EVANGELIO Mateo 15, 21-28
"Jesús partió de Genesaret y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: “Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Pero Él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: “Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos”. Jesús respondió: “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”. Pero la mujer fue a postrarse ante Él y le dijo: “Señor, socórreme!”. Jesús le dijo: “No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros”. Ella respondió: “Y, sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!”. Entonces Jesús le dijo: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!”. Y en ese momento su hija quedó sana." Palabra del Señor
El nacionalismo judío les hacía tratar a los extranjeros de una forma despectiva, les decían "perros". Jesús demostró a lo largo de su vida pública su disponibilidad para con ellos. Una forma distinta de actuar se manifiesta en este caso. Ante la petición de la mujer, Jesús, quien es reconocido por ella como el mesías "Hijo de David", guarda silencio. Ante la insistencia de los apóstoles, Jesús aclara que los destinatarios principales de su misión no son los extranjeros. Ante una segunda súplica de la mujer, Jesús utiliza el calificativo que se les daba a los extranjeros aunque en diminutivo: "perritos" (cachorros en esta benévola traducción), para otra vez excusarse ante la petición. La respuesta de la mujer termina por hacer que Jesucristo acceda a su petición y alabe su fe. Pienso que Jesús, conocedor profundo de la psicología humana sabía con quien se encontraba, sabía que esta mujer no se largaría con tanta facilidad y perseveraría en su intento, al mismo tiempo que dejó una enseñanza sobre la fe de los extranjeros a sus seguidores. Pasemos ahora de las explicaciones del texto a nuestra propia vida:
¿POR QUÉ DIOS NO RESPONDE A NUESTRAS PETICIONES?
Con mucha facilidad la gente le reclama a Dios por qué no accede a sus deseos. Muchos se imagina a Dios como el genio de la lámpara de Aladino, como si Dios estuviera obligado a darles porque sí lo que desean, sin ningún tipo de compromiso con él ni con los demás. Parto del hecho de que Dios nos ama y si no accede a nuestras peticiones es por alguna de estas 7 razones.
1. NOSOTROS SABEMOS LO QUE QUEREMOS PERO DOS SABE LO QUE NOS CONVIENE
Y a veces es un golpe de suerte que Dios no nos de lo que le pedimos.
2. TENEMOS QUE APRENDER ALGO DE LO QUE NOS PASA.
La vida es una gran maestra, si no aprendemos una lección, nos la repite. A veces Dios espera que crezcamos en algún aspecto de nuestra vida y por eso mantiene ciertas situaciones en nuestro entorno que se convierten en verdaderas cátedras. "De la cuna a la tumba una escuela, por eso lo que nosotros muchas veces llamamos problemas, en realidad son lecciones" Facundo Cabral. En el caso del evangelio de hoy la mujer aprendió el valor de la perseverancia, los discípulos, que la fe era posible también entre los extranjeros.
3. DIOS PIENSA QUE NO SON LAS CIRCUNSTANCIAS LAS QUE TIENEN QUE CAMBIAR SINO NOSOTROS
Con facilidad pensamos que son los otros los que tienen que cambiar. Queremos pedirle a Dios que haga nuestra voluntad y pocas veces le decimos "Habla Señor que tu siervo te escucha" 1 Samuel 3,9 o "Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad" Salmo 39. A veces se nos olvida que aquellos con quienes estamos obligados a convivir, ellos están también obligados a convivir con nosotros.
4. NO ES EL MOMENTO:
A veces Dios nos responde que sí, otras veces que no, otras veces "espera". Dios considera por alguna razón que no es el momento.
5. NO HAS HECHO LO QUE TE CORRESPONDE:
Hay una parte del milagro que nos corresponde. Dios no va a hacer por nosotros lo que nosotros tenemos que hacer por nosotros mismos. Los sirvientes pusieron el agua, Jesús la transformó en vino; los discípulos pusieron los panes, Jesús los multiplicó, los apóstoles tiraron las redes, Jesús multiplicó los peces.
6. NO CREES QUE MERECES RECIBIR
Parte de la fe consiste en creer que si lo que estoy pidiendo es bueno, merezco recibirlo. La mujer del evangelio creía que merecía recibir la atención de Jesús, por eso insistió. Eso se llama autoestima.
7. DIOS TIENE ALGO MEJOR PARA TI
"Mis caminos no son sus caminos ni mis planes son los suyos. Mis caminos son más grandes que sus caminos y mis planes que sus planes". Isaías 55,8-9 A veces nos quedamos tan pendientes de la puerta que se cerró que no descubrimos todas las que se han abierto. Si tus caminos parece que van de mal en peor, pídele a Dios que te muestre los suyos que siempre serán mejores. Otros planes, otros sitos, otras personas.
http://padrechulalo.blogspot.com/2014/08/cuando-parece-que-dios-no-te-escucha.html
Cuando parece que Dios no te escucha
Conozca la conmovedora historia de Cleider y Melitón
La Asociación de Pintores de boca y pie tiene su origen en Alemania en 1956 y reúne en muchos países a artistas que carecen de brazos. El objetivo de la asociación es que los miembros puedan vivir exclusivamente de su esfuerzo y su trabajo, promocionando su obra en distintos medios impresos (libros, tarjetas, calendarios). En Barquisimeto se encuentra la sede de esta asociación que reúne artistas a nivel nacional. Una de sus miembros pertenece a nuestra Iglesia activamente, Otmary Garcia. Oigamos su relato:
Cleider tiene 8 años, es de Naranjales, estado Táchira, fue abandonado por su madre y su padre es alcohólico. Es aspirante a ser becado por la institución. En la foto aparece con el señor Melitón, uno de los artistas de la asociación. Melitón es profesor de pintura, está casado y tiene hijos y nietos. El decidió ayudar a Cleider y le va a enseñar a pintar para que no dependa de nadie económicamente. Cuando Cleider conoció a Melitón fue de inmediato refugiarse en sus piernas. Tal vez encontró en Melitón un padre con buen corazón, que lo va a entender mejor que nadie porque se parece a él.
http://padrechulalo.blogspot.com/2014/12/conozca-la-conmovedora-historia-de.html
El bien siempre triunfará sobre el mal
La Luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no pudieron vencer la Luz. (juan 1,5)
Si alguna vez pierdes la fuerza del planeta tierra y te deprime pensar en lo que los seres humanos hemos hecho con él, mira esta foto.
"Esta ciudad albergaba a cerca de 50.000 personas, pero tuvo que ser totalmente abandonada luego del desastre nuclear de Chernobyl, en 1986. Debido a la exagerada cantidad de radiación, la ciudad podrá ser habitable después de miles de años."
Sin embargo, los árboles y las plantas en general, que no saben de razonamientos científicos y dotados por Dios con una fuerza impredecible, rompieron el asfalto, treparon sobre el concreto armado, invadieron oficinas, casas y edificios, ocuparon espacios que un día les pertenecieron, y donde el hombre sembró la muerte, renació la vida y se abrió paso la fecundidad. Así es todo lo que viene de Dios, que siempre es bueno.
Tarde o temprano, y tal vez más temprano de lo que imaginamos nuestros ojos contemplarán de nuevo, que el bien siempre triunfará sobre el mal, la verdad sobre la mentira, la justicia sobre la injusticia. la luz sobre la oscuridad, la bondad sobre la maldad, la vida sobre la muerte. Ningún imperio nefasto que se ufanaba de ser eterno ha sobrevivido para contarlo. Ni el Imperio Romano, ni el Imperio Nazi, ni ninguna dictadura militar o civil, de derechas o izquierdas. Al final, terminaron tragándose el mismo estiércol que lanzaron contra sus adversarios. Tanto más humillados cuanto más enaltecidos, tanto más derrotados y hundidos en su propia vergüenza cuanto más prepotentes se mostraban ante el mundo, se reían, humillaban y encarcelaban a sus detractores.
"Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido, y el mar no existe ya. Y vi a la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia que se adorna para recibir a su esposo.Y oí una voz que clamaba desde el trono: «Esta es la morada de Dios con los hombres; él habitará en medio de ellos; ellos serán su pueblo y él será Dios-con-ellos; Él enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte ni lamento, ni llanto ni pena, pues todo lo anterior ha pasado.»Y el que está sentado en el trono dijo: «Ahora todo lo hago nuevo». Luego me dijo: «Escribe que estas palabras son ciertas y verdaderas.» Apocalipsis 21,1-5
http://padrechulalo.blogspot.com/2015/01/el-bien-siempre-triunfara-sobre-el-mal.html
Intervención milagrosa de Santa Teresita de Lisieux
Avería en el avión e intervención milagrosa de Santa Teresita de Lisieux
El increíble relato del obispo de la Amazonia Erwin Krautler durante uno de sus viajes entre los indios
Fue la ayuda de Santa Teresa de Lisieux, la patrona de los misioneros, la que le salvó la vida. Lo asegura monseñor Erwin Kräutler, desde hace 50 años misionero en América Latina y durante 35 obispo de la diócesis más grande de Brasil (más que Italia entera), la de Altamira-Xingu.
Krautler cuenta la increíble aventura, que sucedió en 1983, en el libro "Ho udito il grido dell'Amazzonica" (He oído el grito de la Amazonia, recientemente publicado en Italia). Él, desde siempre en primera línea en defensa de las poblaciones locales, amenazadas por la deforestación del Amazonas, en 1983 se dirigía a visitar las comunidades dispersas a lo largo del río. “Encontré un pueblo esclavizado, al límite de la desesperación”.
“En un viaje entre las aldeas indígenas – recuerda el obispo – volviendo de Tucumã a Altamira, pasó algo que no olvidaré nunca. Antes de embarcar a Tucumã, el obispo-hermano, que es también piloto, me dijo que había hecho una revisión completa de la avioneta en Goiânia hacía poco tiempo. Despegamos en dirección a Altamira, que dista unas dos horas de vuelo”.
Cuando el altímetro indicó cinco mil pies, empezaron a sobrevolar la tupidísima selva de la región de las fuentes del Bacajá, afluente del Xingu. “Miraba hacia abajo admirando la selva virgen, los ipês en flor”, continua Krautler.
