criticar nuestra misión; al contrario, de mil maneras demostramos ser auténticos ministros de Dios que lo soportan todo: las persecuciones, las privaciones, las angustias, los azotes, las detenciones, las oposiciones violentas, las fatigas, las noches sin dormir y los días sin comer. Se ve en nosotros pureza de vida, conocimiento, espíritu abierto y bondad, con la actuación del Espíritu Santo y el amor sincero, con las palabras de verdad y con la fuerza de Dios, con las armas de la justicia, tanto para atacar como para defendernos. Unas veces nos honran y otras nos insultan; recibimos tanto críticas como alabanzas; pasamos por mentirosos, aunque decimos la verdad; por desconocidos, aunque nos conocen. Nos dan por muertos, pero vivimos; se suceden los castigos, pero no somos ajusticiados; nos tocan mil penas, y permanecemos alegres. Somos pobres, y enriquecemos a muchos, no tenemos nada, y lo poseemos todo. 2 Corintios 6,3-10
Descansa un poco hermano. Sabes que en la Iglesia Católica estamos celebrando un tiempo litúrgico llamado “Cuaresma”, son cuarenta días de preparación para la Pascua de Cristo, su muerte y su resurrección. Este es un tiempo de tentaciones y de entrar en el desierto cara a cara por Dios para volver, muerto en nosotros el hombre viejo, y resucitados en Cristo, a dar la batalla como buenos soldados en la fe. Dios te bendiga. Mi brazo fraterno y mi oración.
“En el mundo tendrán dificultades pero ánimo: Yo he vencido al mundo” Juan 16,33
Publicado por Padre Chulalo
http://padrechulalo.blogspot.com/2015/02/carta-abierta-jesus-adrian-romero.html
Carta abierta a Jesús Adrián Romero
¿Cómo crecemos?
Crecerás cuando te decidas a cambiar interiormente y aprendas a dar frutos.
Todo ser humano es capaz de crecer interiormente cuando:
- No hay vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe.
- Acepta la realidad y tiene aplomo de vivirla.
- Acepta su destino, pero tiene la voluntad de trabajar para cambiarlo.
- Asimila lo que deja por detrás, construyendo lo que tiene por delante y proyectando lo que puede ser el porvenir.
- Se supera, se valora, y sabe dar frutos.
- Abre camino dejando huellas, asimila, experiencias… ¡Y siembra raíces!.
- Se impone metas, sin importar comentarios, ni prejuicios; cuando da ejemplo sin importarle burlas, ni desdenes; cuando cumple con su labor, sin importarle los otros pareceres.
- Se es fuerte por carácter, sostenido por formación, y sensible por temperamento….! Y humano por nacimiento!.
- Enfrenta el invierno aunque pierda las hojas. Recoge flores aunque tengan espinas y marca camino aunque se levante el polvo.
- Es capaz de afianzarse con residuos de ilusiones, capaz de perfumarse, con residuos de flores….! Y de encenderse con residuos de amor…!
- Ayuda a sus semejantes, se conoce a sí mismo y da a la vida más de lo que recibe.
- Se planta para no retroceder… Cuando se defiende como águila para no dejar de volar….! Cuando se clava como ancla y se ilumina como estrella.
Entonces… ¡Uno crece!
Cuando callas
Guardar silencio puede ser una muestra de sabiduría y prudencia, pero también un signo de temor y complicidad.
Cuando callas, también hablas de ti mismo.
Cuando callas un secreto, conozco tu fidelidad de amigo.
Cuando callas tu propio dolor, conozco tu fortaleza.
Cuando callas ante el dolor ajeno, conozco tu impotencia y tu respeto.
Cuando callas ante la injusticia, conozco tu miedo y tu complicidad.
Cuando callas ante lo imposible, conozco tu madurez y dominio.
Cuando callas ante la estupidez ajena, conozco tu sabiduría.
Cuando callas ante los fuertes y poderosos, conozco tu temor y cobardía.
Cuando callas ante lo que ignoras, conozco tu prudencia.
Cuando callas tus propios meritos, conozco tu humildad y grandeza.
El Silencio es el tiempo donde el sabio medita,
La cárcel de la que huye el necio
Y el refugio donde se esconden los cobardes.
Siembra para ser tú mismo…
George Eliot (1819-1880)
http://encuentra.com/reflexiones_de_valor/cuando_callas_14315/
Una historia de milagros
Todos los días suceden milagros, tener vida es uno de ellos…
res personas iban caminando por una vereda de un bosque; un Sabio con fama de hacer milagros, un poderoso terrateniente del lugar y, un poco atrás de ellos y escuchando la conversación, iba un joven estudiante -alumno del Sabio-.
Fue entonces cuando el poderoso dirigiéndose al Sabio dijo:
- Me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa y que incluso puedes hacer milagros.
- Soy una persona vieja y cansada… ¿Como crees que yo podría hacer milagros? -respondió-
- Me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos… esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso.
- ¿Te referías a eso?… Tú lo has dicho, esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso… no un viejo como yo. Esos milagros los hace Dios, yo solo pido se conceda un favor para el enfermo, o para el ciego, y todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo.
- Yo quiero tener la misma fe para poder realizar los milagros que tú haces… muestrame un milagro para poder creer en tu Dios.
Ante la insistencia de aquél hombre poderoso, el Sabio aceptó mostrarle tres milagros. Y así, con la mirada serena y sin hacer ningún movimiento le preguntó:
- ¿Esta mañana volvió a salir el sol?
- Si, claro que si.
- Pues ahi tienes un milagro….. el milagro de la luz.
- No, yo quiero ver un verdadero milagro, oculta el sol, saca agua de una piedra…. mira, hay un conejo herido junto a la vereda, tócalo y sana sus heridas.
- ¿Quieres un verdadero milagro? No es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos dias?.
- ¡Si! Fue varón y es mi primogenito.
- Ahi tienes el segundo milagro…. el milagro de la vida.
- Sabio, tu no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro…
- ¿Acaso no estamos en época de cosecha? Hay trigo y sorgo donde hace unos meses solo habia tierra…
- Si, igual que todos los años.
- Pues ahí tienes el tercer milagro…
- Creo que no me he explicado. Lo que yo quiero…
Sus palabras fueron cortadas por el Sabio, quien convencido de la obstinación de aquel hombre y seguro de no poder hacerle comprender la maravilla que existe en todo aquello que le había mostrado señaló:
- Te has explicado bien, yo ya hice todo lo que podia hacer por ti… Si lo que encontraste no es lo que buscabas, lamento desilusionarte, yo he hecho todo lo que podía hacer.
Dicho esto, el poderoso terrateniente se retiró muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba. El Sabio y su alumno se quedaron parados en la vereda. Cuando el poderoso terrateniente iba muy lejos como para ver lo que hacían el Sabio y su alumno, el Sabio se dirigió a la orilla de la vereda, tomó al conejo, soplo sobre el y sus heridas quedaron curadas; el joven estaba algo desconcertado:
- Maestro te he visto hacer milagros como este casi todos los días, ¿Por qué te negaste a mostrarle uno al caballero?, ¿Por que lo haces ahora que no puede verlo?
- Lo que el buscaba no era un milagro, sino un espectáculo. Le mostré tres milagros y no pudo verlos. Para ser rey primero hay que ser príncipe, para ser maestro primero hay que ser alumno… no puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día. Cuando aprendas a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas más milagros que los que Dios te da todos los días sin que tú se los hayas pedido. Entonces te darás cuenta de que Su Misericordia sobrepasa con sus milagros más de lo que tú podrías imaginar o pedir.
http://encuentra.com/reflexiones_de_valor/una_historia_de_milagros_14366/
Ponerse en el lugar de los demás
Este breve relato habla por sí solo de la importancia de saber tratar a la gente. De cómo podemos ser una oportunidad para quien parece no merecerla.
«Había un joven que llevaba tres o cuatro minutos paseando una y otra vez por delante de la oficina y mirando al interior. Por fin —cuenta William Saroyan— entró y fue al mostrador. Spangler lo vio y salió a atenderlo. El joven sacó un revólver del bolsillo derecho del abrigo y lo sostuvo con mano temblorosa: “Déme todo el dinero. Todo el mundo está matando a todo mundo, así que no me importa matarlo a usted. Ni tampoco me importa que me maten. Estoy nervioso y no quiero problemas, así que déme todo el dinero deprisa”.
