Pentecostés es un momento de paz y de pasión. No pueden seguir escondidos esos hombres que arden por dentro. "¿No ardían nuestros corazones cuando nos hablaba en el camino?". Dicen los discípulos de Emaús. No pueden guardarse el tesoro escondido. Salen de sí mismos, de su Cenáculo. Se ponen en camino.
¡Qué fácil nos resulta a veces quedarnos quietos sin hacer nada! Los apóstoles de Pentecostés salen. Vencen los miedos. Se arriesgan. Pueden morir en el intento. No les importa. Hablan en una lengua que todos entienden. Porque hablan al corazón de cada hombre. Porque escuchan en los corazones heridos en medio del camino. "Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma".
Salen de sí mismos y descubren una vida nueva. Tienen a Dios en su corazón y anhelan encontrar el bien escondido en cada hombre. No se sienten en posesión de la verdad absoluta. Simplemente entregan lo poco que tienen. Salen de sí mismos. De su centro. Descubren lo maravilloso que existe más allá de sus vidas. El centro es Cristo.
El Papa Francisco nos recuerda que es mejor una Iglesia que sale y se accidenta, que una Iglesia que vive enferma por no salir. Los apóstoles salen y se accidentan al salir. Pierden la seguridad, el honor, la vida. Se arriesgan a perder la salud. Por amor. Por el amor y la luz que reciben. Rompen la seguridad y la tranquilidad de sus vidas.
Con su amor vencen el odio. Dominan la rabia. Levantan hogares donde pueda reinar Dios. Son creíbles y creativos. Tienen gestos nuevos. Es la audacia de los enamorados. Descubren su misión. Una misión que los supera: "Hijo mío, no arrebates al pobre su sostén, no vuelvas tus ojos ante el necesitado. Da al hambriento y satisface al hombre en su necesidad. No irrites al corazón ya irritado y no difieras socorrer al menesteroso. No desdeñes al suplicante atribulado y no vuelvas el rostro al pobre. No apartes los ojos del necesitado". Eclesiástico 4,1-4.
La misión es un amor que tiene el centro fuera, en Jesús, en el necesitado. Un amor que se hace expansivo. Rompe los muros. Despierta vida dormida. Un amor que ayuda a cada uno a encontrarse con su verdad. Un amor que enciende y mueve. Un amor que tiene un lenguaje comprensible en mi propia lengua.
¡Qué difícil es amar en un lenguaje que todos comprendan! ¡Cuántas veces falla la comunicación del amor en el mismo matrimonio! No entendemos los gestos de amor del otro. Los rechazamos porque no recibimos lo que esperamos.
Necesitamos el Espíritu de Pentecostés para aprender a amar. Con el amor de Jesús. Con el amor de los santos. Las palabras pueden encendernos. Lo ejemplos son los que nos arrastran. El amor nos lleva a hacer cosas que nunca pensamos. Por amor cambiamos de vida, no tanto por lo que nos dicen.
Los apóstoles de Pentecostés arrastran por la forma de vida que proponen. Su testimonio es convincente. Su amor es comprensible. Hay personas así en nuestra vida. Su fuego y su palabra son para nosotros el viento de Dios. Damos gracias por esos que hablan nuestro idioma, por esos que nos regalan a Dios con la generosidad de sus vidas.
¡Qué importante es aprender a comunicar el amor! Lo santos se hacen maestros en la comunicación. Llegan al corazón de los hombres porque son dóciles a Dios en su corazón. Porque se dejan transformar por Él.
Sin santidad no hay misión. San Juan Pablo II lo decía: “La vocación a la santidad está unida a la vocación a la misión”. El santo sabe lo que quiere y quiere lo que hace. Tiene claridad en sus principios. Tiene un rostro. Es coherente en su vida.
Somos atractivos cuando nuestras palabras vienen respaldadas por nuestro testimonio. Una santidad que enamora y se realiza en obras. Porque nuestros gestos tienen la fuerza del amor.
Dios hace milagros con mis manos torpes que tiemblan. Dios hace que mis manos sean las manos de Jesús en la tierra. Jesús se va pero en cada uno hace milagros increíbles. Hace que la semilla crezca en el alma y se desborde.
Es el tiempo del misterio. De lo que no es lógico, ni esperable. El tiempo de los santos hechos a imagen de Dios. Hoy el Papa Francisco es creíble porque piensa lo que dice. Porque hace lo que propone. Porque ama al hombre en su lugar, en su vida.
El amor hecho carne siempre es atrayente. Es un amor novedoso. Expresado con un lenguaje conocido. Algo nuevo en estos tiempos de hoy. Jesús era creíble por su forma de amar. Porque su amor fue hasta el extremo. Porque no se miraba a sí mismo. Y los santos son creíbles cuando aman con ese mismo amor. Jesús miraba el corazón del otro y era capaz de cambiarlo con la mirada. Era un amor inmenso que se partía cada día.
San Pablo recoge las palabras de Jesús: "Hay más dicha en dar que en recibir". Hch 20, 28-38. Jesús se daba sin exigir nada. Nos muestra el camino de la felicidad. Amar sin esperar. Amar dándolo todo. Así seremos santos.