Pero ese no fue un viaje como los demás. De repente el motor empezó a perder fuerza, la hélice giraba cada vez más despacio, hasta pararse del todo. “Miré al piloto: estaba asustado, nervioso, pálido. ¡No hablaba! Estábamos a un paso de la muerte. Aunque sobreviviéramos a la caída, en esa selva nadie nos encontraría. Pero este análisis lo hice después”.
En ese momento, el obispo, que es misionero de la Congregación de los Misioneros de la Preciosísima Sangre, invocó a Santa Teresa: "¡Tu eres la patrona de los misioneros! ¡Por favor, muéstranos ahora lo que sabes hacer!".
“Por increíble que parezca – recuerda Krautler – después de tres minutos eternos, el motor volvió a funcionar. De lo profundo del corazón dije: "¡Gracias, Teresa! Contaré este milagro adonde vaya. ¡No te olvidaré nunca!".
El avión retomó altura hasta los ocho mil pies, y lejos en el horizonte apareció el majestuoso Xingu con sus cascadas, los lagos y las islas. “Media hora después, aterrizábamos sanos y salvos – explica el obispo de Amazonia – y contamos lo que nos había sucedido en pleno vuelo.
El mecánico del aeropuerto abrió el compartimento del motor de la avioneta, y se echó las manos a la cabeza: "Dios mío, ¿cómo podéis estar vivos? ¡El motor está totalmente averiado!". Me quedé helado, pero en seguida mi corazón saltó en mi pecho, oyendo de la boca del mecánico la confirmación de que había sido un milagro de santa Teresita”.
http://www.aleteia.org/es/religion/articulo/averia-en-el-avion-e-intervencion-milagrosa-de-santa-teresita-de-lisieux-5864519360315392
¡Qué importante es aprender a comunicar el amor!
Pentecostés es un momento de paz y de pasión. No pueden seguir escondidos esos hombres que arden por dentro. "¿No ardían nuestros corazones cuando nos hablaba en el camino?". Dicen los discípulos de Emaús. No pueden guardarse el tesoro escondido. Salen de sí mismos, de su Cenáculo. Se ponen en camino.
¡Qué fácil nos resulta a veces quedarnos quietos sin hacer nada! Los apóstoles de Pentecostés salen. Vencen los miedos. Se arriesgan. Pueden morir en el intento. No les importa. Hablan en una lengua que todos entienden. Porque hablan al corazón de cada hombre. Porque escuchan en los corazones heridos en medio del camino. "Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma".
Salen de sí mismos y descubren una vida nueva. Tienen a Dios en su corazón y anhelan encontrar el bien escondido en cada hombre. No se sienten en posesión de la verdad absoluta. Simplemente entregan lo poco que tienen. Salen de sí mismos. De su centro. Descubren lo maravilloso que existe más allá de sus vidas. El centro es Cristo.
El Papa Francisco nos recuerda que es mejor una Iglesia que sale y se accidenta, que una Iglesia que vive enferma por no salir. Los apóstoles salen y se accidentan al salir. Pierden la seguridad, el honor, la vida. Se arriesgan a perder la salud. Por amor. Por el amor y la luz que reciben. Rompen la seguridad y la tranquilidad de sus vidas.
Con su amor vencen el odio. Dominan la rabia. Levantan hogares donde pueda reinar Dios. Son creíbles y creativos. Tienen gestos nuevos. Es la audacia de los enamorados. Descubren su misión. Una misión que los supera: "Hijo mío, no arrebates al pobre su sostén, no vuelvas tus ojos ante el necesitado. Da al hambriento y satisface al hombre en su necesidad. No irrites al corazón ya irritado y no difieras socorrer al menesteroso. No desdeñes al suplicante atribulado y no vuelvas el rostro al pobre. No apartes los ojos del necesitado". Eclesiástico 4,1-4.
La misión es un amor que tiene el centro fuera, en Jesús, en el necesitado. Un amor que se hace expansivo. Rompe los muros. Despierta vida dormida. Un amor que ayuda a cada uno a encontrarse con su verdad. Un amor que enciende y mueve. Un amor que tiene un lenguaje comprensible en mi propia lengua.
¡Qué difícil es amar en un lenguaje que todos comprendan! ¡Cuántas veces falla la comunicación del amor en el mismo matrimonio! No entendemos los gestos de amor del otro. Los rechazamos porque no recibimos lo que esperamos.
Necesitamos el Espíritu de Pentecostés para aprender a amar. Con el amor de Jesús. Con el amor de los santos. Las palabras pueden encendernos. Lo ejemplos son los que nos arrastran. El amor nos lleva a hacer cosas que nunca pensamos. Por amor cambiamos de vida, no tanto por lo que nos dicen.
Los apóstoles de Pentecostés arrastran por la forma de vida que proponen. Su testimonio es convincente. Su amor es comprensible. Hay personas así en nuestra vida. Su fuego y su palabra son para nosotros el viento de Dios. Damos gracias por esos que hablan nuestro idioma, por esos que nos regalan a Dios con la generosidad de sus vidas.
¡Qué importante es aprender a comunicar el amor! Lo santos se hacen maestros en la comunicación. Llegan al corazón de los hombres porque son dóciles a Dios en su corazón. Porque se dejan transformar por Él.
Sin santidad no hay misión. San Juan Pablo II lo decía: “La vocación a la santidad está unida a la vocación a la misión”. El santo sabe lo que quiere y quiere lo que hace. Tiene claridad en sus principios. Tiene un rostro. Es coherente en su vida.
Somos atractivos cuando nuestras palabras vienen respaldadas por nuestro testimonio. Una santidad que enamora y se realiza en obras. Porque nuestros gestos tienen la fuerza del amor.
Dios hace milagros con mis manos torpes que tiemblan. Dios hace que mis manos sean las manos de Jesús en la tierra. Jesús se va pero en cada uno hace milagros increíbles. Hace que la semilla crezca en el alma y se desborde.
Es el tiempo del misterio. De lo que no es lógico, ni esperable. El tiempo de los santos hechos a imagen de Dios. Hoy el Papa Francisco es creíble porque piensa lo que dice. Porque hace lo que propone. Porque ama al hombre en su lugar, en su vida.
El amor hecho carne siempre es atrayente. Es un amor novedoso. Expresado con un lenguaje conocido. Algo nuevo en estos tiempos de hoy. Jesús era creíble por su forma de amar. Porque su amor fue hasta el extremo. Porque no se miraba a sí mismo. Y los santos son creíbles cuando aman con ese mismo amor. Jesús miraba el corazón del otro y era capaz de cambiarlo con la mirada. Era un amor inmenso que se partía cada día.
San Pablo recoge las palabras de Jesús: "Hay más dicha en dar que en recibir". Hch 20, 28-38. Jesús se daba sin exigir nada. Nos muestra el camino de la felicidad. Amar sin esperar. Amar dándolo todo. Así seremos santos.
Dice el Padre José Kentenich: "El aspirar o no a la santidad marcará mi comportamiento con quienes me rodean"[1]. El amor de Jesús en el alma nos lleva a aspirar a la santidad. Y para ello estamos dispuestos a dejarnos hacer por el Espíritu.
Decía el Padre Kentenich: "Es la confianza en que Dios permanece fiel a nosotros y nos conduce por los caminos normales de la santidad, como, por ejemplo, por los caminos del desprecio, de la renuncia a uno mismo"[2].
Hoy despoja Dios a los discípulos de sus seguridades para que aprendan a amar en libertad. Los lleva a vaciarse para llenarse de Dios. En la oración del Cenáculo preparan su alma para que pueda llenarse. Allí María trabajó en sus corazones hasta vaciarlos. Así fue posible llenarse de Dios:
"En la vida cotidiana, las personas colmadas por el Espíritu Santo gustan de orar, porque por la oración el alma se introduce más hondamente en el mundo sobrenatural. En la vida de ciertos santos leemos que se lamentaban cuando se los apartaba de la oración; porque se los apartaba de un mundo que es distinto del que pisan nuestros pies»[3].
En la oración del Cenáculo se llenaron de Dios y fue posible salir a entregar lo que habían recibido. Dios responde. Siempre supera nuestra oración y expectativas. Siempre sorprende. ¿Qué lugar de mi vida y de mi alma necesito que se llene de Dios, de su Espíritu? ¿Cuál es mi lenguaje, ese que Dios utiliza para llegar a mí?
http://www.aleteia.org/es/estilo-de-vida/contenido-agregado/tu-amor-es-comprensible-para-los-demas-5892342108127232?page=2
Incluso cuando nos reprende, Dios nos acaricia
Papa Francisco: incluso cuando nos reprende, Dios nos acaricia
Confiémonos en Dios como un niño se confía en las manos de su papá. Es lo que ha afirmado el Papa Francisco en la Misa de esta mañana en la Casa Santa. El Papa ha afirmado que el Señor nunca nos abandona y ha destacado que incluso cuando nos reprende, Dios no nos da una bofetada sino una caricia.
“Dios ha creado el hombre para la incorruptibilidad”, pero “por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo”. El Papa Francisco ha desarrollado su homilía deteniéndose en la Primera Lectura, una cita del Libro de la Sabiduría que recuerda nuestra creación. La envidia del diablo, afirmó el Papa, ha hecho que se iniciase esta guerra, “este camino que termina con la muerte”. Esta última, afirmó, “entró en el mundo y la experimentan todos los que le pertenecen. Es una experiencia que hacemos todos.
“Todos debemos pasar por la muerte, pero una cosa es pasar por esta experiencia con una pertenencia al diablo y otra pasar por esta experiencia de la mano de Dios. Me gusta escuchar esto: ‘Estamos en las manos de Dios desde el principio’. La Biblia nos explica la Creación, usando una imagen bella: Dios, con sus manos nos hace del barro, de la tierra a Su imagen y semejanza. Son las manos de Dios las que nos han creado: el Dios artesano, ¿eh? Como un artesano nos ha hecho. Estas manos del Señor… Las manos de Dios, que no nos abandonan”.