»Spangler abrió el cajón del dinero y sacó el dinero de diversos compartimentos. Colocó el dinero, billetes, paquetes de monedas y monedas sueltas, sobre el mostrador, delante del chico: “Te daría el dinero de todos modos, pero no porque me estés apuntando con un arma. Te lo daría porque lo necesitas. Ten. Es todo el dinero que hay. Cógelo y luego toma un tren a casa. Vuelve con los tuyos. Yo no informaré del robo. Pondré el dinero de mi bolsillo. Aquí hay unos setenta y cinco dólares.”
»Esperó a que el chico cogiera el dinero, pero el chico no lo tocó. “Lo digo en serio, coge el dinero y vete. Lo necesitas. No eres ningún criminal y no estás tan enfermo como para no poder curarte. Tu madre te está esperando. Este dinero es un regalo que yo le hago. Si lo coges no serás un ladrón. Tú coge el dinero, guarda ese arma y vete a casa. Tira el arma en alguna parte, así te sentirás mejor.”
»El joven volvió a guardarse el arma en el bolsillo del abrigo. Luego se tapó la boca con la mano temblorosa que había estado sosteniendo el arma: “Lo que tendría que hacer es pegarme un tiro”. “No digas locuras —dijo Spangler, mientras juntaba todo el dinero y se lo daba al joven—, aquí está el dinero, cógelo, vete a casa y ya está. Si quieres, deja el arma aquí conmigo. Ten tu dinero. Si necesitas usar un arma para conseguir dinero, entonces es tuyo. Sé cómo te sientes porque yo me he sentido igual. Todos nos hemos sentido igual. Los cementerios y las prisiones están llenos de buenos chicos norteamericanos que han tenido mala suerte y han vivido malas épocas. No son criminales.”
»El joven se sacó el arma del bolsillo y se la pasó por encima del mostrador a Spangler, que la metió en el cajón del dinero: “No sé quién es usted, pero nadie me ha hablado nunca como me ha hablado usted. No quiero el arma y no quiero el dinero, y sí, me voy a casa. Vine hasta aquí gorreando el dinero y volveré gorreando.”
»”Ven aquí y siéntate”, le dijo Spangler. El joven fue a la silla contigua a la mesa de Spangler. Éste se sentó sobre la mesa. El chico tenía tuberculosis. Hablaron un rato. “Nada tiene sentido para mí. No me gusta la gente. No los quiero cerca de mí. No confío en ellos. No me gusta la forma en que viven ni la forman en que hablan ni las cosas en las que creen ni la forma en que se empujan los unos a los otros. Simplemente estoy cansado y harto y asqueado. No me interesa nada. No puedo darle las gracias lo bastante por lo que ha hecho usted y por la clase de ser humano que es usted, pero tengo que decirle que si usted me hubiera sido hostil le habría pegado un tiro. No he entrado aquí armado en busca de dinero. He entrado aquí con un arma para averiguar si usted era un hombre decente de verdad. Durante mucho tiempo he despreciado a todo el mundo, y de pronto, a miles de kilómetros de casa, en una ciudad extraña, he encontrado a un hombre decente. No me lo podía creer. Tenía que averiguarlo. Quería que fuera cierto, porque llevo años diciéndome: «Quiero conocer a un solo hombre no corrompido por el mundo para poder estar yo también no corrompido, y así poder vivir y creer.» No estaba seguro la primera vez que nos vimos pero ahora sí. No quiero nada más de usted. Ya me ha dado todo lo que quiero. No me puede dar nada más.”»
Este breve relato habla por sí solo de la importancia de saber tratar a la gente. De cómo podemos ser una oportunidad para quien parece no merecerla. De que muchos hombres tienen unas razones misteriosas que le empujan a obrar de una manera equivocada, pero pueden cambiar. Siempre es mejor no hacer juicios precipitados, descubrir lo que realmente el otro necesita, ponernos en su lugar, situarnos dentro de sus sentimientos. Así seremos más justos.
Hacer Familia nº 151, X.06
http://www.interrogantes.net/
http://encuentra.com/reflexiones_de_valor/ponerse_en_el_lugar_de_los_demas_14382/
No juzgues a nadie antes de tiempo
Muchas veces somos rápidos en opinar y juzgar a los otros, sin conocer la realidad que vive.
Cultivemos la prudencia y misericordia.
Un médico entró en el hospital de prisa después de haber sido llamado a una cirugía urgente. Él contestó a la llamada lo antes posible, se cambió de ropa y se fue directamente al bloque de la cirugía. Encontró el padre del niño ir y venir en la sala de espera para el médico. Una vez al verlo, el padre gritó: “¿Por qué tomaste todo este tiempo por venir? ¿No sabes que la vida de mi hijo está en peligro? ¿No tienes sentido de la responsabilidad?”
El médico sonrió y dijo: “Lo siento, yo no estaba en el hospital y me vine lo más rápido que pude después de recibir la llamada… Y ahora, me gustaría que se calme para que yo pueda hacer mi trabajo”
“¿Que me calme? ¿Qué pasaría si fuera su hijo el que estuviera en esta habitación ahora mismo? ¿Estarías calmado?” Si su hijo se estuviera muriendo ahora qué harías? “, Dijo el padre enojado
El médico volvió a sonreír y contestó: “Vamos a hacer todo lo posible, con la gracia de Dios.”
“Dar consejos cuando no estamos en cuestión es tan fácil”, murmuró el padre.
La cirugía se llevó algo más de una angustiosa hora; al final el médico salió feliz: “¡Gracias a Dios! ¡Su hijo se ha salvado!”
Y sin esperar la respuesta del padre el doctor muy apurado mira su reloj y sale corriendo. Mientras se marchaba le dijo “Si tiene alguna pregunta, diríjase a la enfermera.”
“¿Por qué el es tan arrogante? No podía esperar algunos minutos mas para preguntarle sobre el estado de mi hijo?”
La enfermera respondió, con lágrimas en su rostro: “El hijo del doctor murió ayer en un accidente de carretera, y el medico estaba en la funeraria cuando usted le llamó para que realizara la cirugía de su hijo. Ya le salvó la vida a su hijo, déjelo ir. Se fue corriendo para terminar el entierro de su hijo.”
Nunca juzgues a nadie.
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Fuente: FrayNelson.com
http://www.pildorasdefe.net/post/reflexiones/IHS.php?id2=no-juzgar-otros-antes-tiempo
Disfraces de la soberbia
Conoce los 8 disfraces de la soberbia y cómo desenmascararla
Si la soberbia enseña la cara, su aspecto es repulsivo, por eso una de sus estrategias más habituales es esconderse, disfrazarse y confundir.
Un escritor va paseando por la calle y se encuentra con un amigo. Se saludan y comienzan a charlar. Durante más de media hora el escritor le habla de sí mismo, sin parar ni un instante. De pronto se detiene un momento, hace una pausa, y dice: "Bueno, ya hemos hablado bastante de mí. Ahora hablemos de ti: ¿qué te ha parecido mi última novela?".
Es un ejemplo gracioso de actitud vanidosa, de una vanidad bastante simple. De hecho, la mayoría de los vicios son también bastante simples. Pero en cambio la soberbia suele manifestarse bajo formas más complejas que las de aquel fatuo escritor. La soberbia tiende a presentarse de forma más retorcida, se cuela por los resquicios más sorprendentes de la vida del hombre, bajo apariencias sumamente diversas. La soberbia sabe bien que si enseña la cara, su aspecto es repulsivo, y por eso una de sus estrategias más habituales es esconderse, ocultar su rostro, disfrazarse. Se mete de tapadillo dentro de otra actitud aparentemente positiva, que siempre queda contaminada.
Te presentamos a continuación 8 disfraces habituales de la soberbia para que sepas identificarla
1) Unas veces se disfraza de sabiduría, de lo que podríamos llamar una soberbia intelectual que se empina sobre una apariencia de rigor que no es otra cosa que orgullo altivo.
2) Otras veces se disfraza de coherencia, y hace a las personas cambiar sus principios en vez de atreverse a cambiar su conducta inmoral. Como no viven como piensan, lo resuelven pensando como viven. La soberbia les impide ver que la coherencia en el error nunca puede transformar lo malo en bueno.
3) También puede disfrazarse de un apasionado afán de hacer justicia, cuando en el fondo lo que les mueve es un sentimiento de despecho y revanchismo. Se les ha metido el odio dentro, y en vez de esforzarse en perdonar, pretenden calmar su ansiedad con venganza y resentimiento.