Dice el Padre José Kentenich: "El aspirar o no a la santidad marcará mi comportamiento con quienes me rodean"[1]. El amor de Jesús en el alma nos lleva a aspirar a la santidad. Y para ello estamos dispuestos a dejarnos hacer por el Espíritu.
Decía el Padre Kentenich: "Es la confianza en que Dios permanece fiel a nosotros y nos conduce por los caminos normales de la santidad, como, por ejemplo, por los caminos del desprecio, de la renuncia a uno mismo"[2].
Hoy despoja Dios a los discípulos de sus seguridades para que aprendan a amar en libertad. Los lleva a vaciarse para llenarse de Dios. En la oración del Cenáculo preparan su alma para que pueda llenarse. Allí María trabajó en sus corazones hasta vaciarlos. Así fue posible llenarse de Dios:
"En la vida cotidiana, las personas colmadas por el Espíritu Santo gustan de orar, porque por la oración el alma se introduce más hondamente en el mundo sobrenatural. En la vida de ciertos santos leemos que se lamentaban cuando se los apartaba de la oración; porque se los apartaba de un mundo que es distinto del que pisan nuestros pies»[3].
En la oración del Cenáculo se llenaron de Dios y fue posible salir a entregar lo que habían recibido. Dios responde. Siempre supera nuestra oración y expectativas. Siempre sorprende. ¿Qué lugar de mi vida y de mi alma necesito que se llene de Dios, de su Espíritu? ¿Cuál es mi lenguaje, ese que Dios utiliza para llegar a mí?
http://www.aleteia.org/es/estilo-de-vida/contenido-agregado/tu-amor-es-comprensible-para-los-demas-5892342108127232?page=2
¡Qué importante es aprender a comunicar el amor!
Sólo se ama lo que se conoce
Hoy el reto del amor es estudiar historia
Sólo se ama lo que se conoce
Descubrí que no cabíamos todos en la mesa de mi celda. Sin hacer mucho problema, empecé a extender libros por el suelo. ¡Logré una magnífica visión panorámica!
Pasó el tiempo sin que me diese cuenta y la campana de vísperas me pilló sumergida en mi mar de papel. De un salto me levanté de la silla para cambiarme de ropa y ponerme el hábito. Como no tenía mucho espacio, mientras empezaba a vestirme, ya que tenía las manos ocupadas, quise ampliar mi hueco empujando los libros con los pies. Me acerqué al primero pero, inmediatamente, frené en seco.
-¡Uy, no! ¡Al Catecismo no le puedo tratar así! ¡Con lo que nos ha costado llegar a este libro no lo puedo mover arrastrándolo por el suelo!
Toda la tarde estudiando Concilios, documentos, crisis teológicas... me había cambiado los ojos: ¡creo que nunca había valorado tanto el Catecismo!
En ese momento se me hizo muy real la frase de san Agustín: "Sólo se ama lo que se conoce". Y, si la Historia puede ayudar a valorar un libro, ¡cuánto más la historia personal para amar a una persona! Por eso Jesucristo no se ha perdido ni un minuto de tu vida. Te quiere, te valora, entiende lo que pasa por tu mente y por tu corazón porque Él no ha estudiado tu historia; la ha vivido contigo. Eres tan importante para Él, pequeño libro, que ha dado su vida por ti. No eres un libro más. Eres SU libro.
Hoy el reto del amor es estudiar historia, pero historia en minúscula. Hoy en tu oración pídele a Cristo que te regale ver si tienes algún "libro" arrastrado por el suelo, al que no le das mucha importancia. Hoy te invito a interesarte por esa persona, por su situación, por sus ilusiones, por sus inquietudes. ¡Pídele a Cristo que te dé unos ojos nuevos para verla como Él la ve! ¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO
Artículo originalmente publicado por Dominicas Lerma
http://www.aleteia.org/es/religion/contenido-agregado/hoy-el-reto-del-amor-es-estudiar-historia-5283356681961472
Investigaba a monseñor Romero y conoció a Jesucristo
Federico Hernández Aguilar, popular escritor salvadoreño
El escritor, columnista y director ejecutivo de la Cámara de Comercio de El Salvador, Federico Hernández Aguilar, ha sido durante años un gran entusiasta de la figura del ya beato arzobispo Óscar Romero. En una entrevista con Europa Press explicó la razón: gracias a Romero, él, que era ateo militante, encontró a Jesucristo.
"Durante 15 años fui ateo militante. Durante mi proceso de conversión, que fue relativamente largo, decidí enfrentar los prejuicios que tenía contra la Iglesia estudiando en primer lugar la figura y el mensaje de monseñor Romero", explicó Hernández Aguilar a la agencia de noticias española.
El Romero caricatura y el Romero real
Hernández se hizo dos preguntas: "¿Qué sé (o creo saber) de monseñor Romero?" y "¿Cuáles han sido mis fuentes?".
Se dio cuenta de que la imagen que tenía del arzobispo mártir "no era un retrato sino una caricatura".
Decidió "conocerlo de verdad" a través de la lectura de sus homilías, diarios, cartas pastorales, entrevistas y correspondencia. Cree que, como él, muchos salvadoreños no conocían al verdadero Romero, sino a una versión muy alejada del real.