La Biblia, prosiguió, narra que el Señor le dice a su pueblo: “Yo camino contigo, como un papá con su hijo, llevándolo de la mano”. Son las manos de Dios, añadió, “las que nos acompañan en el camino”.
“Nuestro Padre, como un Padre con su hijo, nos enseña a caminar. Nos enseña a ir por el camino de la vida y de la salvación. Son las manos de Dios las que nos acarician en los momentos de dolor, nos consuelan. ¡Es nuestro Padre el que nos acaricia! Nos quiere mucho. Y también en estas caricias, muchas veces, está el perdón. Este pensamiento me ayuda. Jesús, Dios, ha traído consigo sus llagas: se las hace ver al Padre. Este es el precio: ¡las manos de Dios son manos llagadas por amor! Y esto nos consuela mucho”.
Muchas veces, prosiguió, escuchamos decir a las personas que no saben en quien confiar: “¡Confíate a las manos de Dios!”. Esto, observó Papa Francisco, “es bello” porque “allí estamos seguros: es la máxima seguridad, porque es la seguridad de nuestro Padre que nos quiere mucho”. “Las manos de Dios, comentó, también nos curan de nuestras enfermedades espirituales”.
“Pensemos en las manos de Jesús, cuando tocaba a los enfermos y los curaba… son las manos de Dios: ¡nos curan! ¡No me imagino a Dios dándonos una bofetada! No me lo imagino. Reprendiéndonos sí me lo imagino, porque lo hace. Pero nunca, nunca nos hiere. ¡Nunca! Nos acaricia.
También cuando nos reprende lo hace con una caricia porque es Padre. ‘Las almas de los justos están en las manos de Dios’. Pensemos en las manos de Dios, que nos ha creado como un artesano, que nos ha dado la salud eterna. Son manos llagadas y nos acompañan en el camino de la vida. Confiémonos en las manos de Dios, como un niño se confía en las manos de su papá. ¡Esas son manos seguras!”.
¿Dios dialoga?, ¿Cómo nos habla Dios?, ¿En qué idioma?
Lugares donde notamos la presencia de Dios
El ser humano emplea el diálogo, la palabra, la conversación, como un desarrollo de discurso, más o menos lógico, para comunicarse, conocer a los demás y conocer la verdad de las cosas. Dios es persona pero, una persona infinitamente distinta de nosotros; él se comunica con su sola presencia. Tenemos que buscar, encontrar y contemplar su presencia.
Dios se nos muestra desde el principio con la creación del universo y ha hablado a algunos personajes de la historia: algunas figuras del Antiguo Testamento y posteriormente en revelaciones privadas a algunos santos
El pacto con los grandes de la historia, su pueblo hebreo, fue un regalo de Dios, no fruto de una negociación, fue una muestra más de su infinita paciencia y misericordia, no una propuesta del pueblo hebreo; fue Dios quien tomó la iniciativa y lo estableció.
Después, nos habló con la encarnación de su Hijo, que no vino a dialogar, sino a mostrar, lisa y llanamente, la verdad de las cosas: “el que pueda entender que entienda” (Mt. 19,3-12)
Con la vida y palabras de Jesucristo, Dios dijo sus últimas, clarísimas y desbordantes palabras. Pero aún así, el ser humano sigue pidiendo explicaciones a Dios y pide que le hable todavía más. Le respuesta de Dios al hombre ha sido: su misericordia paternal hasta entregar a su propio Hijo en sacrificio. Parece que no entendemos esa respuesta; de la misma forma que el pueblo hebreo no aceptó a Cristo porque esperaba un Mesías libertador político, tampoco el resto de la humanidad aceptamos que el Reino de Dios es de misericordia y sacrificio en el corazón de las personas.
Dios no tiene que negociar, ni argumentar, ni que convencer al hombre, ni hacer diplomacia con nosotros que pretendemos convencerle, razonarle, comprar su misericordia. Me imagino, más bien, a Dios mirando con una mirada chispeante y sonrisa paciente y diciendo ¿pero qué se piensa este?, ¿quién se cree que es?
Lo primero, aceptar nuestra limitación. “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá,…” (Mt. 7,7-11) En esta forma insistente de la oración que nos ha enseñado Jesucristo, está la lección de sabernos como niños, como hijos pequeños, ante Dios. Los niños piden insistentemente porque aceptan, de antemano, su condición de inferioridad y saben que, aunque no tengan derecho, la pesadez de su insistencia vence a la bondad de sus padres y esperan un regalo, un don, no un derecho. La actitud inicial del hombre hacia Dios debe ser de aceptación de la propia limitación, el realismo de la humildad, la diferencia abismal entre nosotros y Él, y nuestra filiación divina como el regalo de su adopción que nos permite dirigirnos a Él como Padre y repetir, de formas muy distintas, la oración del “padrenuestro” que Cristo nos descubrió.
¿Cómo se muestra Dios? Dios se muestra de forma que podamos resistir su persona.
Dios ilumina, con luz tenue para que nuestra mente no se deslumbre y nuestra limitada libertad no se sienta cohibida. Dios simplemente se expone, su presencia habla por si sola, en su presencia encontramos la respuesta, la verdad de todo.
Dios nos ha dado de antemano las respuestas a nuestras preguntas en el centro de nuestra alma (hecha a su imagen y semejanza), para que la busquemos con sinceridad y la reconozcamos con humildad. El amor propio que nos ciega y nos hace sordos, nos impide aceptar esas respuestas clamorosas y sencillas que de Dios ha dejado impresas en nuestra alma.
Dios habla a través de los acontecimientos para la humanidad y en los acontecimientos de nuestra vida personal, por eso es muy necesaria la memoria histórica de las sociedades y la memoria histórica de la vida personal. Es un buen pedagogo que nos va enseñando para que aprendamos de la experiencia de nuestra propia vida.
Dios habla a través de dolor y del sufrimiento. Dice el famoso escritor C. S. Lewis: “el dolor son los altavoces de Dios para un mundo de sordos”. De la misma forma que los padres, para que los hijos aprendan, a veces, tenemos que hacerles sufrir, aunque no lo entiendan y, sobre todo, sufren porque no lo entienden. Nos duele ver el mal en el mundo y nos duele más porque no lo entendemos.
Constantemente repetimos a nuestros hijos: ¿pero estás sordo?, ¡cuántas veces te lo tengo que repetir! ¿Es que hablo otro idioma?, ¿de qué forma te lo tengo que decir? Exactamente lo mismo que nos dice, pacientemente, nuestro Padre Dios.
Dios escucha, nos espera constantemente en cualquier momento de nuestro día y, especialmente, muy respetuoso y escondido, en el Sagrario, callado, quieto, paciente, observando, sin llamarnos, solamente para, como y cuando nosotros queramos: absolutamente disponible. Esa total disponibilidad y ese absoluto respeto de Dios en la Eucaristía, es sobrecogedor. Es con quien mejor se puede hablar. Viéndole a Él, te ves a ti mismo con total claridad: esa es su manera de hablarnos.
La presencia de Dios en nuestra alma, la presencia de Dios en la creación, la presencia de Cristo en la historia, la presencia de Dios en el prójimo, en los acontecimientos diarios, la presencia de Cristo en el dolor, en los pobres y enfermos y, finalmente…la presencia de Cristo en la Iglesia y en Eucaristía.
¿Pero qué más queremos?
Lo que Dios dice con su presencia es tan claro, patente y evidente que no necesita discurso ni diálogo. Su presencia es lo más elocuente.
http://www.aleteia.org/es/religion/noticias/dios-dialoga-como-nos-habla-dios-en-que-idioma-5253191243399168?page=2
¿Sabes de verdad que Dios te quiere siempre?
Ni el dolor ni la muerte ni la enfermedad ni la soledad apartan al hombre de Su amor
A veces, cuando me pregunto qué podría apartarme del amor de Dios, escucho estas palabras de San Pablo llenas de esperanza: « ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? Pero en todo esto vencemos fácilmente por Aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro».Romanos 8, 35. 37-39.
Estas palabras de esperanza las leí hace muchos años en el funeral de un ser querido. Desde entonces, no sé bien por qué, se quedaron grabadas en mi alma. La pena, la angustia, el dolor, la pérdida, no me alejarán nunca de ese amor de Dios que se abaja hasta mí.
El amor de Dios es fiel, sólido como una roca, estable e inconmovible. Ese amor es la piedra fundamental de nuestra vida, aunque muchas veces no lo acariciemos con los dedos, aunque muchas veces no veamos su luz y surjan dudas.
Conocemos su amor desde el día en que Dios dejó grabado su beso en nuestra alma en el bautismo. Lo sabemos porque su voz ha acariciado muchas veces nuestros oídos sordos. Lo percibimos levemente, torpemente, en los gestos de amor que nos prodigan los que nos quieren. En el abrazo de una madre, en el «te quiero» de un ser querido.
Es verdad que queremos tocar más a Dios, abrazarlo en nuestro interior. El corazón no se cansa, sueña el infinito, espera lo imposible, nada es bastante. Es por eso que siempre tenemos algo de insatisfacción en el alma que quiere ser amada por completo.
Y como sabemos que la felicidad no se logra estando satisfechos, nos quedamos tranquilos. Podemos seguir insatisfechos y con algo de angustia en el estómago y con dudas y miedos.
No importa, no por eso perdemos la alegría. Podemos seguir caminando con algo de tristeza y felices al mismo tiempo. Es una tristeza humana y pasajera. Sí, incluso en esos días en los que lo gris parece negro y los colores han desaparecido, el amor de Dios es más fuerte.
En esos días en los que parece que no hay mañana, Dios nos recuerda lo importante. Sí, incluso entonces, nada podrá arrebatarnos el amor de Dios. Dios nos sigue amando. No nos olvida, no abandona nuestra barca.