4) Hay ocasiones en que la soberbia se disfraza de afán de defender la verdad, de una ortodoxia altiva y crispada, que avasalla a los demás; o de un afán de precisarlo todo, de juzgarlo todo, de querer tener opinión firme sobre todo. Todas esas actitudes suelen tener su origen en ese orgullo tonto y simple de quien se cree siempre poseedor exclusivo de la verdad. En vez de servir a la verdad, se sirven de ella —de una sombra de ella—, y acaban siendo marionetas de su propia vanidad, de su afán de llevar la contraria o de quedar por encima.
5) A veces se disfraza de un aparente espíritu de servicio, que parece a primera vista muy abnegado, y que incluso quizá lo es, pero que esconde un curioso victimismo resentido. Son esos que hacen las cosas, pero con aire de víctima ("soy el único que hace algo"), o lamentándose de lo que hacen los demás ("mira éstos en cambio...").
6) Puede disfrazarse también de generosidad, de esa generosidad ostentosa que ayuda humillando, mirando a los demás por encima del hombro, menospreciando.
7) O se disfraza de afán de enseñar o aconsejar, propio de personas llenas de suficiencia, que ponen a sí mismas como ejemplo, que hablan en tono paternalista, mirando por encima del hombro, con aire de superioridad.
8) O de aires de dignidad, cuando no es otra cosa que susceptibilidad, sentirse ofendido por tonterías, por sospechas irreales o por celos infundados.
¿Es que entonces la soberbia está detrás de todo? Por lo menos sabemos que lo intentará. Igual que no existe la salud total y perfecta, tampoco podemos acabar por completo con la soberbia. Pero podemos detectarla, y ganarle terreno.
¿Cómo detectar la soberbia, si se esconde bajo tantas apariencias?
La soberbia muchas veces nos engañará, y no veremos su cara, oculta de diversas maneras, pero los demás sí lo suelen ver. Si somos capaces de ser receptivos, de escuchar la crítica constructiva, nos será mucho más fácil desenmascararla.
El problema es que hace falta ser humilde para aceptar la crítica. La soberbia suele blindarse a sí misma en un círculo vicioso de egocentrismo satisfecho que no deja que nadie lo llame por su nombre. Cuando se hace fuerte así, la indefensión es tal que van creciendo las manifestaciones más simples y primarias de la soberbia: la susceptibilidad enfermiza (sentirnos ofendidos por todo y por todos), el continuo hablar de uno mismo, las actitudes prepotentes y engreídas, la vanidad y afectación en los gestos y el modo de hablar, el decaimiento profundo al percibir la propia debilidad, etc.
Hay que romper ese círculo vicioso. Ganar terreno a la soberbia es clave para tener una psicología sana, para mantener un trato cordial con las personas, para no sentirse ofendido por tonterías, para no herir a los demás..., para casi todo. Por eso hay que tener miedo a la soberbia, y luchar seriamente contra ella. Es una lucha que toma el impulso del reconocimiento del error. Un conocimiento siempre difícil, porque el error se enmascara de mil maneras, e incluso saca fuerzas de sus aparentes derrotas, pero un conocimiento posible, si hay empeño por nuestra parte y buscamos un poco de ayuda en los demás.
Busquemos a Jesús, es el maestro perfecto de la virtud de la humildad. Estudiemos el Evangelio para imitar sus palabras "Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis reposo para vuestras almas" (Mateo 11,29).
Fuente: Alfonso Aguiló Pastrana | ConoZe.com
Editado por PildorasdeFe.net
http://www.pildorasdefe.net/post/conocetufe/IHS.php?id2=disfraces-soberbia-identificar-desenmascarar
Sólo el humilde sabe amar
Autor: Padre Santiago Martín Huimos del servicio y procuramos ser servidos. "El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser el primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos". (Mc 10,42-45) Probablemente sea el instinto humano, deformado por el pecado original, el que nos lleva a pensar que el grande es el que manda y que el que sirve es inferior, es un pobre desgraciado. Por eso, porque el instinto está herido por el pecado, es por lo que huimos del servicio y procuramos ser servidos. Cristo, conocedor del alma humana, quiere salir al paso de esa desviación. Lo hace de dos maneras, con el ejemplo y con su enseñanza. Una y otra vez, y no sólo en aquella última cena en la que lavó los pies a los apóstoles, dio muestras de su actitud de servicio. En esta ocasión, tal y como cuenta el evangelista Marcos, lo quiso enseñar explícitamente, hablando de sí mismo (“el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir”) y diciendo a sus seguidores que ellos debían imitarle y hacer lo mismo. Se tratará, pues, de llevar a la práctica lo que el Maestro hizo y enseñó, pues ninguno es tan grande como Él y por lo tanto ninguno tiene que abajarse tanto y humillarse tanto como hizo Él. Se trata de servir y de hacerlo con alegría, sin quejarse, sabiendo que así se imita al Señor y se le ama en los hermanos. Claro que ese servicio debe ser inteligente, sin que se preste a abusos o pueda ser empleado para maleducar. Pero dentro de estos márgenes, lo que hay que hacer es teorizar menos sobre el servicio y servir más. Por amor a Cristo, con la ayuda de Cristo y como hizo María, la esclava del Señor. http://www.motivaciones.org/MOTIV004/ctosesoloelhumilde.htm
Miedo a todo
Nada esclaviza más que temer por acontecimientos que pueden llegar a pasar en el futuro. Como casi todas las emociones negativas los miedos producen un estado de inmovilidad. Los más frecuentes en estos tiempos tienen que ver con la inestabilidad, la ruina y la pérdida del trabajo: avatares sobre los cuales difícilmente podamos ejercer algún control. Sí podemos ahuyentar el miedo reemplazándolo por un pensamiento constructivo o por el convencimiento de que aquello que tememos no se producirá Llegado el momento, los problemas deben enfrentarse con serenidad, porque el pánico impide razonar y, en consecuencia, actuar. Mucha gente que ha pasado por experiencias similares reconoce que la catástrofe tan temida resultó menos terrible en la realidad de lo que imaginaba. En circunstancias límites, desarrollan anticuerpos contra la parálisis del miedo y estuvieron en condiciones de defenderse. Si la fe y la confianza se unen a nuestra voluntad de acción, siempre podremos rehacer la historia de nuestros días. La confianza además suele tener efectos altamente positivos: nos impulsa a protagonizar lo que deseamos. Si una madre tranquila transmite seguridad a su hijo, éste recordará cumplir con las normas de tránsito y evitará dar ese paso alocado que puede llevarlo al desastre. Si imaginamos nuestra propicia felicidad como si estuviéramos viéndola en una pantalla, es muy posible que la transformemos en realidad. También podemos transmitir buenas ondas a quienes nos rodean. Como escribió el poeta uruguayo Mario Benedetti : "Quiero que me relates tu último optimismo, yo te ofrezco mi última confianza". http://www.motivaciones.org/MOTIV004/ctosemiedoatodo.htm
La pornografía Daña a la persona en todos sus ámbitos