Un referente de coherencia cristiana
Para este articulista prestigioso en la prensa salvadoreña Romero no solo es "el primer beato salvadoreño" sino también "un referente universal de coherencia cristiana, como católico primero, y como salvadoreño después".
Cree que el beato implica "una interpelación" y que "esa interpelación no es cómoda" pero piensa que con el paso del tiempo, "los manipuladores de Romero serán cada vez menos" y "las palabras del beato irán resonando con mayor integralidad y los prejuiciosos irán sufriendo una transformación interior que les ayude a superar sus recelos"
Valentía en tiempos violentos
"Es fácil hablar de los pobres y las víctimas cuando nadie va a calumniarte, tergiversarte o matarte por eso, pero en la época convulsa que vivió y especialmente durante los tres años en que estuvo a cargo de una Arquidiócesis igualmente dividida, hablar como él habló significaba poner la propia vida en la línea de fuego", subraya.
A su parecer, se necesita "un amor muy profundo por la vocación y una valentía muy heroica" para enfrentarse a eso pero, según recuerda, monseñor Romero "tenía miedo natural a morir" y "temblaba ante la posibilidad de una muerte violenta, que presentía cercana". Si se sobreponía era "porque veía a Cristo crucificado".
"¿Puede haber ejemplo más grande de amor en un país como El Salvador de aquellos años, partido por el odio, la intransigencia y la guerra civil?", se pregunta.
Las ideas de Chesterton
En otras ocasiones, en artículos en LaPagina.com.sv, Fernández Aguilar ha explicado otros elementos que le acercaron a la fe.
Por ejemplo, como muchos ateos y agnósticos, él pensaba que la variedad de creencias (¿un dios, muchos, cuál, por qué uno?) eran una prueba de lo absurdo de la creencia religiosa. Pero leyendo a otro ex-ateo, el escritor inglés G.K.Chesterton, entendió que el hecho de que varios discutan sobre cómo llegar a un sitio no significa que el sitio sea inexistente. "Es como si alguien concluyera que Cojutepeque no existe debido a que ochenta caminos distintos aseguran llevarnos a Cojutepeque", escribe el salvadoreño.
El dios-caricatura no es el Dios real
Con Dios le pasó algo parecido a lo que pasó con Romero: el Romero real no era como el Romero imaginado. Tampoco Dios, el Dios de los cristianos, se parecía a la caricatura que él había criticado.
"De un ministro presbiteriano escocés, David Robertson, aprendí algo que me ha ayudado a medir el grado de ignorancia que comúnmente existe entre ateos y agnósticos sobre los aspectos más sencillos del cristianismo. “Cuando alguien me dice que no cree en Dios”, escribe Robertson, “por lo general le pido que me hable del Dios en el que no cree… Y yo termino diciéndole que, curiosamente, yo tampoco creo en ese Dios”. El resultado es previsible: la visión de muchos escépticos sobre la divinidad que niegan es tan distorsionada, tan distante de lo que el cristianismo realmente sostiene, que ni el propio creyente que les escucha podría suscribirla. No falla", explica Fernández Aguilar.
Romero, además, con su ejemplo de compromiso hasta el final, ejemplifica ese compromiso que asusta a muchos tibios o incrédulos. "El problema de fondo que algunos tienen con una verdad religiosa no es la verdad misma, sino el compromiso que viene con ella. Sabemos, por experiencia propia o ajena, que los encuentros con una verdad trascendente cambian de raíz la vida y las acciones de los hombres. ¡Y le tenemos pavor a esos cambios! Comprometernos con algo que está más allá de nuestros reducidos horizontes existenciales puede producirnos un vértigo atroz", escribió.
En el fondo, está la conciencia de nuestra propia caducidad. «Por eso es que el libertino Oscar Wilde, en su lecho de muerte, pidió la confesión de un cura. Por eso es que el incrédulo Anatole France, tomando la mano de su secretario en el último estertor, aseguró que nadie era tan infeliz como él. Por eso, en fin, el escéptico Jean Paul Sartre se atrevió a escribir, en el colmo de la desesperación intelectual, que el hombre es “una pasión inútil”».
Un Romero contra la idolatría política
Romero es también, para este autor, un signo que está muy por encima de ciertas idolatrías que los pueblos quieren rendir a sus líderes políticos. "Por mucho afecto y admiración que se les tenga a otras figuras —así sean las de quienes fundaron o dirigieron los partidos más votados en El Salvador—, nuestro obispo asesinado supera con creces a cualquiera de ellas. Detrás de las acciones de muchos grandes líderes salvadoreños hubo urgencias, valentía y hasta ideales generosos. Pero lo que hubo, y hay, tras la vida y la obra de Óscar Arnulfo Romero es un mensaje más abarcador, porque es intemporal y no le pertenecía a él, sino a Jesucristo", concluye.