El amor de Dios no pasa nunca. Permanece, es fuerte en mi alma. Nos ama tanto, que es capaz de dejar su barca, su soledad e intimidad y preocuparse por nosotros. Toca mi herida y la sana, me espera y me acoge cuando llego, siente lástima por mí y se conmueve. Su amor conoce mi soledad y aquellas cosas que me hacen temblar. Su amor se adelanta a mis deseos, escucha mi corazón mejor que yo, me ve por dentro y conoce mi hambre.
Ese amor suyo calma el corazón, toma mis panes y mis peces para hacer mi vida fecunda para muchos. Ese amor no pasa nunca, siempre permanece.
Sabemos que nuestro amor es un amor frágil. ¿Podrá llegar ese día en el que, turbados, nos alejemos de Dios? ¿Podrá suceder que la muerte de algún ser querido, o la enfermedad, o el fracaso, o el desamor, nos alejen del amor de Dios? ¿Podremos dejar de amarle a Dios algún día?
San Pablo lo tenía claro, nada lo apartaría nunca del amor de Dios. Pero, ¿y yo? ¿No es verdad que a veces dudamos de nuestra fidelidad? ¿No es cierto que nuestro amor se enfría cuando dejamos de caminar siguiendo sus pasos?
Nos conocemos y desconfiamos. Hemos fallado muchas veces después de habernos prometido no volver a fallar. ¿Por qué no podríamos alejarnos de nuevo de Dios? Surge la duda.
Pero hoy volvemos a creer. Sí, nada de eso será tan relevante como para apartarnos del amor de Dios. Nada podrá quitarnos la sonrisa por sabernos amados por Dios. Nada, ni el dolor, ni la muerte, ni la soledad, ni el hambre, ni el abandono.
Le pedimos hoy a Dios que nos refuerce nuestra fe, que nos sostenga cuando vengan dudas, que nos levante en cada caída y nos enseñe a amar.
http://www.aleteia.org/es/religion/contenido-agregado/sabes-de-verdad-que-dios-te-quiere-siempre-5802247262830592
El ser humano ante el mal
¿Puede el ser humano parar el mal? ¿hasta dónde puede llegar su obstinación por dañar la vida de otro? Y si el ser humano no está dispuesto a cambiar ¿puede Dios hacer algo?
¿Puede el ser humano parar el mal? ¿hasta dónde puede llegar su obstinación por dañar la vida de otro? Y si el ser humano no está dispuesto a cambiar ¿puede Dios hacer algo? El mal no sólo produce un sufrimiento psíquico en los demás. También puede llegar a paralizarlos y convertirlos en víctimas. La Shoá nos revela que hay opciones que pueden llevarnos a un punto de no retorno si dejamos adormecer nuestras conciencias y nos entregamos al reino de la indiferencia.
Toda víctima suele preguntarse ¿por qué a mi? ¿por qué Dios lo permitió? Y si lo evita para algunos ¿por qué no para todos? Lo más usual es creer en un Dios retributivo que permite el mal como prueba de fe. Algo absurdo, al menos desde lo que nos revela la vida de Jesús. Ante la pregunta ¿dónde está Dios cuando alguien padece el mal?, Elie Wiesel responde: «tres cuellos fueron introducidos en tres lazos. ‘Viva la libertad’, gritaron los adultos. Pero el niño no dijo nada.¿Dónde está Dios? preguntó uno detrás de mí. Las tres sillas cayeron al suelo. Nosotros desfilamos por delante. Los dos hombres ya no vivían, pero la tercera cuerda aún se movía. El niño era más leve y todavía vivía. Detrás de mí oí que el mismo hombre preguntaba: ¿Dónde está Dios ahora? Y dentro de mí oí una voz que me respondía: ‘ahí está, colgado de la horca‘».
¿Cómo aceptar esto? Hans Jonas sostiene que «si a pesar del mal se quiere mantener la fe en Dios, entonces sólo queda la eliminación de alguno de sus atributos clásicos: o bien la omnipotencia, o bien la bondad suprema». El imaginario religioso actual sigue sosteniendo la imagen de un Dios omnipotente que actúa con razones ocultas y permite ciertos hechos trágicos. Incluso, considera que la compasión es algo incompatible con la justicia divina. Sin embargo, para Jesús Dios hace lo que los poderosos no hacen: toma postura a favor de todas las víctimas y rechaza a los victimarios. Cabe la pregunta sobre la imagen que tenemos de Dios ¿Es la que nos enseñaron de pequeños? ¿un Dios sin rostro? ¿selectivo? (Cf. Regresar a Jesús de Nazaret, PPC).
El rabino Hugo Gryn contaba que «en los campamentos de concentración había descubierto a Dios, pero No el Dios de mi juventud. A ese lo perdí en los crematorios de Auschwitz cuando no hizo nada. Pero luego, cuando pude ver con claridad las distintas experiencias, entonces lo redescubrí. Y cuando miro retrospectivamente a mis experiencias y sufrimientos, y veo que aún estoy vivo, no me queda nada más a quien respetar en este mundo, sino a Dios».
El mal es causado y permitido por el mismo ser humano, fruto de un proceso de deshumanización que niega su dignidad humana y le hace olvidar su trascendencia. Ciertamente ahí no cabe el Dios de la vida que revela Jesús, sino la ceguera de quien deja de hacer el bien porque se habituó al mal. La libertad humana es todo un reto, pero conlleva consecuencias. Tanto así que Dios la respeta hasta el extremo.
Para contactar con Rafael Luciani: rlteologiahoy@gmail.com, @rafluciani
http://www.aleteia.org/es/religion/articulo/el-ser-humano-ante-el-mal-5840636812984320
¿por qué Dios siendo tan bueno, permite cosas tan malas?
ISIS, Boko Haram... ¿por qué Dios siendo tan bueno, permite cosas tan malas?
O más aun, ¿por qué permite que les ocurran a los inocentes?
Primero que nada, creo yo que la pregunta correcta no debería ser el porqué Dios permite este tipo de desgracias, sino, ¿por qué permite la muerte?
Todos los días mueren miles de personas, causando un profundo dolor en sus seres queridos, y también es cierto que cuando ocurre una catástrofe natural, un accidente o tal vez un atentado con miles de victimas, la sociedad se siente más conmovida, por lo que se deduce que el dolor se multiplica cuando lo sufren muchos a la vez. Sin embargo, Dios es el mismo cuando alguien muere de cáncer a los veinte años en la cama de un hospital, como también cuando alguien muere aplastado por una casa o un edificio que no soportó el temblor de la tierra.
¿Dios permite estas cosas? Ciertamente, permite que vivamos y muramos. ¿Es indiferente Dios frente al dolor de los que sufren? No. Y tanto es esto así, que Dios hizo aquello que ni la ciencia ni ningún ser humano puede hacer: vencer a la muerte, para que sea la vida quien tenga la última palabra.
Por la Revelación[1], somos conscientes de que la muerte es la consecuencia del pecado, y con esto no pretendo decir que aquellos que han muerto en terremotos o en cualquier otro desastre similar, están pagando algún pecado concreto. Pero Dios se hizo hombre y murió en la Cruz, para que todo aquel que crea en El, no muera sino que tenga vida eterna.
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Ciertamente, a esta certeza de la vida y de la muerte se llega tan solo por la fe. Cuando el hombre no tiene fe, en vez de acudir a Dios en busca de consuelo, sencillamente se rebela contra El, optando voluntariamente por un camino que lleva al sinsentido y al dolor sin consuelo.
“Para percibir la verdadera respuesta al “por qué” del sufrimiento, tenemos que volver nuestra mirada a la revelación del amor divino. Cristo nos hace entrar en el misterio y nos hace descubrir el “por qué” del sufrimiento, ya que Él le ha dicho todo al hombre en la cruz.”[2]
De tal manera que, profundizando en las palabras de san Juan Pablo II, podremos comprender que solamente en Jesucristo se podrán encontrar las verdaderas respuestas a todos estos acontecimientos, y para aquellos que reniegan de la explicación dada por el Cristianismo, sencillamente se los invita a dar una mejor explicación a la luz de la razón y la lógica. Siendo que, el sufrimiento puede ser explicado desde el punto de vista científico, sin embargo su sentido carece de explicación por parte de la ciencia, de allí que el hombre busca respuestas mas profundas.
El sufrimiento. Llamado a la conversión
"En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: « ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro"; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.» -Lucas 13:1-5
Decía pues, que el sufrimiento, el dolor y los desastres son causados por el pecado, que de cierta manera viene a significar el mal uso de la libertad del hombre al momento de tomar malas decisiones, que conllevan a consecuencias negativas para sí mismo y para el mundo que lo rodea, de tal manera que el argumento de culpar a Dios o pedirle cuentas por lo sucedido, no solo que es una postura irracional, sino que es absurda y cobarde.
Habiendo citado el evangelio de Lucas, Cristo explica la realidad de estos acontecimientos, en donde no se trata de “pagar por un pecado concreto”, sino que todos en algún momento hemos de morir, siendo que éstos acontecimientos son para nosotros un llamado a la conversión, puesto que como se dice por allí: “nadie tiene la vida comprada”, por tanto no sabemos ni el momento, ni la forma en que hemos de morir, pero lo que si sabemos es que nos conviene convertirnos día a día para estar listos cuando ese momento llegue.
No vale la pena pues, rebelarse ante un Dios que es Amor por esencia, siendo que es El quien da respuesta a cada una de las preguntas mas esenciales del ser humano. No se trata de abandonar la ciencia o entregarse ciegamente a la fe, pues esto es algo que raya en el fanatismo o el fundamentalismo, sino que, se trata de obedecer a la lógica de un orden, en donde la ciencia tiene la capacidad de explicar aquello que puede ser medible, sin embargo en el momento en que la ciencia se topa con el limite, encontrará a la Religión para que pueda esclarecerse el camino.
De esta manera lo entendió Albert Einstein al decir que: «la ciencia sin la religión es coja; la religión sin la ciencia es ciega».