Quiero contarte mi dolorosa historia con la pornografía Daña a la persona en todos sus ámbitos: espiritual, mental e incluso físico. Aún no recuerdo como tuve mi primer encuentro con la pornografía. Lo que sí recuerdo es que fue a una corta edad. Para entonces yo tenía 11 años. Aún no había tenido mi primer novio y era bastante inocente, pero sentí que esa inocencia se perdía cuanto más me enganchaba con la pornografía. El acto en sí mismo me desagradaba, incluso una vez descubrí a mi papá viendo porno y me pareció bastante repulsivo, pero aun así no podía dejar de verla. En esa época estudiaba en un colegio católico, por lo que tenía la oportunidad de confesarme seguido, pero tras cada confesión volvía a caer en lo mismo. Me resigné a que ya era parte de mi vida hasta que una vez, no sé por qué motivo, decidí confesarme con un padre que estaba de visita en el colegio. Más allá de una confesión, fue una charla en la que pude liberarme de todo lo que sentía por dentro. Después de eso, duré más de un año sin ver pornografía, el tiempo más largo hasta hoy. Hace dos años, cursando grado décimo, una compañera me recomendó un libro. Adivinarán cuál: 50 sombras de Grey. Solo bastó con leerlo para que mi adicción regresara, pero acompañada ésta vez de la masturbación. Si lidiar solo con la pornografía fue bastante complicado, no se imaginan el daño que le hizo a mi vida tener que lidiar además con la masturbación. En esa misma época estaba saliendo con un hombre 7 años mayor que yo. No puedo negar que la relación fue bastante bonita al inicio, pero con el tiempo él fue perdiendo interés en mí y yo empecé a recurrir a lo más bajo para ganar su atención. Cada vez que él deseaba verme desnuda solo bastaba con encender la cámara y complacerlo. Nunca le envíe una foto porque tenía miedo de lo que pudiera hacer con ella, pero de igual forma me convertí —me da vergüenza decirlo, pero es la verdad— en su actriz porno gratuita y privada. No pasó mucho para que avanzáramos más y terminé perdiendo mi virginidad el año pasado, un suceso que me causó mucho dolor y del cual aún no me recupero. Después de que mi novio me dejó descubrí el blog de La Opción V. Desde entonces comencé mi lucha contra la pornografía y, aunque no ha sido perfecta pues en muchas ocasiones he caído, cada vez que me levanto lo hago con más fuerza y con más ganas de seguir adelante. El darle un giro completo a tu vida es como un nuevo nacimiento. Pensemos que somos como bebés. Un niño no nace y en seguida empieza a correr, no. Primero gatea, luego se arriesga a ponerse de pie y se cae. No importa: lo intenta nuevamente, con la ayuda y el aliento de su madre, de su padre. Los golpes no lo detienen, vuelve a intentarlo hasta que logra sostenerse de pie, de allí va dando un paso, luego otro, hasta que ya se le hace más y más fácil, se fortalecen sus pasos. Así es con nosotros, cuando queremos “aprender a caminar” en la castidad, en el dominio propio, cuando queremos dejar la pornografía, la masturbación o una vida sexual que ya hemos iniciado, cuando queremos caminar hacia un amor verdadero. Sinceramente, esto no es nada fácil, pero lo que vale es lo que cuesta. Lo importante, si caes a pesar de tus esfuerzos, es levantarte nuevamente, como el bebe cuando aprende a caminar, paso a paso, día a día, con paciencia y perseverancia. ¿Al niño nunca se le ocurre pensar que es imposible caminar porque se cae una, dos, diez o cien veces, verdad? Si así fuese, ¡cuántos adultos veríamos gateando! Pero no, un niño ve a quienes han aprendido a caminar y entiende que si ellos pueden, pues él también. Por ello, luego de cada tropiezo y caída, vuelve a intentarlo. Así, con el tiempo, aprende a caminar. Del mismo modo, con nuestra terca persistencia, poniéndonos de pie nuevamente luego de cada caída para volver a intentarlo, también nosotros podremos vivir una vida nueva. Desde mi propia experiencia les puedo decir que la pornografía daña a la persona en todos sus ámbitos: espiritual, mental e incluso físico. Tras largos periodos de masturbación diaria empecé a bajar drásticamente de peso. Eso también afectó mi autoestima, pues ni siquiera me agradaba mirarme al espejo. Hoy en día me ejercito a diario para recuperar ese peso perdido, y así como busco sanar el daño físico, también busco sanar las heridas espirituales y mentales que todo ello me causó. Aquí es donde la oración y la confesión se vuelven tan esenciales. Créanme cuando les digo que no hay mejor médico que Dios ni mejor medicina que una buena confesión: te limpia el alma y el corazón. Yo sé que sí se puede dejar atrás la pornografía. Ya lo hice una vez, hasta que cometí el error de leer aquella novela pornográfica. En ésta ocasión estoy más que decidida. Para las mujeres a veces nos puede resultar más difícil buscar ayuda, por la vergüenza que nos produce. Yo nunca me atreví a decirle algo a mis padres o a mi familia, pero encontré ese apoyo que me faltaba aquí, en el blog de La Opción V. Si estás pasando por lo mismo que yo, ¡toma valor y sigue adelante! Si para Dios no hay nada imposible, para nosotras tampoco. Ocupa su tiempo en cosas productivas: practica algún deporte o aprende algo que deseabas hacer hace mucho. Si hoy he tomado el valor de compartirles mi dolorosa experiencia es porque quiero decirles a los jóvenes que nunca han visto pornografía que NO lo hagan, pues una vez que te enganchas es complicado salir de allí. Muchas veces basta que lo veas una sola vez, sea por curiosidad o cualquier otra razón, para que luego venga una segunda y tercera, y se te haga “costumbre”, o más bien, se te vuelva literalmente una adicción, una dura esclavitud de la que no podrás liberarte sin mucho compromiso, sacrificio y Fe. I. J., 18 años.
Artículo originalmente publicado por La Opción V
http://www.aleteia.org/es/sociedad/contenido-agregado/quiero-contarte-mi-dolorosa-historia-con-la-pornografia-5872297395093504?page=2
No hay misericordia sin arrepentimiento
Martha, divorciada vuelta a casar convertida
Presentamos el esclarecedor testimonia de la señora Martha Gouveia, divorciada y vuelta a casar. Ella, como tantos otros, consideró que la Misericordia de Dios le daba una segunda oportunidad al conocer al hombre con el que rehízo su vida de nuevo, tras el fracaso de su primer matrimonio. Pero Martha, de profundas convicciones católicas, aun feliz en su segundo matrimonio, sentía en su interior la tristeza de no poder recibir el Cuerpo de Nuestro Señor en la Sagrada Eucaristía. Fue su deseo de hacer la voluntad de Dios lo que motivo su apertura a la Gracia Divina que la hizo ver que estaba en situación de pecado de adulterio, y que tanto ella como su marido estaban camino de la condenación. Comprendió el gran error de considerar la Misericordia de Dios como la aceptación de su situación de pecado, pues la Justicia Divina no puede aceptar el pecado. El Amor de Dios es Justo. Martha tomó la firme determinación de la salvación de su alma y la de su marido, y para ello optaron por la convivencia en perfecta castidad. Viviendo bajo el mismo techo, no comparten habitación, manteniendo entre ellos una verdadera relación fraternal. Recordamos este llamamiento de Martha: Hermanos divorciados vueltos a casar, la Palabra de Dios y sus enseñanzas no son negociables. No podemos obtener Misericordia si antes no la pedimos por medio del arrepentimiento, y con propósito de enmienda del pecado, que nos separa del amor de Dios, y que pone a nuestra alma en grave peligro de muerte eterna. Adelantelafe TIRANDO LAS REDES EN MI VIDA JUNTO A JESÚS PRESENTACIÓN HE AQUÍ QUE VENGO A HACE TU VOLUNTAD. Así por obediencia de un solo Dios, nos redime y salva. Estas palabras resuenan cada día en lo más profundo de mi corazón. Cuánto hay que aprender del Señor. Él, siendo el Verbo Encarnado, obedeció hasta las últimas consecuencias. Obedeció a su Padre Dios, se sometió a su madre y a su padre durante treinta años. Comienza su vida pública, y continúa siendo fiel y obediente a la voluntad del Padre. Siendo esta obediencia la que debería guiar nuestra vidas. Aceptó la cruz desde el mismo momento de la Encarnación, su nacimiento. Nació como el más humilde. Experimentó la persecución, fue perseguido, y así continuó en obediencia hasta el momento de su Pasión y muerte. De igual manera, creo firmemente, que nosotros sus hijos adoptivos de Dios, mediante las gracias del santo Bautismo y ratificada por la muerte en la Cruz de Jesús, tenemos que ser fieles y obedientes a los mandatos de Dios Padre. Fieles a nuestra fe, a nuestra Santa Madre Iglesia, fieles al santo Evangelio de Nuestro Señor; y ese darle Gloria a Dios, donde Él, así mismo se sometió a su Santísima Madre. Muchos dicen que la conversión, cuando llega a un alma, llega como un viento impetuoso, como un fuego que calienta el alma y que penetra cada rincón de nuestro ser, siendo por sí una gracia, un inmenso regalo de Nuestro Padre, que es inmensamente misericordioso. Abatida por una niñez bastante accidentada y carente de muchísimas cosas básicas y elementales en la vida de cada ser humano, con una juventud mucho más accidentada, aún llena de muchísimos conflictos, desamor y mala fe de las personas que me rodeaban