Artículo originalmente publicado por Religión en Libertad
http://www.aleteia.org/es/religion/contenido-agregado/yo-era-ateo-pero-investigando-al-romero-real-mas-alla-de-las-caricaturas-descubri-a-jesucristo-5321864821866496?page=2
Faltar a Misa un domingo es pecado mortal
La frase que intitula este artículo puede sonar a “sorpresa” para muchos bautizados ya que, en realidad, en muy pocos púlpitos y catequesis se recuerda. Pero es verdad que se comete un pecado mortal (no venial) si se falta a Misa un domingo o día de precepto siempre que no haya enfermedad, imposibilidad física real o cuidado de un enfermo, tal como enseña en catecismo en su punto 2181. Pero ha de recordarse también, en estos tiempos de confusión y relativismo, que este punto de nuestro catecismo está avalado en la ley de la Iglesia Católica cuyo mandato primero dice “Oír Misa entera todos los domingos y fiestas de guardar” que a su vez se avala por la misma ley Divina ya que el tercer madato de dicha ley es “Santificarás las fiestas”. Y, aún más, este precepto eclesial se justifica sobre todo en el primer mandamiento de la ley de Dios “Amarás a Dios sobre todas las cosas”, ya que quien sea capaz de faltar a Misa por no restar un poco de tiempo a su ocio o, sencillamente, por no contrariar a otras personas, demuestra con creces que está a años luz de amar a Dios sobre todas las cosas.
Pero en este artículo yo deseo tocar una cuestión muy concreta: el masivo abandono de la Misa dominical se debe, sobre todo, a que desde un principio (catequesis de primera comunión), la inmensa mayoría de los niños/as NO saben que faltar a Misa en domingo es pecado mortal. De hecho la terrible realidad es más amplia: la mayoría de los niños no saben ni siquiera que es pecado. Luego cuando son adolescentes, y van a recibir la confirmación, la inmensa mayoría tras recibirla no vienen a Misa el domingo siguiente porque siguen sin saber que faltar a Misa es pecado mortal. Y hay efectos todavía peores: ya es muy extendida la costumbre sacrílega de faltar a Misa los domingos y luego, cuando hay ocasión extraordinaria de ir a Misa (en funeral, boda, primera comunión…) se asiste y se comulga sin haberse confesado, y sin propósito alguno de volver a la práctica dominical regular. Esto es así: un hecho indiscutible y a la vez tremendo.
Y la causa, vuelvo a repetirlo, es que no se predica de forma concreta este aspecto. Si: la doctrina está ahí, escrita, en el catecismo (punto 2181), pero, ¿de que sirve que la doctrina no se toque si casi nadie la conoce porque casi nadie en la Iglesia la predica o enseña?; y, lo que es aún peor: en realidad en muchas comunidades SI se predica sobre esto pero para decir lo contrario: que faltar a Misa en domingo NO es pecado mortal. Esta barbaridad se enseña en no pocos colegios “religiosos”, parroquias, facultades de teología y lugares similares de “formación”. Y, mientras tanto, generaciones y más generaciones de bautizados crecen en la ignorancia y la indiferencia. Si algún lector cree que exagero, ¿porqué no preguntan?…..si, pregunten a niños de su barrio, de su colegio,de su parroquia…..niños que ya han hecho la primera comunión y que, una vez celebrada la fiesta, sus padres ya no los traen más a Misa los domingos. Es una terrible realidad que abarca a las conciencias de una arrolladora mayoría.
Y, ante esto, los sacerdotes y catequistas que tocamos las conciencias de los fieles para recordarles que es pecado mortal faltar a Misa, ciertamente, nos sentimos muy poco apoyados por nuestros superiores. Pienso que ¡cuanto bien harían cartas pastorales CLARAS en este punto por parte de los Obispos, y hasta por parte del Papa!…….nos servirían para no parecer “guerreros del antifaz” que luchamos contra todos los elementos contrarios (tanto externos como internos de la Iglesia). Desde estas líneas, si algún Obispo me leyera, hago un ruego muy especial en esta dirección: una carta, sólo una carta firmada por un Prelado donde se recuerde a los fieles que es pecado mortal faltar a Misa un domingo o día de precepto. Dicho con claridad, concreción y sin ambigüedades. Todos estamos acostumbrados, si, a mensajes del tipo:
- El domingo es el día del Señor
- La familia unida en oración en domingos
- La necesidad de orar en tiempo de descanso
- El bien grande que recibimos al ir a Misa………..etc
Pues se hace URGENTE leer, firmado por un Obispo: “Faltar a Misa es Pecado Mortal”. Y punto.
Padre Santiago González
http://www.adelantelafe.com/faltar-a-misa-un-domingo-es-pecado-mortal-y-casi-nadie-lo-recuerda/
Gratitud al invisible
Se cuenta una leyenda de dos jóvenes vagabundos que comentaban irónicamente el hecho de que la gente acudiese a la iglesia a adorar a un Dios que no se ve.
Un rico caballero, compadecido de aquellos miserables de cuerpo y alma, hízoles llevar, cuando se hallaban dormidos, a un palacio situado en una isla. Allí las comidas aparecían por encanto y si se empeñaban en vigilar su aparición las encontraban dispuestas en otro aposento. Un coche del mejor modelo estaba a su disposición a la puerta del jardín. Las luces y la calefacción se encendían a su hora por mano invisible.