Finalmente, seria interesante también que, aquellos que se llevan las manos a la cabeza, horrorizados por presenciar la concepción errónea de un “Dios castigador y negligente”, se lleven las manos a la cabeza por las malas decisiones tomadas por el ser humano, comenzando por el aborto, que cobra mas vidas diarias que todas las catástrofes unidas de un solo año.
Twitter: @stevenneira
Cuenta de Ask: ask.fm/stevenneira
http://www.aleteia.org/es/religion/articulo/isis-boko-haram-por-que-dios-siendo-tan-bueno-permite-cosas-tan-malas-5795179579572224?page=2
Soy un homosexual en busca de Dios
Lo encuentro, después huyo y después me alcanza de nuevo, incluso en los lugares más oscuros.
Si hace tiempo se buscaba “Eliseo del Deserto”, la primera sugerencia que salía era “fake”, o sea “falso”, identidad tarocca. Eliseo del Deserto es el pseudónimo que uso para escribir. Soy un bloguero que gozó de cierta popularidad en verano de 2013, cuando escribí una carta al Papa Francisco. Eran los días de la Jornada Mundial de la Juventud en Río, y de la memorable rueda de prensa en la que dijo “quién soy yo para juzgar”.
Me sentí interpelado por el pontífice, porque soy homosexual y busco a Dios desde siempre, lo encuentro, después huyo y luego me alcanza de nuevo, incluso en los lugares más oscuros en los que me escondo. El Papa Francisco nos ha acostumbrado a oír hablar de estos lugares: son las periferias de la existencia. La mía es una periferia moral, de quien no se acepta, de quien intenta saciar su sed de amor en el sexo, de quien quisiera seguir a Dios, pero se siente un paria.
Así, me ofrecí voluntario. “Querido Papa Francisco, quiero ir yo a las periferias de la homosexualidad, para llevar la luz de Dios, ¡reza por mi!”; nunca recibí respuesta, pero desde ese día, de todo el mundo, chicos y chicas, hombres y mujeres que comparten mi misma situación, me escriben pidiéndome un consejo o sencillamente un poco de amistad.
No faltan los que no me soportan porque según ellos doy una imagen falsa del mundo gay. Les molesta también que escriba en el diario “La Croce” (diario católico italiano, n.d.t.), pero no puedo callar. Estoy aquí para revelaros el falso mito del mundo gay, falso a partir precisamente de la palabra que lo describe, “gay” (alegre), porque no hay serenidad ni alegría en él. Se necesita ostentar colores, brillos y alegría donde sólo hay una vorágine que llenar. Un mundo que es solo apariencia porque dentro no se puede estar, hace demasiado daño.
La homosexualidad, un argumento cada vez más incandescente. Un avispero que si no llevas cuidado te desencadena encima enjambres de avispas enfurecidas; como le sucedió a Guido Barilla, acusado de homofobia por haber declarado que quería poner en sus anuncios sólo modelos de familia tradicional, y obligado a un mea culpa público. Le escribí también una carta, muy criticada, donde le pedí perdón en nombre de la comunidad LGBT por las ofensas que había recibido.
Pero ¿el motivo de la lucha de los LGBT está totalmente equivocado? No. Aunque la homofobia es un falso mito, no lo es el bullying. Fenómeno que no se dirige exclusivamente contra los homosexuales, pero yo lo he sufrido, sé lo que significa. Estamos de acuerdo en que en las escuelas no es lícito promover la teoría de género, pero estoy convencido de que es necesario promover el valor de la diferencia, sin que esto menoscabe a otros, como sucede por ejemplo en las escuelas en las que se quita el crucifijo por respeto a las demás religiones.
¿Los católicos tienen siempre razón? No. La indignación que exhiben algunos post en Facebook y Twitter da náuseas. Un católico no puede escandalizarse, porque debería saber que él no es mejor que los demás. Pienso siempre en santa Teresita, cuando escribía que si ella no tenía pecados graves en la conciencia era sólo porque la Misericordia de Dios la había preservado, y con todo se consideraba una gran pecadora.
Sostengo desde siempre la necesidad de manifestarse por la defensa de la libertad de expresión, por los derechos de la familia y de los niños; he participado en las reuniones de la Manif pour Tous y en las veladas de los Sentinelle in Piedi, pero creo que ha llegado el momento de ir más allá.
Noto que los corazones se endurecen cada vez más, enrocados en ideales cada vez más parecidos a ideologías, que nos llevan lejos de la esperanza y del amor que debemos en cambio seguir y testimoniar.
En algunos casos ya no encuentro ninguna diferencia entre la militancia LGBT y la militancia católica.
Precisamente en estos tiempos en los que el Papa quiere renovar el rostro de la Iglesia, también nosotros tenemos que cambiar de actitud. Perdonad la banalidad de la expresión, pero ¡tenemos que ser más simpáticos! Debemos sobre todo volver a esperar, también en este tiempo en el que parece que todo se derrumba.
Quisiera concluir esta presentación mía con las palabras que Elliot hizo pronunciar a Tomás Becket en su representación “Asesinato en la Catedral”. Palabras que dan sentido también a mi deseo de escribir en un diario que tiene un título comprometido: “La Croce”.
El arzobispo Tomás Becket, riñendo a los sacerdotes que querían cerrar las puertas de la catedral de Canterbury para defenderle de los enemigos que le querían matar, dice: “¡Desatrancad la puerta! (…) La Iglesia estará abierta, incluso a nuestros enemigos” “No estamos aquí para triunfar con la lucha, con la estratagema o la resistencia. Ni luchar con bestias, como hombres. Con la Bestia luchamos ya y fue conquistada. Sólo podemos conquistar ahora con el sufrimiento. Es la victoria más fácil. Ahora es cuando llega el triunfo de la Cruz. Ahora, abrid la puerta”.
Artículo publicado en italiano originalmente en el diario La Croce
http://www.aleteia.org/es/estilo-de-vida/articulo/soy-un-homosexual-en-busca-de-dios-5855474209521664?page=2
Una historia de milagros
Todos los días suceden milagros, tener vida es uno de ellos…
res personas iban caminando por una vereda de un bosque; un Sabio con fama de hacer milagros, un poderoso terrateniente del lugar y, un poco atrás de ellos y escuchando la conversación, iba un joven estudiante -alumno del Sabio-.
Fue entonces cuando el poderoso dirigiéndose al Sabio dijo:
- Me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa y que incluso puedes hacer milagros.
- Soy una persona vieja y cansada… ¿Como crees que yo podría hacer milagros? -respondió-
- Me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos… esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso.
- ¿Te referías a eso?… Tú lo has dicho, esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso… no un viejo como yo. Esos milagros los hace Dios, yo solo pido se conceda un favor para el enfermo, o para el ciego, y todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo.
- Yo quiero tener la misma fe para poder realizar los milagros que tú haces… muestrame un milagro para poder creer en tu Dios.
Ante la insistencia de aquél hombre poderoso, el Sabio aceptó mostrarle tres milagros. Y así, con la mirada serena y sin hacer ningún movimiento le preguntó:
- ¿Esta mañana volvió a salir el sol?
- Si, claro que si.
- Pues ahi tienes un milagro….. el milagro de la luz.
- No, yo quiero ver un verdadero milagro, oculta el sol, saca agua de una piedra…. mira, hay un conejo herido junto a la vereda, tócalo y sana sus heridas.
- ¿Quieres un verdadero milagro? No es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos dias?.
- ¡Si! Fue varón y es mi primogenito.
- Ahi tienes el segundo milagro…. el milagro de la vida.
- Sabio, tu no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro…
- ¿Acaso no estamos en época de cosecha? Hay trigo y sorgo donde hace unos meses solo habia tierra…
- Si, igual que todos los años.
- Pues ahí tienes el tercer milagro…
- Creo que no me he explicado. Lo que yo quiero…
Sus palabras fueron cortadas por el Sabio, quien convencido de la obstinación de aquel hombre y seguro de no poder hacerle comprender la maravilla que existe en todo aquello que le había mostrado señaló:
- Te has explicado bien, yo ya hice todo lo que podia hacer por ti… Si lo que encontraste no es lo que buscabas, lamento desilusionarte, yo he hecho todo lo que podía hacer.
Dicho esto, el poderoso terrateniente se retiró muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba. El Sabio y su alumno se quedaron parados en la vereda. Cuando el poderoso terrateniente iba muy lejos como para ver lo que hacían el Sabio y su alumno, el Sabio se dirigió a la orilla de la vereda, tomó al conejo, soplo sobre el y sus heridas quedaron curadas; el joven estaba algo desconcertado:
- Maestro te he visto hacer milagros como este casi todos los días, ¿Por qué te negaste a mostrarle uno al caballero?, ¿Por que lo haces ahora que no puede verlo?
- Lo que el buscaba no era un milagro, sino un espectáculo. Le mostré tres milagros y no pudo verlos. Para ser rey primero hay que ser príncipe, para ser maestro primero hay que ser alumno… no puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día. Cuando aprendas a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas más milagros que los que Dios te da todos los días sin que tú se los hayas pedido. Entonces te darás cuenta de que Su Misericordia sobrepasa con sus milagros más de lo que tú podrías imaginar o pedir.
http://encuentra.com/reflexiones_de_valor/una_historia_de_milagros_14366/
Gratitud al invisible
Se cuenta una leyenda de dos jóvenes vagabundos que comentaban irónicamente el hecho de que la gente acudiese a la iglesia a adorar a un Dios que no se ve.
Un rico caballero, compadecido de aquellos miserables de cuerpo y alma, hízoles llevar, cuando se hallaban dormidos, a un palacio situado en una isla. Allí las comidas aparecían por encanto y si se empeñaban en vigilar su aparición las encontraban dispuestas en otro aposento. Un coche del mejor modelo estaba a su disposición a la puerta del jardín. Las luces y la calefacción se encendían a su hora por mano invisible.
Notaron que la parte del edificio que a ellos era dable recorrer no era más que una mitad y nunca se abrían ante sus ojos las puertas azules que daban acceso a la otra. Intrigados empezaron a dirigirse en voz alta a su benefactor invisible, y muchas veces, aunque no siempre, veían cumplidas sus demandas. También daban gracias, a grandes voces, expresando su deseo de conocer a su generoso protector.