en esos primeros años de mi vida, como por una fuerza ajena a la mía y por una presencia que desconocía a profundidad, recuerdo haber tenido una sola conversación con un Dios que creía conocer y al que imploré ayuda y guía. Él no sólo escuchó mi oración sin que a su manera le dio respuesta como sólo Él puede responder: ESCRIBIENDO EN RENGLONES TORCIDOS. MI VIDA EN MI PAIS Nací en Honduras. Siendo hija única por adopción de mis padres, crecí en el calor de una familia sumamente de tradiciones católicas, donde el rezo del Rosario era el mejor de los complementos al final del día. Fui creciendo en medio de muchas cosas que contradecían los deseos de mi corazón. Crecía viendo injusticias, dolor, abusos de toda índoles, emocionales y físicos; sin embargo, esa presencia que siempre estuvo me llenaba de fuerzas y esperanza. Llegué a pensar que sólo soñaba. Me llenaba el escribir mucho sobre el día a día de mi vida, dejando plasmado en mis escritos mis deseos, mis ilusiones, mis tristezas y mis alegrías. Era como un desahogo a lo que ni alma tanto anhelaba, paz, amor, respeto. De la niñez llego a la juventud, la cual fue sumamente accidentada y llena de tantos tropiezos y sinsabores. Sin embargo, al final d la tarde dedicaba esa oración interior, colocándome ante Dios comprendía que estaba ante UN TU DIVINO YO HUMANO, ser persona creada a imagen de Dios. MI PRIMER MATRIMONIO. Llegaron los sueños de formar una familia, mía sola mía. Estaba tan llena de sueños, soñaba en los hijos que Dios me enviara, soñaba la mujer, madre y esposa perfecta. Los sueños de ser sólo sueños se convirtieron en una realidad símbolo de esperanza y del amor de Dios por mí. Sería demasiado largo poder escribir cada detalle de mi vida, pero fue el comienzo de lo que sería después. Llegó ese día tan soñado, me casé con la persona que en aquel momento conquistó mi corazón. Era… inmensamente feliz, era la persona perfecta. Le daba gracias a Dios por haber escuchado mi oración, aquella oración que un día en un tono el Señor contestó. Salí de mi país, me despedí de mis padres, a los que amaba entrañablemente, y de mi hermanita menor, también adoptada, para comenzar una nueva vida que estaba llena de sueños, promesas, y quizá de muchas conquistas. Nació mi primer hijo, y comenzaron, a raíz de su nacimiento, los problemas en nuestro matrimonio. Fueron quince años, siendo los primeros de mucha alegría y de acontecimientos inolvidables. Le daba gracias a Dios, siempre por el regalo que me había dado, MI FAMILIA. Una familia que estaba dispuesta a amar, cuidar y guiar siempre. Llena de sueños de ser la esposa amable, afable, fiel y abnegada que pudiera ser. Sin embargo, ese sueño se fue desvaneciendo a medida que avanzaban los años. La persona que un día prometió amarme, respetarme, serme fiel y estar junto a mí y, de igual manera, yo con él, ya no existía. Dejó de ser mi más hermoso sueño para convertirse en un sueño triste y lleno de muchísimas cosas, que en aquel momento era incapaz de comprender. Mi matrimonio estaba lleno de resentimientos, de heridas profundas. El abuso físico y emocional fueron mis compañeros por muchos años. Aún recuerdo cómo mi hijo mayo me preguntaba, mamá esto o por qué aquello. Era una situación muy difícil, la soledad, la tristeza, la desesperanza, comenzó a inundad mi corazón. Sin embargo, aquella presencia siempre podía sentirla. Me acercaba siempre a la iglesia, nunca la abandoné, ni en mis peores momentos. Me refugié en mi Santísima Madre, y en aquel Rosario que aprendí desde niña, el que mi madre me enseñó. NUEVO MATRIMONIO. TRISTEZA POR NO RECIBIR AL SEÑOR. Muchas cosas pasaron en mi vida, cosas duras de explicar. Y llegó el momento de YO NO PUEDO MÁS. Había decidido ese día separarme de mi esposo y pedirle el divorcio. Y así lo hice. Humanamente estaba devastada, no únicamente por el fracaso de mi matrimonio, sino por el sufrimiento de mis hijos, que eran pequeños entonces. Fue una etapa bastante dura, de muchos cambios, la mayoría tristes y desalentadores. Pensé entonces que por qué no rehacer mi vida. Pensé que me lo merecía. Conocí a la persona que ahora comparte mi vida y la vida de mis hijos. Decía entonces: gracias Señor porque lo has puesto en mi camino. Cuánto me amas Señor. Sin embargo, no podía entender que Dios no puede actuar en todo aquello que significa pecado. Me casé de nuevo. Siendo los primeros años de una alegría indescriptible. Ambos tenemos una hija en común, que es un regalo, el mejor regalo de amor de Dios, a pesar de mi miseria. Pasaron los años y nuestras vidas continuaron en la misma perspectiva. Todo estaba bien, sin embargo cada vez que asistía a la Santa Eucaristía mi corazón se llenaba de pena, de mucha tristeza, no podía recibirle a Él, al SEÑOR. Mantenía siempre mi mirada baja, y muchas veces observaba cómo las demás persona recibían la Sagrada Comunión con tanta alegría. Hablaba con Dios y le decía: SEÑOR TU SABES QUE TE AMO, SE QUE TU SABES SEÑOR LO QUE HA SIDO MI VIDA, SE QUE TU ME PERDONAS Y QUE COMPRENDES MI SITUACIÓN. Esas eran mis palabras para el Señor. De nuevo me contestará a su manera, como sólo Él sabe hacer. LE AMAS, a lo que contesté. Sí, Señor, TU SABES QUE LE AMO. Él es bueno, cree en ti, también te ama, es buen proveedor, un buen padre, esposo y ama a mis hijos. DE NUEVO ÉL CON SU DULCE VOZ HABLÓ A MI ALMA Y PREGUNTÓ: ¿ME AMAS? Le contesté, SÍ SEÑOR, TE AMO, TU SABES QUE TE AMO. Él de nuevo se dirigió a mi alma y dijo: SI LE AMAS DÉJALE, ¿acaso no comprendes que eres responsable de tu salvación ya de él? Fueron momentos, segundos diría para ser más precisa, de desconcierto, estaba en una encrucijada, y no tenía la respuesta en ese momento. Seguidamente se dirigió de nuevo a mi alma y me dijo claramente y amorosamente, YO SIEMPRE HE ESCUCHADO CON MUCHO AMOR TUS ORACIONES, SI CONFIAS EN MI ABANDÓNATE EN MI, YO PONDRE EN TU CORAZÓN LO QUE TENDRÁS QUE HACER. INQUIETUD ANTE LA VERDAD DE DIOS. LUCHA INTERIOR. En ese momento estaba como alejada y ajena a un mundo terrenal, era como estar en otra dimensión, no podría expresarlo. Regresé a casa. Eran muchas las preguntas que había en mí, y no encontraba el camino, la respuesta. Entonces pedí al Señor que me guiara y me dijera qué debía hacer. Seguidamente escuché la predicación, recuerdo, de un sacerdote, el padre Wilson Salazar Hernández. Estaba desglosando los diez mandamientos; cada palabra que él exclamaba en aquella predicación era como un taladro que agujereaba mi alma en lo más profundo. Sentí un fuego, un malestar, en lo más profundo de mi corazón. Esa inquietud continuó en medio de mi lucha interior al reconocer la Verdad, la única Verdad, que el Señor en ese momento me estaba mostrando. Yo no podía aceptar lo que Dios me estaba pidiendo, simplemente porque pensaba que Él, siendo tan Misericordioso y Amoroso, me perdonaba y que había sido Él el que me había permitido conocer al padre de mi hija, y de hacer una familia juntos. Me resistía a esa idea y a esa revelación de Dios mismo. Decidí, entonces, acudir a un sacerdote. Le expliqué lo que estaba aconteciendo en mi vida, esperando yo que me mostrara la Misericordia de Cristo a mi manera. Me dijo, muy sencilla y claramente y muy amorosamente, la Iglesia nunca te rechaza, jamás lo hará porque es Madre, de igual manera Dios mismo. Por tanto, respaldado por el Magisterio de la Iglesia, y en las enseñanzas de Nuestro Señor, yo no puedo darte la absolución, y mucho menos confesarte. Para ello, es imprescindible que te acerques a tu Parroquia, hables con el que dirige tu Parroquia, le expongas tu caso para ver si estás cualificada para una nulidad. Eso es como primera posible solución, que puede ser muy larga y tediosa por lo que implica. Segundo, que te divorcies de tu actual pareja. Hay una tercera, la más difícil, pero no imposible, la castidad. La Iglesia, porque es misericordiosa, de esta opción a las personas que como tú están en esta situación, y que están dispuestos a vivir bajo la vigilancia de la Iglesia, si dar motivo al escándalo al vivir en plena castidad y fraternidad. FIRME DETERMINACIÓN POR