Notaron que la parte del edificio que a ellos era dable recorrer no era más que una mitad y nunca se abrían ante sus ojos las puertas azules que daban acceso a la otra. Intrigados empezaron a dirigirse en voz alta a su benefactor invisible, y muchas veces, aunque no siempre, veían cumplidas sus demandas. También daban gracias, a grandes voces, expresando su deseo de conocer a su generoso protector.
En una de tales ocasiones abríase una de las azules puertas y apareció éste sonriendo, rodeado de una multitud de criados.
Podéis comprender ahora, les dijo, por qué muchos hombres inteligentes rinden culto a un Dios que no ven. Tienen motivo para ello pues, ¿no encuentran preparada todos los años su comida por las fuerzas de la providencia? ¿No las ilumina y calienta su sol todos los días? ¿No pasean su ser moral en un maravilloso vehículo de carne y huesos cuyo motor no para nunca? Justo es que sean como vosotros agradecidos a Quien, no dejándose ver corporalmente, se hace visible por sus obras.
¿A qué temo más?
Autor:
Enviado por: Sergio Irizarry
El hombre. Un cascabel de temores, inseguridades y angustias. Los corazones
de las personas se llenan de miedo de perder el empleo, miedo de ser abandonado, de enfermarse, de perder a los seres queridos, miedos de todo
tipo.
¿Pero, existe algún temor que sea de alguna manera útil en mi camino de
crecimiento espiritual?. Claro que existe: es el temor de no ser digno, de
errar el camino. Temo a mi mismo, temo no ser digno de Dios, temo no tener
la fortaleza suficiente para no pecar, temo olvidarme que sólo Dios Es, temo pensar que SOY algo, que algo es mérito mío.
Este Santo Temor, Santo porque significa que no quiero ofender a Dios, es la base del Temor de Dios, ese importante Don del Espíritu Santo. Temer no ser capaz de agradar al Señor, temor de no estar interpretando la Voluntad de Dios del modo correcto, temor de estar actuando por las necesidades del ego (ese falso ídolo que construimos en nuestro interior) en lugar de satisfacer el querer de Jesús.
Cuando el temor de Dios se coloca por encima de nuestros temores terrenales, los miedos cotidianos se terminan de un plumazo. Si mis temores se basan en mi deseo de agradar al Creador, ¿por qué temer a los dolores que pueda tener en este mundo?. Nada se interpone, todo se resume en la mirada de Jesús puesta en nosotros. ¿Por qué temer entonces a la muerte, los problemas de trabajo o salud?. Si la Voluntad de Dios se manifiesta en nuestras vidas dándonos alegrías o pruebas, ¿por qué voy a temer a lo que me pueda pasar, si todo es parte del plan de Dios?.
Cuando algo grave pasa en nuestra vida, enfrentamos la prueba suprema:
algunos, entonces, se enojan con Dios porque no pueden entender que El envíe algo malo sobre sus vidas. ¡No tienen temor de Dios!. ¿Cómo poder enojarse con Dios?. ¿Cómo puede uno pretender saber qué es bueno o malo para nuestra vida?. Sin embargo ocurre a diario.
Otros (al enfrentar momentos de supremo dolor) se entregan aún más a Dios,
entendiendo que el alma nada puede ni nada DEBE hacer frente a la Voluntad
Divina. De este modo sus almas se purifican en el crisol del dolor, que quema las impurezas y desintegra los deseos de la propia voluntad, uniendo el alma a la Voluntad del Creador. Nada importa, solo interpretar la Voluntad del Señor en nuestras vidas, y seguirla.
No podemos pretender entender por qué Dios hace las cosas, sólo El conoce el plan de nuestra vida. Entonces, no se debe temer a las cosas del mundo, sólo debemos temer a nuestra propia debilidad, a nuestra incapacidad para agradar al Señor.
Temo ser uno más que clava espinas en Tu Santa Frente, Señor. Temo agregar
más peso a la Cruz que este mundo sigue cargando sobre Tu Espalda. Temo ser
un clavo en Tus Santas Manos. Temo ser la espada que atraviesa tu Sagrado
Corazón. ¡Temo no ser un consuelo para Ti, Señor!.
Santo temor de Dios, sé mi brújula cada día. Ahuyenta los falsos temores del mundo, dame la fortaleza necesaria para no tener miedo alguno a los avatares de mi vida. Vacíame de mi mismo, hazme un hueco profundo en el que pueda entrar Tu Santo Espíritu. LLÉNAME DE TI, SEÑOR.....