En una de tales ocasiones abríase una de las azules puertas y apareció éste sonriendo, rodeado de una multitud de criados.
Podéis comprender ahora, les dijo, por qué muchos hombres inteligentes rinden culto a un Dios que no ven. Tienen motivo para ello pues, ¿no encuentran preparada todos los años su comida por las fuerzas de la providencia? ¿No las ilumina y calienta su sol todos los días? ¿No pasean su ser moral en un maravilloso vehículo de carne y huesos cuyo motor no para nunca? Justo es que sean como vosotros agradecidos a Quien, no dejándose ver corporalmente, se hace visible por sus obras.
¿A qué temo más?
Autor:
Enviado por: Sergio Irizarry
El hombre. Un cascabel de temores, inseguridades y angustias. Los corazones
de las personas se llenan de miedo de perder el empleo, miedo de ser abandonado, de enfermarse, de perder a los seres queridos, miedos de todo
tipo.
¿Pero, existe algún temor que sea de alguna manera útil en mi camino de
crecimiento espiritual?. Claro que existe: es el temor de no ser digno, de
errar el camino. Temo a mi mismo, temo no ser digno de Dios, temo no tener
la fortaleza suficiente para no pecar, temo olvidarme que sólo Dios Es, temo pensar que SOY algo, que algo es mérito mío.
Este Santo Temor, Santo porque significa que no quiero ofender a Dios, es la base del Temor de Dios, ese importante Don del Espíritu Santo. Temer no ser capaz de agradar al Señor, temor de no estar interpretando la Voluntad de Dios del modo correcto, temor de estar actuando por las necesidades del ego (ese falso ídolo que construimos en nuestro interior) en lugar de satisfacer el querer de Jesús.
Cuando el temor de Dios se coloca por encima de nuestros temores terrenales, los miedos cotidianos se terminan de un plumazo. Si mis temores se basan en mi deseo de agradar al Creador, ¿por qué temer a los dolores que pueda tener en este mundo?. Nada se interpone, todo se resume en la mirada de Jesús puesta en nosotros. ¿Por qué temer entonces a la muerte, los problemas de trabajo o salud?. Si la Voluntad de Dios se manifiesta en nuestras vidas dándonos alegrías o pruebas, ¿por qué voy a temer a lo que me pueda pasar, si todo es parte del plan de Dios?.
Cuando algo grave pasa en nuestra vida, enfrentamos la prueba suprema:
algunos, entonces, se enojan con Dios porque no pueden entender que El envíe algo malo sobre sus vidas. ¡No tienen temor de Dios!. ¿Cómo poder enojarse con Dios?. ¿Cómo puede uno pretender saber qué es bueno o malo para nuestra vida?. Sin embargo ocurre a diario.
Otros (al enfrentar momentos de supremo dolor) se entregan aún más a Dios,
entendiendo que el alma nada puede ni nada DEBE hacer frente a la Voluntad
Divina. De este modo sus almas se purifican en el crisol del dolor, que quema las impurezas y desintegra los deseos de la propia voluntad, uniendo el alma a la Voluntad del Creador. Nada importa, solo interpretar la Voluntad del Señor en nuestras vidas, y seguirla.
No podemos pretender entender por qué Dios hace las cosas, sólo El conoce el plan de nuestra vida. Entonces, no se debe temer a las cosas del mundo, sólo debemos temer a nuestra propia debilidad, a nuestra incapacidad para agradar al Señor.
Temo ser uno más que clava espinas en Tu Santa Frente, Señor. Temo agregar
más peso a la Cruz que este mundo sigue cargando sobre Tu Espalda. Temo ser
un clavo en Tus Santas Manos. Temo ser la espada que atraviesa tu Sagrado
Corazón. ¡Temo no ser un consuelo para Ti, Señor!.
Santo temor de Dios, sé mi brújula cada día. Ahuyenta los falsos temores del mundo, dame la fortaleza necesaria para no tener miedo alguno a los avatares de mi vida. Vacíame de mi mismo, hazme un hueco profundo en el que pueda entrar Tu Santo Espíritu. LLÉNAME DE TI, SEÑOR.....
Vino a su casa
Vino a su casa y los suyos no le recibieron.
Todas las cosas han venido a la existencia gracias a Él.
Nada sin Él.
Ni tú, ni yo, ni los otros, ningún hombre.
Ni una hoja, ni una flor.
Nada sin Él, porque en Él está la Vida
y la vida es el aire que respiramos,
el sol que nos ilumina.
La vida es la fuerza que llevamos dentro
y que nos empuja a caminar.
Vino a su casa
porque en Él el mundo palpita,
pero el mundo no le ha conocido.
El mundo sólo conoce aquello que es suyo, y él no es del mundo sino que es en el mundo.
Y el mundo no lo ha conocido.
Vino a su casa
y, aunque los suyos no lo han acogido, él se ha quedado.
Ha puesto entre nosotros su Tabernáculo
y de su plenitud, todos nosotros hemos recibido
gracia sobre gracia.
Él viene, viene cada día, y nosotros no le acogemos.
Está en medio nuestro y no lo reconocemos,
nos habla y no le entendemos.
Nuestro corazón está ofuscado,
nuestro entendimiento bloqueado y ciegos nuestros ojos.
Y no lo vemos ni lo sentimos.
Ni la carne, ni la sangre, nos dan el ser Hijos de Dios,
sino el hacer su voluntad.
http://www.motivaciones.org/MOTIV004/ctosevinoasucasa.htm
Se Necesita Amor... pero mucho Amor...
* Para huir de los chismes cuando los demás se deleitan en ellos.
* Para defender a una persona ausente a quien sé crítica abusivamente.
* Para ser verdaderamente hombre o mujer aferrándose a nuestros ideales cuando esto nos hace parecer extraños o singulares.
* Para guardar silencio en ocasiones que una palabra nos limpiaría del mal que se dice que nosotros, pero perjudicaría a otra persona.
* Para vivir según nuestras convicciones.
* Para ser lo que somos y no pretender ser lo que no somos.
* Para vivir honradamente dentro de nuestros recursos y no deshonradamente a expensas de otros.
* Para ver en las ruinas de un desastre que nos mortifica y humilla los elementos de un éxito futuro.
* Para negarnos a hacer una cosa que es mala, aunque otros la hagan.
* Para no juzgar sino mas bien comprender.
* Para respetar al otro y aceptarlo como es con sus virtudes y sus defectos.
* Y sobre todo para dar a Dios el lugar que se merece en nuestra vida...el mejor!
http://www.motivaciones.org/MOTIV004/ctosesenecesita.htm
¿Se pueden mover montañas con la oración?
San Juan nos enseña: Esta es la confianza que tenemos delante de Dios, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, Él nos oye
Pregunta: Estimado Fray Nelson: Le sigo a diario en sus explicaciones sobre las lecturas diarias de las Escrituras. Me permito solicitar su explicación sobre el capítulo 21 de San Mateo, especialmente los versículos 21 y 22. ¿Debo tomarlo al pie de la letra? Gracias anticipadas y que el Señor le guarde y le acompañe * * *
Respuesta de Fray Nelson Medina: “Respondiendo Jesús, les dijo: En verdad os digo que si tenéis fe y no dudáis, no sólo haréis lo de la higuera, sino que aun si decís a este monte: “Quítate y échate al mar”, así sucederá. Y todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis.” (Mateo 21,21-22)
Del texto resulta claro que lo contrario de la fe son las dudas. Lo que no es inmediatamente claro es cuáles son esas dudas y qué las produce. Existe la tentación de pensar que la eliminación de las dudas consiste simplemente en auto-sugestionarse, algo como lo que propone el llamado “pensamiento positivo.” Como si el solo hecho de repetirse uno muchas veces en la cabeza que algo va a salir bien fuera la fórmula para no dejarle espacio a la duda, y de ese modo lograr lo que no quiere… hasta trasladar montañas con la mente. Ese enfoque “mental” sobre la oración tiene mucho que ver con la concentración, la sugestión y el cerebro pero tiene poco o nada que ver con la Biblia. En la Sagrada Escritura, la duda está relacionada fundamentalmente con la división. El que está dividido interiormente esta condenado a fracasar, según lo recuerda expresamente un dicho de Jesucristo: “Todo reino dividido contra sí mismo quedará asolado, y toda ciudad o familia dividida contra sí misma no se mantendrá en pie” (Mateo 12,25). Cuando Pedro da unos pocos pasos sobre el agua, se da cuenta del oleaje y de la fuerza del viento, y entonces queda dividido, como si se dijera: “Dios es poderoso pero este viento también es poderoso, y entonces, ¿qué será de mí?” La división hace que dude, y la duda destruye su fe y hace que se hunda. Cristo se apareció, ya resucitado, a sus discípulos. Nos enseña San Lucas 24, 37-39: “Ellos, aterrorizados y asustados, pensaron que veían un espíritu. Y El les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies, que soy yo mismo; palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.” Nuevamente estamos ante un caso de división interior: se puede afirmar que es Jesús pero también se puede afirmar que es un espíritu. Y la división hace que surjan dudas en el corazón. Si la duda viene de la división, la superación de la duda viene de un corazón consolidado, o mejor: unido. “Que vuestro corazón sea todo para el Señor, nuestro Dios, como lo es hoy, para seguir sus leyes y guardar sus mandamientos,” exhorta 1 Reyes 8,61. El corazón encuentra su unidad cuando se reúne y se da por completo a Dios, según el antiguo mandamiento: “Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza” (Deuteronomio 6,4-5). Llegamos así a la conclusión: el corazón que tiene perfecta fe es el que no tiene dudas; el corazón libre de dudas es el corazón que no está dividido; el corazón sin divisiones es el que vive el primer mandamiento, es decir, el corazón que ama con plenitud de donación a Dios. O sea que el corazón que mueve montañas es el corazón que está adherido totalmente a Dios, rendido a Él, y por consiguiente, fundido en su voluntad. Así lo presenta también el apóstol Juan: “Y esta es la confianza que tenemos delante de El, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, Él nos oye” (1 Juan 5,14). ¿Se pueden mover montañas? Sí, por supuesto. Aquel que está unido al querer de Dios, y que siguiendo ese querer encuentre una montaña que obstruye su camino, sin desprenderse de Dios, a quien ama con todo su ser, ore, y por supuesto que esa, y todas las montañas, darán paso a su oración, sencillamente porque todo obedece a Dios. Fuente: Fray Nelson Medina | FrayNelson.com
http://www.pildorasdefe.net/post/oracion/IHS.php?id2=oracion-mover-montanas-fe-voluntad-Dios
"SOMOS SU SUEÑO DE AMOR"