LA SALVACIÓN DE MI ALMA. CASTIDAD. Pasaron los días, y de nuevo en una Santa Eucaristía, hablando con el Señor, escuché su dulce Voz en mi corazón confirmándome de nuevo que confiara en Él, que me abandonara en Él. Terminó la Santa Eucaristía, y estaba muy decidida a hablar con mi esposo, lo que me animó en todo momento a tomar una determinación. Hablé con mi esposo y le expuse mis inquietudes. Para mi sorpresa, y para Gloria de Dios, él comprendió, y aunque no fue fácil, ni para él ni para mí, decidimos optar por la castidad. Decidimos aceptar la propuesta de Dios, que nos invita al amor, pero no un amor prostituido por las cosas del mundo, sino por el amor puro, verdadero, como el Amor de Dios. Decidimos ambos embarcarnos con Jesús, sabiendo que a pesar de las muchas tempestades de nuestra vida, Él siempre estará con nosotros. Hace más de un año, casi dos, desde que ambos tomamos esa determinación. Lo hicimos porque Dios, en su Amor y en su Misericordia, nos enseñó que Él nos ama, que Él nos comprende, pero que no podemos ser como ladrones que se saltan la cerca y robar como los salteadores. Que tenemos que acogernos a Él, y echar las redes como Pedro, ahí donde Él nos lo dice. LA PALABRA DE DIOS NO ES NEGOCIABLE. A mis hermanos en la misma situación les exhorto, en el nombre de Jesús, a tirar las redes con Jesús, a confiarse sólo en Él. Es maravilloso amar a Dios en la pureza, tratando, a pesar de nuestras imperfecciones; de amar a un Dios que nos ama tanto que murió por nosotros, y que sólo quiere la salvación de nuestras almas; que un día nos espera en el Cielo. Quisiera recalcar que nos ha sido de mucho apoyo fijarnos en el ejemplo de la Sagrada Familia. Hermanos divorciados vueltos a casar, la Palabra de Dios y sus enseñanzas no son negociables. No podemos obtener Misericordia si antes no la pedimos por medio del arrepentimiento, y con propósito de enmienda del pecado, que nos separa del amor de Dios, y que pone a nuestra alma en grave peligro de muerte eterna. Humildemente creo que aunque el fallo del próximo Sínodo de la familia sea a favor de otorgar los sacramentos a las personas en esta situación, y si es ratificada por el Papa Francisco, al final es cuestión de fidelidad a Dios y a sus Mandamientos, a sus enseñanzas, que no pueden ser borradas bajo ninguna circunstancia por muy dolorosa que ésta sea en la vida de los fieles. Es cuestión de conciencia, es cuestión de obediencia, es cuestión de cuánto amamos a Dios, de cuánto somos fieles al Evangelio de Nuestro Señor, y a las enseñanzas de la Tradición magisterial de nuestra Madre Iglesia. La salvación del alma es cosa individual, es una decisión personal. Y para terminar piensen, hermanos, CUÁNTO AMAMOS AL SEÑOR, CUÁNTO CREEMOS EN SU PRESENCIA EN LA SANTA EUCARISTÍA, PRESENCIA VIVA, REAL. Vale la pena apostarle a un Jesús que ha dado todo por nosotros, y que sigue dando cada día la salvación y la vida eterna a la que somos llamados. Depende de tu obediencia y fidelidad, depende de abandonar el pecado y lanzarte con plena confianza en sus brazos y en su promesa. Todos somos llamados a ser santos. Por la impureza de la carne y por la desobediencia entran todos los pecados, llevando a las almas al precipicio. El amo de este mundo lo sabe, y no desea tu salvación. Únicamente renunciando y haciéndonos libres de las cosas de este mundo seremos capaces de amar y de vivir una vida plena en Dios. Que Dios les bendiga. Martha Gouveia Franciscanos de María. Ontario. Canadá.
http://www.adelantelafe.com/martha-divorciada-vuelta-a-casar-convertida-no-hay-misericordia-sin-arrepentimiento/
Faltar a Misa un domingo es pecado mortal. ¿Acaso no lo sabías?
Quien sea capaz de faltar a Misa por seguir en su tiempo de ocio, demuestra que está a años luz de amar a Dios sobre todas las cosas La frase que intitula este artículo puede sonar a "sorpresa" para muchos bautizados ya que, en realidad, en muy pocos púlpitos y catequesis se recuerda. Pero es verdad que se comete un pecado mortal (no venial) si se falta a Misa un domingo o día de precepto siempre que no haya enfermedad, imposibilidad física real o cuidado de un enfermo, tal como enseña en catecismo en su punto 2181. Ha de recordarse, en estos tiempos de confusión y relativismo, que este punto de nuestro catecismo está avalado en la ley de la Iglesia Católica cuyo mandato primero dice "Oír Misa entera todos los domingos y fiestas de guardar" que a su vez se avala por la misma ley Divina ya que el tercer madato de dicha ley es "Santificarás las fiestas". Y, aún más, este precepto eclesial se justifica sobre todo en el primer mandamiento de la ley de Dios "Amarás a Dios sobre todas las cosas", ya que quien sea capaz de faltar a Misa por no restar un poco de tiempo a su ocio o, sencillamente, por no contrariar a otras personas, demuestra con creces que está a años luz de amar a Dios sobre todas las cosas. Pero en este artículo yo deseo tocar una cuestión muy concreta: el masivo abandono de la Misa dominical se debe, sobre todo, a que desde un principio (catequesis de primera comunión), la inmensa mayoría de los niños/as NO saben que faltar a Misa en domingo es pecado mortal. De hecho la terrible realidad es más amplia: la mayoría de los niños no saben ni siquiera que es pecado. Luego cuando son adolescentes, y van a recibir la confirmación, la inmensa mayoría tras recibirla no vienen a Misa el domingo siguiente porque siguen sin saber que faltar a Misa es pecado mortal. Y hay efectos todavía peores: ya es muy extendida la costumbre sacrílega de faltar a Misa los domingos y luego, cuando hay ocasión extraordinaria de ir a Misa (en funeral, boda, primera comunión…) se asiste y se comulga sin haberse confesado, y sin propósito alguno de volver a la práctica dominical regular. Esto es así: un hecho indiscutible y a la vez tremendo. Y la causa, vuelvo a repetirlo, es que no se predica de forma concreta este aspecto. Si: la doctrina está ahí, escrita, en el catecismo (punto 2181), pero, ¿de que sirve que la doctrina no se toque si casi nadie la conoce porque casi nadie en la Iglesia la predica o enseña?; y, lo que es aún peor: en realidad en muchas comunidades SI se predica sobre esto pero para decir lo contrario: que faltar a Misa en domingo NO es pecado mortal. Esta barbaridad se enseña en no pocos colegios “religiosos”, parroquias, facultades de teología y lugares similares de “formación”. Generaciones y más generaciones de bautizados crecen en la ignorancia y la indiferencia. Si algún lector cree que exagero, ¿porqué no preguntan?…..si, pregunten a niños de su barrio, de su colegio,de su parroquia…..niños que ya han hecho la primera comunión y que, una vez celebrada la fiesta, sus padres ya no los traen más a Misa los domingos. Es una terrible realidad que abarca a las conciencias de una arrolladora mayoría. Los sacerdotes y catequistas que tocamos las conciencias de los fieles para recordarles que es pecado mortal faltar a Misa, ciertamente, nos sentimos muy poco apoyados por nuestros superiores. Pienso que ¡cuanto bien harían cartas pastorales CLARAS en este punto por parte de los Obispos, y hasta por parte del Papa!…….nos servirían para no parecer “guerreros del antifaz” que luchamos contra todos los elementos contrarios (tanto externos como internos de la Iglesia). Desde estas líneas, si algún Obispo me leyera, hago un ruego muy especial en esta dirección: una carta, sólo una carta firmada por un Prelado donde se recuerde a los fieles que es pecado mortal faltar a Misa un domingo o día de precepto. Dicho con claridad, concreción y sin ambigüedades. Todos estamos acostumbrados, si, a mensajes del tipo: El domingo es el día del Señor La familia unida en oración en domingos La necesidad de orar en tiempo de descanso bien grande que recibimos al ir a Misa………..etc Pues se hace URGENTE leer, firmado por un Obispo: “Faltar a Misa es Pecado Mortal”. Y punto. --- Padre Santiago González (s. inc.) Adelante la Fe http://www.pildorasdefe.net/post/conocetufe/IHS.php?id2=Faltar-a-Misa-un-domingo-es-pecado-mortal-Acaso-no-lo-sabias
LA HIPOCRESÍA ES COMO UNA LEVADURA.