Sólo el humilde sabe amar
Autor: Padre Santiago Martín Huimos del servicio y procuramos ser servidos. "El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser el primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos". (Mc 10,42-45) Probablemente sea el instinto humano, deformado por el pecado original, el que nos lleva a pensar que el grande es el que manda y que el que sirve es inferior, es un pobre desgraciado. Por eso, porque el instinto está herido por el pecado, es por lo que huimos del servicio y procuramos ser servidos. Cristo, conocedor del alma humana, quiere salir al paso de esa desviación. Lo hace de dos maneras, con el ejemplo y con su enseñanza. Una y otra vez, y no sólo en aquella última cena en la que lavó los pies a los apóstoles, dio muestras de su actitud de servicio. En esta ocasión, tal y como cuenta el evangelista Marcos, lo quiso enseñar explícitamente, hablando de sí mismo (“el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir”) y diciendo a sus seguidores que ellos debían imitarle y hacer lo mismo. Se tratará, pues, de llevar a la práctica lo que el Maestro hizo y enseñó, pues ninguno es tan grande como Él y por lo tanto ninguno tiene que abajarse tanto y humillarse tanto como hizo Él. Se trata de servir y de hacerlo con alegría, sin quejarse, sabiendo que así se imita al Señor y se le ama en los hermanos. Claro que ese servicio debe ser inteligente, sin que se preste a abusos o pueda ser empleado para maleducar. Pero dentro de estos márgenes, lo que hay que hacer es teorizar menos sobre el servicio y servir más. Por amor a Cristo, con la ayuda de Cristo y como hizo María, la esclava del Señor. http://www.motivaciones.org/MOTIV004/ctosesoloelhumilde.htm
Se Necesita Amor... pero mucho Amor...
* Para huir de los chismes cuando los demás se deleitan en ellos.
* Para defender a una persona ausente a quien sé crítica abusivamente.
* Para ser verdaderamente hombre o mujer aferrándose a nuestros ideales cuando esto nos hace parecer extraños o singulares.
* Para guardar silencio en ocasiones que una palabra nos limpiaría del mal que se dice que nosotros, pero perjudicaría a otra persona.
* Para vivir según nuestras convicciones.
* Para ser lo que somos y no pretender ser lo que no somos.
* Para vivir honradamente dentro de nuestros recursos y no deshonradamente a expensas de otros.
* Para ver en las ruinas de un desastre que nos mortifica y humilla los elementos de un éxito futuro.
* Para negarnos a hacer una cosa que es mala, aunque otros la hagan.
* Para no juzgar sino mas bien comprender.
* Para respetar al otro y aceptarlo como es con sus virtudes y sus defectos.
* Y sobre todo para dar a Dios el lugar que se merece en nuestra vida...el mejor!
http://www.motivaciones.org/MOTIV004/ctosesenecesita.htm
El dinero es buen sirviente, ¡pero un mal amo!
El peligro no está en poseer dinero sino en que el dinero te posea a ti. La idolatría del dinero siembra la separación. Hoy vivimos en una sociedad donde el dinero es todo y se pone por encima de todo. Ante el dinero nos hincamos de rodillas, hasta se dice que ante el dinero hasta el más santo se corrompe. Ante el dinero y el afán de tener la palabra “valores” no tiene sentido. El refrán popular sigue estando vigente entre nosotros: “Tanto tienes, tanto vales.” Una realidad es que necesitamos el dinero, pero es también verdad que es un buen sirviente, pero un mal amo. Jesús nos dice: "No podéis servir a Dios y al dinero” (Mateo 6,24). Debemos de aceptar la invitación de Jesús a que sigamos siendo fieles, como Él fue, a Dios y a los hombres. Seguir al Dios de Jesús es decirle no a los ídolos, sean los que sean. Seguir el camino de Jesús es seguir un camino distinto por el que camina el dinero: “Nadie puede servir a dos señores…No podéis servir a Dios y al Dinero” (Mateo 6,24). Dios y dinero van por caminos distintos: Dios pone como valor supremo la vida (Mateo 6,25); Jesús se ha hecho uno de nosotros para que tengamos vida: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Juan 10,10) Sin embargo el dinero se pone como valor supremo y el que lo ama nunca tendrá suficiente (Eclesiastés 5,9); él pone todo a su propio servicio. Ante el dinero nada tiene valor. Ni Dios, ni la persona humana y cree que todo lo puede comprar, hasta la misma dignidad del ser humano. Sin embargo Dios nos ofrece su palabra como camino que nos conduce a la verdadera vida, a la construcción de su Reinado y la justicia (Mateo 6,33) Dios unifica a los hombres en el amor (Santiago 2,8) La idolatría del dinero siembra la separación y crea distancias entre unos y otros (Santiago 2,3-4), y aquel bajó su influencia sólo piensa en sí mismo y en acaparar sin importarle para nada el hermano más necesitado (Isaías 5,8). En cambio Dios pone la grandeza de la persona humana en la sencillez y el servicio a los demás (Marcos 9,35). El dinero reduce nuestra ilusión a sólo comer y beber y tener más (Lucas 12,34) Dios y dinero van por líneas paralelas que nunca se encuentran. Las metas del uno y del otro son totalmente distintas. El peligro no está en poseer dinero sino en que el dinero te posea a ti. El ahoga la palabra de Dios, como nos dice el mismo Jesús: “La seducción de las riquezas ahogan la palabra, y queda sin fruto” (Mateo 13,22) Dios nos anima al riesgo por todo aquello que merece la pena luchar, los valores del Reino (Mateo 6,33) Ahora bien, sí bien es cierto que el dinero es necesario; nunca debe rivalizar con Dios, ni con el ser humano. El dinero atesorado e insensible y mal habido nunca será bendición, el dinero compartido al contrario da riqueza, felicidad y bendición. Que Dios te bendiga e ilumine sobre el buen uso de tu dinero -