Dios está enamorado de nosotros y nosotros somos su sueño de amor, este ningún teólogo lo puede explicar, sino que podemos sólo llorar de alegría: esto, en síntesis, cuanto dijo el Papa Francisco en la homilía de la mañana en Santa Marta. Partiendo de la primera lectura del profeta Isaías, donde el Señor dice que creará “nuevos cielos y nueva tierra”, el Papa Francesco reafirma que la segunda creación de Dios es aún más “maravillosa” que la primera, porque “cuando el Señor ‘rehace’ el mundo arruinado por el pecado”, lo ‘rehace’ en Jesucristo. En esto renovar todo, Dios manifiesta su inmensa alegría. “Encontramos que el Señor tiene mucho entusiasmo: habla de alegría y dice una palabra: ‘Gozaré de mi pueblo’. El Señor piensa en lo que hará, piensa que Él, Él mismo estará en la alegría con su pueblo. Y como si fuese un sueño del Señor: el Señor sueña. Tienes sus sueños, sus sueños sobre nosotros”. “‘Ah, qué bello será cuando nos encontremos todos juntos, cuando nos encontremos allí o cuando esa persona, esa otra… esa otra caminará conmigo … ¡Yo gozaré en ese momento!’. Para poner un ejemplo que nos pueda ayudar, como si una chica con su novio o el chico con la novia (pensase): ‘Cuando estaremos juntos, cuando nos casemos …’. Es el ‘sueño’ de Dios”. “Dios – prosiguió el Papa – piensa en cada uno de nosotros” y “piensa bien, nos quiere, ‘sueña’ con nosotros. Sueña en la alegría que gozará con nosotros. Por esto el Señor quiere ‘re-crearnos’, hacer nuevo nuestro corazón, ‘re-crear’ nuestro corazón para hacer triunfar la alegría”. “
¿Lo han pensado? ‘¡El Señor sueña conmigo! ¡Piensa en mi! ¡Yo estoy en la mente, en el corazón del Señor! ¡El Señor es capaz de cambiarme la vida!’. Y hace muchos planes: ‘Fabricaremos casas, plantaremos viñas, comeremos juntos’ … todas estas ilusiones que hace sólo un enamorado … Y aquí el Señor se muestra enamorado de su pueblo: ‘Yo no te elegí por ser el más fuerte, el más grande, el más poderoso. Te elegí porque eres el más pequeño de todos. También puedes decir: el más miserable de todos. Pero te elegí así’. Y esto es el amor”. Dios “está enamorado de nosotros” – repitió el Papa, comentando también el pasaje del evangelio sobre la curación del hijo del funcionario real. “Creo que no hay ningún teólogo que pueda explicar esto: no se puede explicar. Sólo se puede pensar en él, sentirlo y llorar. De alegría. El Señor nos puede cambiar. ‘¿Y qué tengo que hacer?’. Creer. Creer que el Señor puede cambiarme, que Él es poderoso: como hizo con ese hombre que tenía el hijo enfermo, en el Evangelio. ‘Señor, baja antes de que mi niño muera’. ‘Ve, tu hijo vive!’”. “Ese hombre creyó en la palabra que Jesús le dijo y se puso en camino. Creyó. Creyó que Jesús tenía el poder de cambiar a su niño, la salud de se niño. Y ha vencido. La fe es hacer espacio en este amor de Dios, es dar espacio al poder de Dios, pero no al poder de uno que es muy poderoso, sino al poder de uno que me amo, que está enamorado de mi y que quiere la alegría conmigo. Esto es la fe. Esto es creer: es dar espacio al Señor para que venga y me cambie”.
Fuente: Aleteia.
http://oleadajoven.org.ar/index.php/Articulos/10496/somos-su-sue-o-de-amor
Qué es el infierno, la moral y qué hacer ante las injusticias
Papa Francisco explica. VATICANO, 09 Mar. 15 / 10:31 am (ACI/EWTN Noticias).- En la tarde del domingo, el Papa Francisco continuó con la tradición de visitar las parroquias de la periferia de Roma acudiendo en esta ocasión a la de Santa María del Redentore di Tor Bella Monaca. Allí se reunió con distintos grupos de fieles. Primero visitó a los enfermos, a quienes llevó una palabra de esperanza. “Les doy las gracias por vuestra sonrisa”, les dijo Francisco. “El Señor los quiere mucho, está cerca suyo”, añadió. Les recordó que “el Señor nunca nos abandona, ni siquiera en los momentos feos”, y pidió tener confianza en Él también en esos momentos en los que “llega un poco de nostalgia, un poco de tristeza, las lágrimas nos caen, el llanto… pero hagamos así con la mano y digamos: ‘Señor, sé que Tú estás aquí’”. “Él vivió un momento feo en la cruz –¿lo recuerdan?- Él ha sido el primero en abrirnos camino a todos nosotros. Y por eso sabe qué es el dolor, la tristeza, estar solos y tantas otras cosas…”. Además, “con el Señor está nuestra madre; las madres nunca dejan solos a los hijos, y la Virgen es nuestra madre”. El infierno A continuación se encontró con los niños y los jóvenes que le hicieron algunas preguntas. Una de ellas fue por qué si Dios es bueno existe el infierno y cómo es el Paraíso. El Papa respondió que “Dios perdona todo, pero saben que había un ángel muy orgulloso, muy orgulloso, que era muy inteligente, y tenía envidia de Dios, ¿entienden? Quería ser Dios. Y Dios quiso perdonarlo, pero él decía: ‘Yo no tengo necesidad de perdón, ¡me basto a mí mismo!’”. Por tanto, “al infierno no te mandan: si vas es porque lo eliges tú. El infierno es querer alejarse de Dios porque no quiero el amor de Dios. El diablo es el infierno porque él lo ha querido: nunca más tener relación Dios. Pero si tú eres un pecador, si fueras un pecador tremendo, con todos los pecados del mundo, todos y después te condenaran a la pena de muerte, y cuando estás allí, blasfemas, insultas, muchas cosas… Y en el momento de ir allí, a la pena de muerte, cuando estás a punto de morir, miras al Cielo y dices: ‘¡Señor! ¿Dónde vas, al cielo o al infierno?”. A su pregunta, el Santo Padre respondió: “al cielo, porque había otro que era un ladrón, pero un ladrón de aquellos… y fue crucificado al lado de Jesús. Y uno de estos dos ladrones insultaba a Jesús. Este no creía a Jesús; soportaba los dolores hasta la muerte. Pero en un momento, algo se movió en su interior y dijo: ‘Señor, ¡ten piedad de mí!’. ¿Y qué dijo Jesús? ‘Hoy estarás conmigo en el Paraíso’”. Así que “va al infierno solamente aquél que dice a Dios: ‘No te necesito, me arreglo yo sólo’, como ha hecho el diablo que es el único del que estamos seguros que está en el infierno”. Moral cristiana La siguiente cuestión que respondió fue cómo vivir de manera adecuada la moral cristiana, dado que en los tiempos actuales es muy complicado. A esto, Francisco dijo que “vivir moralmente es una gracia, es una respuesta al amor que Él te da primero. Si tú no eres consciente de que Él te ama, no puedes hacer nada. La manera moral de vivir es una respuesta a ese encuentro con Jesús. Si tú nunca hubieras encontrado a Jesús, nunca, nunca podrías vivir una vida cristiana. Es Jesús el que te ayuda a avanzar, y si caes Él te alza y te hace seguir adelante”. También advirtió de que “si tú piensas y nosotros pensamos que la vida moral es sólo ‘hacer esto’, ‘no hacer esto’, ‘hacer esto’, no hacer esto’… esto no es cristiano. Es una filosofía moral, pero no es cristiano. Cristiano es el amor de Jesús que nos ama primero”. El Pontífice comentó que “cuando todos tenemos tentaciones de envidia, celos, muchas tentaciones, en el momento de la tentación, debemos mirar a Jesús y decir: ‘Señor, mírame, no me dejes solo’. Si después caes, levántate”. Esto es “la moral cristiana, alzarse rápido y seguir adelante”. Por último a la pregunta de una niña sobre qué sintió al ser elegido Papa, Francisco respondió entre risas: “no sé… me han cambiado de diócesis, yo era feliz en una diócesis y ahora soy feliz en otra. Me han cambiado”. Las injusticias Antes de presidir la Misa con la que terminó la visita, el Papa se reunió con el Consejo Pastoral de la parroquia. Les habló de las injusticias y de cómo todo cristiano ayuda al prójimo. “Si tu hijo tiene hambre y la sociedad no te ayuda a trabajar, no te ayuda a encontrar un trabajo, no te ayuda a salir de los vicios… debes dar de comer a los hijos… esto lo digo para hacer entender bien la situación de mucha gente que es buena, pero la vida le empuja contra el muro”. “Ustedes trabajan para que estas situaciones no se repitan, para que estas situaciones no sean cotidianas: trabajan para continuar y avanzar con la gente y decirle: ‘no, ven aquí, ¿qué necesitas? Yo te ayudaré’. Y muchas veces la gente, cuando se siente acompañada, querida, no cae en esa red de malvados que explotan a la gente pobre”. Sobre esta realidad apuntó también que “los mafiosos explotan a la gente pobre para hacerle hacer el trabajo sucio y después, si la policía encuentra, encuentra a esa pobre gente pero no a los mafiosos que se encuentran todos seguros y pagan también la seguridad”. Sobre cómo ayudar a la gente, Francisco aconsejó aproximarse con “cercanía”, con aquella caricia que Jesús nos ha enseñado. Para salvarnos Dios se ha hecho cercano a nosotros, se ha hecho uno de nosotros: ¡Y ha sufrido por nosotros!”. Sobre las muchas injusticias que existen, el Santo Padre señaló que “si hay tanta injusticia, haciendo manifestaciones políticas contra la injusticia, gritando, y después yendo a comer una buena pizza con una cerveza no sirve. Sirve la cercanía, las caricias, el amor, compartir la vida”. Una historia de Buenos Aires El Papa contó que este mismo día había recibió un email de un amigo judío de Buenos Aires. “Me contaba una historia: los judíos tienen historias antiguas de rabinos ancianos que son como catequesis, que los viejos rabinos hacían para que la gente aprendiese cómo se debe actuar-, sobre un hombre rico y muy inteligente. En su inteligencia leía la Biblia y decía: ‘El Profeta Elías debe regresar, debe venir…’ y no entendía por qué no venía. Fue a su rabino y éste –viejo y sabio- le dijo: ‘Ve a otro país y encontrarás una casa que es así, así y así. Toma todo, todas las cosas para hacer la fiesta, –porque llegaba la fiesta de Año Nuevo- todas las cosas para comer, y llévalas allí como regalo y estate con ellos un día de fiesta. Y allí encontrarás a Elías’. “Este hombre rico llenó dos cestos, se fue e hizo la fiesta con ellos, pero miraba, miraba y no veía a Elías. Después regresó, tras un día, volvió donde el rabino y le dijo: ‘He hecho lo que me dijiste, pero no he visto a Elías. ¿Qué tengo que hacer? ¡Me has engañado!’. Él le dijo: ‘Vuelve pasado mañana, con las mismas cosas, pero no llames a la puerta: escucha desde la ventana de qué hablan’. Eran los últimos días de la fiesta. Este hombre se acercó a la ventana, escuchó y la familia hebrea pobre, pobre, pobre que no tenía nada que comer, hablaba a los hijos que decían: ‘Mamá, ¿Ahora como festejamos el último día de la fiesta si no tenemos qué comer?, ¿Cómo hacemos papá?’. Y la madre y el padre dijeron: ‘Tenemos confianza: así como Elías, el profeta, vino el primer día, volverá también hoy’. Y aquél hombre, que escuchaba desde la ventana, se dio cuenta de que el profeta Elías era él”. Francisco explicó que “también nosotros somos profetas, grandes profetas, pero anunciamos a Jesucristo con gestos, también con las palabras, pero primero con los gestos. Con la cercanía”. “Acaricien a la gente, a los enfermos, los que están solos, también a aquellos que merecen el apelativo de ‘miserables’: acarícienlos, como Dios nos ha acariciado a nosotros”.