Igual que la levadura, puede fermentar nuestras vidas. Puede fermentar la vida del mundo. Vidas que se viven en apariencia, pero podridas por dentro. Vidas que cuidan su apariencia, pero llenas de mentira por dentro. Instituciones llenas de hipocresía. Estructuras llenas de hipocresía. Vidas llenas de hipocresía. Así como la levadura fermenta la masa de harina, también puede fermentar: El mundo. La Iglesia. El matrimonio. La sociedad. La política. La Vida Religiosa. La vida de piedad. La hipocresía corrompe la verdad. La hipocresía corrompe la vida. La hipocresía incluso puede matar. Se puede matar con visos de verdad y legitimidad. Se puede condenar con visos de buscar la verdad. Por eso hay que tener miedo a la hipocresía. Pero Jesús nos pone en alerta de que “no tengamos miedo”. La hipocresía puede matar el cuerpo bajo infinidad de títulos y razones. Pero nunca podrá matar nuestra alma. Jesús es consciente de nuestros miedos en un mundo de hipocresía. Y nos pide que no tengamos miedo. Porque nuestra verdad está en manos de Dios. Y para Dios nosotros somos los más importantes. Para Dios somos hijos de los cuales él mismo cuida. En torno a la vida de Jesús hubo demasiada hipocresía. Vivió constantemente bajo el acecho de los fariseos hipócritas. Y por eso vivió cada día en medio del peligro. Cada día estaban atentos a ver en qué podían agarrarle. Cada día estaban al ojo de cómo podía caer en sus redes. ¿A caso en su Pasión no hubo mucho de hipocresía? Hipocresía en la traición. Hipocresía en los juicios. Hipocresía en la condena. Hipocresía en la muerte como crucificado. Sin embargo: Sólo pudieron matar su cuerpo. Porque Dios salvó su alma. Y terminó resucitándolo en cuerpo y alma. Claro que hace falta mucha fe y mucha confianza en Dios. Pero para quien se fía plenamente de Dios, el miedo no existe. Podrán hacernos daño físico. Podrán matarnos. Pero antes muere el que nos mata que nosotros a quienes cree muertos. Dios se encargará de asegurar nuestra verdadera vida. Dios se encargará también de nuestra resurrección. Clemente Sobrado C. P. http://www.oleadajoven.org.ar/index.php/Articulos/10474/la-hipocres-a-es-como-una-levadura
Descubrir la dignidad de los débiles
San Vicente de Paúl supo descubrir la dignidad de los pobres. Él estaba convencido de que servir a los pobres es servir a Cristo. En ello insiste cuando escribe a sus Hijas:
“El servicio a los pobres tiene que preferirse a todos los demás. Pueden, incluso, dejar de ir a misa los días de fiesta si lo requiere el servicio a los pobres. Ellos –dirá a Juana– son tus amos... ¡Cuanto más repugnantes sean y más sucios estén, cuanto más injustos y groseros son, tanto más deberás darles tu amor!”.
De lo que hay en el corazón habla la boca
¿Quieres saber qué amas?
Mira de qué hablas y en qué piensas.
Una desgracia es tener
el corazón seco y atrapado
por el dinero y las cosas.
Cuanto más cerca este tu corazón
de la expresión mas elevada de la vida,
mas vivirás.
Hay una escala de menos a más:
Cosas, (dinero), plantas, animales,
hombre (belleza, bondad. Sabiduría)
Dios...
¿En que escalón estas?
¿En que piensas que hablas mas?
El amor a todo es bueno.
Desde las cosas a Dios.
Pero lo malo es quedarse estancado,
detenido en algún escalón inferior
sin ascender,
seguir adelante.
Detenerse es dejar de crecer dejar de vivir.
Tu boca halara de lo que ames,
de lo que viva.
Y tus palabras y pensamientos
serán la expresión
de lo que hay en tu corazón
http://www.motivaciones.org/MOTIV002/ctose88.htm
La frivolidad
Autor: Padre Alfonso Sánchez-Rey López de Pablo
La sonrisa es como la luz que ilumina un rostro. Cuando uno ve ese punto de tristeza dibujado en la cara del que está frente a ti hay algo que desazona y deja como en suspenso: ¿qué ocurre?. Porque parece que uno tuviera casi derecho a respirar alegría a su alrededor. La alegría es un don del cielo, pero es algo que siempre se vende caro, y que, precisamente por eso, algunos quieren comprarlo a precio de saldo, a toda costa. Surgen así sucedáneos de la alegría, muecas que intentan disfrazar la verdadera sonrisa.
Uno de estos subproductos que hemos ido creando para engañarnos a nosotros mismos es la frivolidad. Es esa forma un poco chusca de vestir de estampados todas las situaciones de la vida. Y claro, hay cosas a las que le van los estampados y cosas a las que no. Un chaqué con flores grandes, por decir algo concreto, parece que no es lo más adecuado para una boda (aunque a veces es mejor no dar ideas, porque luego siempre existe alguien que se ve en la obligación de ponerlas en práctica).
La frivolidad consiste en tomarse con ligereza cosas que son serias, que son profundas. Porque hay cosas que, sin tener que ser un luto, son serias, en el sentido más noble de la palabra. Esto no tiene que ver con el sentido del humor, que siempre es bueno, y le pone esa pizca de sal a todo aquello que puede ser excesivamente ³estirado². La frivolidad tiene que ver más bien con esa falta de juicio que se oculta detrás de la carcajada que no viene a cuento, detrás de esa visión superficial que ridiculiza lo que tiene
valor.
La frivolidad se apoya en el desconocimiento, en la ignorancia, en el no saber estar. Uno no sabe estar cuando no sabe quién es uno mismo y quién es el otro y pierde la compostura. Uno es frívolo cuando viste de payaso al sentido común, y trata de hacerlo pasar por gracioso.
Tenemos tan metida esa pretensión por desmitificarlo todo que terminamos por perder la medida, y hacemos del afán por llamar la atención una pose falsa, un estilo de vida que resulta llamativo de puro vacío. Entonces ¿cuál es la alternativa? ¿hay que ser gente estirada y lejana? Pues no, todo lo
contrario, hay que ser gente que sepa iluminar su cara sin sucedáneos, que sepa salpicar sus acciones de sencillez y cercanía. Sin frivolidades.
Conozco muchas personas cuyo talante me admira, que me hacen estar relajado cuando me encuentro a su lado, porque saben hacer respirar a su alrededor esa sensación de estar como en la propia casa, saben hacerte creer que estás en zapatillas aunque estés vestido de etiqueta. Y, algo que es también bastante importante, tienen, por ejemplo, la delicadeza de no contarme chistes sobre un atentado terrorista, o la violencia con los niños, que no deja de ser, entre otras cosas, una frivolidad.
http://www.motivaciones.org/MOTIV004/ctoselafrivolidad.htm
La falsa compasión
Autor: Alfonso Aguilo
"La piedad peligrosa" es una interesante novela de Stefan Zweig. Un joven teniente austríaco es invitado a una fiesta. Durante la celebración invita a bailar a la hija del dueño de la mansión, sin saber que la joven está impedida. Al día siguiente le envía unas flores para pedir disculpas por el incidente y, a raíz de ese detalle, la chica piensa que el teniente se ha enamorado de ella.