Autor: Padre Oscar Moser PildorasdeFe.net
http://www.pildorasdefe.net/post/reflexiones/IHS.php?id2=dinero-finanzas-sirviente-mal-amo
El amor que unía al cardenal con su hermano homosexual
Acoger, acompañar, sanar y mostrar el rumbo, involucra tomar sobre sí los pecados del mundo. Es lo que hizo Jesús… e intentan quienes le aman. El vaticanista Sandro Magister en una de sus habituales y coloridas columnas recordó el testimonio de vida del Cardenal Jean Daniélou, quien ofreció a Dios su vida, por la salvación de su hermano homosexual, Alain… Lo revelan sus diarios espirituales. El cardenal Jean Daniélou tomaba sobre sí los pecados de su amadísimo hermano Alain, para salvar su alma. Es la lección de vida de uno de los mayores teólogos del siglo XX, patrólogo y liturgista, jesuita y cardenal, al que se le restó importancia injustamente después de su muerte en 1974, acaecida en la casa de una prostituta parisina a la que él ayudaba. Los "Carnets spirituels" de Daniélou, sus diarios espirituales, publicados veinte años después de su muerte, han levantado el velo sobre su espíritu y sus obras escondidas. Como también lo ha hecho "Le chemin du labyrinthe", la autobiografía de su hermano Alain, homosexual, convertido a un hinduismo de impronta erótica y compañero de vida del fotógrafo suizo Raymond Burnier. Jonah Lynch, de la Pontificia Universidad Gregoriana, dice a este respecto: "De los diarios, son conmovedoras las páginas en las que Jean Daniélou ofrece la propia vida por la salvación de su hermano homosexual Alain, mientras éste, a su vez, en el 'Chemin du labyrinthe' rinde homenaje a Jean y a su amor sincero, si bien no comparte sus posiciones. Se ve resplandecer en la vida del cardenal un enfoque 'pastoral' y delicado, un genuino amor evangélico, tan de moda ahora, pero junto al elevadísimo precio que dicho amor exige. En Jean Daniélou el amor a los alejados no era un mero adorno, sino una realidad que valía incluso el martirio". A partir de 1943, junto al gran estudioso del islam Louis Massignon, Daniélou celebró todos los meses, con la mayor discreción, una misa por los homosexuales, "por su salvación". Lo confirma la sobrina nieta Emmanuelle de Boysson en su libro dedicado a los dos hermanos "Le Cardinal et l’Hindouiste". Pero también escribe sobre ello su propio hermano Alain en su autobiografía, de la que vale la pena releer esta página: "Jean tuvo siempre hacia mí una amabilidad perfecta. Durante toda su vida sintió remordimientos por el modo como la familia me había tratado y dejado sin sustento. Se lo decía a menudo a amigos comunes. Cuando mi amigo Raymond murió le confió a Pierre Gaxotte, en los pasillos de la Academia de Francia, que sentía una gran tristeza pensando en lo afectado que debía de estar yo. Ser nombrado cardenal fue para Jean una liberación. Era finalmente libre de la constricción jesuítica de la que, estoy seguro, había sufrido. Los últimos años de su vida fueron los más felices.” "Su muerte y el escándalo que ésta provocó, pues él ya era una de las mayores figuras de la Iglesia, ha sido una especie de venganza póstuma, uno de los favores hechos por los dioses a los que aman. Si hubiera muerto unos instantes antes o después, o si hubiera estado visitando a una señora del distrito dieciséis (distrito residencial muy caro de París, ndt) con el pretexto de obras de beneficencia, en lugar de llevar las ganancias de sus escritos teológicos a una pobre mujer necesitada, no habría habido ningún escándalo.” "Desde siempre, Jean se había dedicado a las personas mal vistas. Intentaba ayudar a los detenidos, a los delincuentes, a los jóvenes con dificultades, los homosexuales, a las prostitutas. He admirado profundamente este final de vida, similar al de los mártires, cuyo aroma sube al cielo entre la abominación y el sarcasmo de la multitud.” "Ha muerto como mueren los verdaderos santos, en la ignominia, entre risas burlonas, con el desprecio de una sociedad resentida y vil. En los últimos años de la vida de mi hermano yo vivía cerca de Roma y era, según la opinión del clero, un apóstata de cierto relieve. Había quien nos confundía y algunos críticos habían incluso atribuido a mi hermano mi libro 'L'Érotisme divinisé', diciendo: 'Ya sabemos la libertad de espíritu que tienen los jesuitas, pero…'. Mi hermano tuvo que demostrar que el escándalo no lo ocasionan nuestras creencias o nuestro actos, sino la ironía de los dioses, que se ríen de este tropel de reglas de vida y de las denominadas 'verdades que hay que creer', de las cuales los hombres se atribuyen la paternidad". También en los diarios espirituales del teólogo y cardenal Jean Daniélou aflora el ansia por la salvación del alma de su amadísimo hermano homosexual. Como cuando recuerda, por ejemplo, su propio deseo de ir como misionero