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El amor que unía al cardenal con su hermano homosexual
Acoger, acompañar, sanar y mostrar el rumbo, involucra tomar sobre sí los pecados del mundo. Es lo que hizo Jesús… e intentan quienes le aman. El vaticanista Sandro Magister en una de sus habituales y coloridas columnas recordó el testimonio de vida del Cardenal Jean Daniélou, quien ofreció a Dios su vida, por la salvación de su hermano homosexual, Alain… Lo revelan sus diarios espirituales. El cardenal Jean Daniélou tomaba sobre sí los pecados de su amadísimo hermano Alain, para salvar su alma. Es la lección de vida de uno de los mayores teólogos del siglo XX, patrólogo y liturgista, jesuita y cardenal, al que se le restó importancia injustamente después de su muerte en 1974, acaecida en la casa de una prostituta parisina a la que él ayudaba. Los "Carnets spirituels" de Daniélou, sus diarios espirituales, publicados veinte años después de su muerte, han levantado el velo sobre su espíritu y sus obras escondidas. Como también lo ha hecho "Le chemin du labyrinthe", la autobiografía de su hermano Alain, homosexual, convertido a un hinduismo de impronta erótica y compañero de vida del fotógrafo suizo Raymond Burnier. Jonah Lynch, de la Pontificia Universidad Gregoriana, dice a este respecto: "De los diarios, son conmovedoras las páginas en las que Jean Daniélou ofrece la propia vida por la salvación de su hermano homosexual Alain, mientras éste, a su vez, en el 'Chemin du labyrinthe' rinde homenaje a Jean y a su amor sincero, si bien no comparte sus posiciones. Se ve resplandecer en la vida del cardenal un enfoque 'pastoral' y delicado, un genuino amor evangélico, tan de moda ahora, pero junto al elevadísimo precio que dicho amor exige. En Jean Daniélou el amor a los alejados no era un mero adorno, sino una realidad que valía incluso el martirio". A partir de 1943, junto al gran estudioso del islam Louis Massignon, Daniélou celebró todos los meses, con la mayor discreción, una misa por los homosexuales, "por su salvación". Lo confirma la sobrina nieta Emmanuelle de Boysson en su libro dedicado a los dos hermanos "Le Cardinal et l’Hindouiste". Pero también escribe sobre ello su propio hermano Alain en su autobiografía, de la que vale la pena releer esta página: "Jean tuvo siempre hacia mí una amabilidad perfecta. Durante toda su vida sintió remordimientos por el modo como la familia me había tratado y dejado sin sustento. Se lo decía a menudo a amigos comunes. Cuando mi amigo Raymond murió le confió a Pierre Gaxotte, en los pasillos de la Academia de Francia, que sentía una gran tristeza pensando en lo afectado que debía de estar yo. Ser nombrado cardenal fue para Jean una liberación. Era finalmente libre de la constricción jesuítica de la que, estoy seguro, había sufrido. Los últimos años de su vida fueron los más felices.” "Su muerte y el escándalo que ésta provocó, pues él ya era una de las mayores figuras de la Iglesia, ha sido una especie de venganza póstuma, uno de los favores hechos por los dioses a los que aman. Si hubiera muerto unos instantes antes o después, o si hubiera estado visitando a una señora del distrito dieciséis (distrito residencial muy caro de París, ndt) con el pretexto de obras de beneficencia, en lugar de llevar las ganancias de sus escritos teológicos a una pobre mujer necesitada, no habría habido ningún escándalo.” "Desde siempre, Jean se había dedicado a las personas mal vistas. Intentaba ayudar a los detenidos, a los delincuentes, a los jóvenes con dificultades, los homosexuales, a las prostitutas. He admirado profundamente este final de vida, similar al de los mártires, cuyo aroma sube al cielo entre la abominación y el sarcasmo de la multitud.” "Ha muerto como mueren los verdaderos santos, en la ignominia, entre risas burlonas, con el desprecio de una sociedad resentida y vil. En los últimos años de la vida de mi hermano yo vivía cerca de Roma y era, según la opinión del clero, un apóstata de cierto relieve. Había quien nos confundía y algunos críticos habían incluso atribuido a mi hermano mi libro 'L'Érotisme divinisé', diciendo: 'Ya sabemos la libertad de espíritu que tienen los jesuitas, pero…'. Mi hermano tuvo que demostrar que el escándalo no lo ocasionan nuestras creencias o nuestro actos, sino la ironía de los dioses, que se ríen de este tropel de reglas de vida y de las denominadas 'verdades que hay que creer', de las cuales los hombres se atribuyen la paternidad". También en los diarios espirituales del teólogo y cardenal Jean Daniélou aflora el ansia por la salvación del alma de su amadísimo hermano homosexual. Como cuando recuerda, por ejemplo, su propio deseo de ir como misionero a China: "Los motivos de mi deseo de ir a China hay que buscarlos en el celo por la salvación de las almas, objeto de mi vocación. La vida de un jesuita está completa sólo si participa en la pasión de Nuestro Señor, y también en su vida pública. Sé que en ninguna parte Nuestro Señor rechaza dicha participación a quien se la pide; pero temo relajarme en este deseo. En las misiones hay una dosis casi segura de privaciones, de desilusiones, de peligros, tal vez la muerte, tal vez el martirio. Además de estos motivos, sé que tengo una capacidad de adaptación que me ayudaría a hacerme chino con los chinos; que la vida de misionero ofrece más ocasiones para actuar las obras de misericordia corporal que en Francia; que consideraré mi vida como no inútil si con motivo de ella el alma de Alain será salvada y que no conozco la medida de la inmolación que Dios desea para mí por esto". En otra página de los "Carnets spirituels", meditando sobre la pasión de Jesús en el Huerto de los Olivos, llega a desear poder asumir sobre sí el peso de los "pecados" de Alain y de cualquier otra persona: "Jesús, he entendido que no quieres que yo distinga mis pecados de los otros pecados del mundo, sino que yo entre más profundamente en tu corazón y me considere responsable de los pecados de las personas que tu desees: los de Alain, los de cualquier otro que tú quieras. Me haces sentir, Jesús, que debo bajar aún más y tomar sobre mí los pecados de los otros, aceptando en consecuencia todos los castigos que ellos atraerán sobre mí a causa de tu justicia y, de manera particular, el desprecio de las personas por las cuales me ofreceré a mí mismo. Aceptar, incluso desear, ser deshonrado, también a los ojos de quien amo. Aceptar las grandes infamias, de las que no soy digno, para estar preparado y aceptar, por lo menos, las pequeñas. Entonces, Jesús, mi caridad se asemejará a aquella con la que me has amado". …Y continúa… "Vivir de la fe, de lo cual lo que tengo más claro es que es incomprensible. Tener un humor franciscano, mortificado y alegre, travieso y místico, totalmente pobre. Admirar el humorismo con el que el cura de Ars se trataba a sí mismo para huir de cualquier vanidad. Revertir a lo cómico todo el lado vanidoso de mi vida". http://www.portaluz.org/articulo.asp?idarticulo=1058