El protagonista parte de una noble y buena sensibilidad ante el dolor ajeno. Es un hombre que se propone ayudar hasta donde puede a todos. Cualquier indefensión reclama su interés. Sin embargo, esa buena disposición se encuentra de pronto con un difícil escollo. Su deseo de no hacer sufrir, de no incomodar, de evitar el dolor ajeno, le lleva a un prolongar el pequeño malentendido que se ha producido en la fiesta. Por no entristecer a aquella ilusionada y caprichosa chica inválida, retrasa una y otra vez la necesaria aclaración sobre su supuesto amor por ella, y se ve envuelto poco a poco en un inmenso absurdo que tiene consecuencias cada vez más trágicas para él y para aquellos a quienes quería evitar cualquier daño.
Todo empezó por un mero y piadoso no decir la verdad, sin voluntad o incluso contra su voluntad. Al principio no fue un engaño consciente, pero enseguida se vio enredado, y por empezar con una primera mentira por compasión, vio que ahora tenía que mentir con gesto impenetrable, con voz convencida, como un consumado delincuente que planea cada detalle de su acción y su defensa. Por primera vez empezaba a entender que lo peor de este mundo no viene provocado por la maldad, sino casi siempre por la debilidad.
Hay dos clases de compasión. Una, la débil, la sentimental, que no es más que la impaciencia del corazón por librarse lo antes posible de la embarazosa conmoción que se padece ante la desgracia ajena; esa compasión no es propiamente compasión, es tan solo un apartar instintivamente el dolor ajeno, que es causa de nuestra propia ansiedad. La otra, la verdadera compasión, está decidida a resistir, a ser paciente, a sufrir y a hacer sufrir si es necesario para ayudar de verdad a las personas.
Aquel hombre tenía que decir y hacer algo que le resultaba difícil, y lo retrasó una y otra vez. Prolongó aquella situación absurda, entre otras cosas porque estaba halagado por la vanidad, y la vanidad es uno de los impulsos más fuertes en las naturalezas débiles, que sucumben fácilmente a la tentación de lo que visto desde fuera parece admirable o valeroso.
Por falsa compasión muchas veces se miente, se engaña, se elude la verdad costosa, las realidades incómodas, las responsabilidades molestas. Se miente para no contrariar, para evitar un daño que luego vuelve multiplicado; se elude la verdad difícil de decir pero apremiante, aunque sabemos que no desaparecerá por ignorarla; por falsa compasión se consienten prácticas o situaciones reprobables en la empresa o la familia, que no se afrontan por no perjudicar a algunos, aun sabiendo que tolerarlo es un daño mucho mayor.
La falsa compasión hizo de aquel joven teniente un hombre mísero que dañaba infame con su debilidad, que perturbaba y destruía con su compasión. Como él, todos deberíamos esforzarnos en distinguir si la compasión que en determinado momento sentimos no encubre egoísmo o debilidad. Debemos reconocer sinceramente que consentir y mimar a los hijos, malacostumbrar a los que están bajo nuestra responsabilidad, no exigir el respeto que merecen los derechos de los ausentes (la falsa compasión suele inclinarse contra los que no nos ven), son ocasiones en que nos compadecemos equivocadamente y cerramos los ojos a la realidad.
Vivir responsablemente exige a veces incomodar a otros. Por ejemplo, educar, formar, supone siempre una cierta constricción, contrariar, negar consuelos que podríamos dar pero que no debemos dar. Es cierto que debemos ser flexibles, pero ceder a la falsa compasión es hacer daño. Un daño que quizá a primera vista no parece tal, pero que tarde o temprano vuelve, con terquedad, y más crecido, más real, menos evitable.
http://www.motivaciones.org/MOTIV004/ctoselafalsacomparacion.htm
La caridad es el Ángel
Caminando por una plaza
he visto a una Niña pobre
Solita estaba sentada
como si a alguien esperara
"Que Calmase su Pena"
Su ropa carcomida
Su pelo entreverado
Sus ojos eran azules
pués era muy Bonita
"Y no tenía calzado"
Me acerco a la Niña
Que Sufría en su Inocencia
Sin entender, al necio Mundo:
"Que hace las Diferencias"
Con Gran Amor miré a sus ojos
le dije: -'Hola, ¿cómo te llamas?
y surgió en sus mejillas, el Sonrojo....
Y luego me dice: -"Soy Amalia"
Con sumo Cariño fui Generoso,
le obsequié dinero y sin
decir nada...
"veo Surgir la Sonrisa"
"De sus Tristes Ojos".
- "Gracias, Señor, que el
Buen Dios se lo pague";
Se levanta del banco
y muy Contenta brinca:
"Hacia su Madre"
-"Mamá, mamá, ¡mira!,
con éste dinero:
"¡Comeremos Manjares!".
La madre exclama y pregunta:
-"¡Es mucho dinero!,
¿Quién te lo dio?,
¿Cuál es su nombre?".
Y Contesta la Niña:
- Su nombre no sé...
pero, por su Dulzura,
por cómo me miraba,
con ése Amor y Cariño, te digo
mamá, no fue un hombre
"más sí un ÁNGEL":
"¡El que Sació mi Hambre!"
"A veces los hombres que con mucho amor brindan la Caridad a los más necesitados no saben que son Ángeles...; pues la Caridad es el Ángel que cada uno tenemos, y que sale y nos envuelve con sus alas, cuando damos y compartimos, desinteresadamente, los actos de Bondad".
http://www.motivaciones.org/MOTIV004/ctoselacar.htm
Que triste es...
Qué triste es la vida de los que valoran más las cosas que las personas. Sufren y hacen sufrir sin ser felices. Son pobres porque lo material es su única riqueza. Saben ganar dinero, pero no saben amar ni ganar amigos.
Si el materialismo te ciega, abre los ojos y en una Recta escala de valores, ama más lo espiritual, que lo material, más a las personas que a los Objetos, más lo interior que lo exterior.
Crece en humanismo para que goces de un corazón bondadoso y sereno. Dichoso eres cuando tu hogar está primero que tu trabajo, Cuando amas y cuando te esfuerzas por amarte.
http://www.motivaciones.org/MOTIV004/ctosequetristees.htm
Amor a la verdad
Autor: Francisco Fernández Carvajal
I. Puede ocurrir que en algunas situaciones tengamos que sufrir la calumnia o la difamación –o sencillamente una contrariedad- por ser veraces, por ser fieles a la verdad; en otras, serán quizá mal interpretadas nuestras
palabras o nuestras actuaciones. Y el Señor quiere de sus discípulos, de nosotros, que
hablemos siempre con claridad, abiertamente: Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a plena luz; y lo que escuchasteis al oído pregonadlo desde los terrados. (Mateo 10, 24-33). Los que seguimos a Cristo hemos de
proclamar la verdad a plena luz, sin temor a que Su doctrina sea opuesta a las que están de moda en el ambiente. En la sociedad en la que vivimos habremos de hablar con seguridad, con la firmeza que da siempre la verdad, de muchos temas de gran trascendencia para la familia, la sociedad, la dignidad de la persona:
indisolubilidad del matrimonio, libertad de enseñanza, doctrina de la Iglesia sobre la transmisión de la vida humana, dignidad y belleza de la pureza, sentido grandioso de la virginidad y celibato por amor a Cristo,
consecuencias de la justicia social con relación a gastos inconsiderados, a salarios injustos...
II. El amor a la verdad nos llevará a ser sinceros, en primer lugar, con nosotros mismos, a mantener una conciencia clara, sin engaños, a no permitir que se empañe con errores admitidos, con ignorancias culpables, con miedos a profundizar en las exigencias personales que la verdad lleva consigo.
Si con la ayuda de la gracia somos sinceros con nosotros mismos, lo seremos con Dios, nuestra vida se llenará de claridad, de paz y de fortaleza, y podremos ser sal y luz en medio de las tareas seculares, como el Señor espera de nosotros.
III. En un mundo en donde imperan la mentira y el disimulo, debemos los cristianos ser veraces que huyen de la mentira más pequeña. Se trata de aborrecer la mentira en todas sus formas, de decir la verdad entera; y
cuando por prudencia o caridad no se puede, entonces callaremos, pero no inventaremos recursos formalistas que tranquilicen falsamente la conciencia. Muchos enemigos de la Iglesia propalan rumores injuriosos, y otros muchos los creen, juzgando sin indicios suficientes, informando incluso a la opinión pública sobre esa
base. Pidamos a nuestra Madre que nuestra conversación sea siempre veraz, propia de un hijo de Dios
Fuente: Colección "Hablar con Dios" , Ediciones Palabra.
Resumido por Tere Correa de Valdés Chabre
Recibido de: encuentra.com