a China: "Los motivos de mi deseo de ir a China hay que buscarlos en el celo por la salvación de las almas, objeto de mi vocación. La vida de un jesuita está completa sólo si participa en la pasión de Nuestro Señor, y también en su vida pública. Sé que en ninguna parte Nuestro Señor rechaza dicha participación a quien se la pide; pero temo relajarme en este deseo. En las misiones hay una dosis casi segura de privaciones, de desilusiones, de peligros, tal vez la muerte, tal vez el martirio. Además de estos motivos, sé que tengo una capacidad de adaptación que me ayudaría a hacerme chino con los chinos; que la vida de misionero ofrece más ocasiones para actuar las obras de misericordia corporal que en Francia; que consideraré mi vida como no inútil si con motivo de ella el alma de Alain será salvada y que no conozco la medida de la inmolación que Dios desea para mí por esto". En otra página de los "Carnets spirituels", meditando sobre la pasión de Jesús en el Huerto de los Olivos, llega a desear poder asumir sobre sí el peso de los "pecados" de Alain y de cualquier otra persona: "Jesús, he entendido que no quieres que yo distinga mis pecados de los otros pecados del mundo, sino que yo entre más profundamente en tu corazón y me considere responsable de los pecados de las personas que tu desees: los de Alain, los de cualquier otro que tú quieras. Me haces sentir, Jesús, que debo bajar aún más y tomar sobre mí los pecados de los otros, aceptando en consecuencia todos los castigos que ellos atraerán sobre mí a causa de tu justicia y, de manera particular, el desprecio de las personas por las cuales me ofreceré a mí mismo. Aceptar, incluso desear, ser deshonrado, también a los ojos de quien amo. Aceptar las grandes infamias, de las que no soy digno, para estar preparado y aceptar, por lo menos, las pequeñas. Entonces, Jesús, mi caridad se asemejará a aquella con la que me has amado". …Y continúa… "Vivir de la fe, de lo cual lo que tengo más claro es que es incomprensible. Tener un humor franciscano, mortificado y alegre, travieso y místico, totalmente pobre. Admirar el humorismo con el que el cura de Ars se trataba a sí mismo para huir de cualquier vanidad. Revertir a lo cómico todo el lado vanidoso de mi vida". http://www.portaluz.org/articulo.asp?idarticulo=1058
No hay misericordia sin arrepentimiento
Martha, divorciada vuelta a casar convertida
Presentamos el esclarecedor testimonia de la señora Martha Gouveia, divorciada y vuelta a casar. Ella, como tantos otros, consideró que la Misericordia de Dios le daba una segunda oportunidad al conocer al hombre con el que rehízo su vida de nuevo, tras el fracaso de su primer matrimonio. Pero Martha, de profundas convicciones católicas, aun feliz en su segundo matrimonio, sentía en su interior la tristeza de no poder recibir el Cuerpo de Nuestro Señor en la Sagrada Eucaristía. Fue su deseo de hacer la voluntad de Dios lo que motivo su apertura a la Gracia Divina que la hizo ver que estaba en situación de pecado de adulterio, y que tanto ella como su marido estaban camino de la condenación. Comprendió el gran error de considerar la Misericordia de Dios como la aceptación de su situación de pecado, pues la Justicia Divina no puede aceptar el pecado. El Amor de Dios es Justo. Martha tomó la firme determinación de la salvación de su alma y la de su marido, y para ello optaron por la convivencia en perfecta castidad. Viviendo bajo el mismo techo, no comparten habitación, manteniendo entre ellos una verdadera relación fraternal. Recordamos este llamamiento de Martha: Hermanos divorciados vueltos a casar, la Palabra de Dios y sus enseñanzas no son negociables. No podemos obtener Misericordia si antes no la pedimos por medio del arrepentimiento, y con propósito de enmienda del pecado, que nos separa del amor de Dios, y que pone a nuestra alma en grave peligro de muerte eterna. Adelantelafe TIRANDO LAS REDES EN MI VIDA JUNTO A JESÚS PRESENTACIÓN HE AQUÍ QUE VENGO A HACE TU VOLUNTAD. Así por obediencia de un solo Dios, nos redime y salva. Estas palabras resuenan cada día en lo más profundo de mi corazón. Cuánto hay que aprender del Señor. Él, siendo el Verbo Encarnado, obedeció hasta las últimas consecuencias. Obedeció a su Padre Dios, se sometió a su madre y a su padre durante treinta años. Comienza su vida pública, y continúa siendo fiel y obediente a la voluntad del Padre. Siendo esta obediencia la que debería guiar nuestra vidas. Aceptó la cruz desde el mismo momento de la Encarnación, su nacimiento. Nació como el más humilde. Experimentó la persecución, fue perseguido, y así continuó en obediencia hasta el momento de su Pasión y muerte. De igual manera, creo firmemente, que nosotros sus hijos adoptivos de Dios, mediante las gracias del santo Bautismo y ratificada por la muerte en la Cruz de Jesús, tenemos que ser fieles y obedientes a los mandatos de Dios Padre. Fieles a nuestra fe, a nuestra Santa Madre Iglesia, fieles al santo Evangelio de Nuestro Señor; y ese darle Gloria a Dios, donde Él, así mismo se sometió a su Santísima Madre. Muchos dicen que la conversión, cuando llega a un alma, llega como un viento impetuoso, como un fuego que calienta el alma y que penetra cada rincón de nuestro ser, siendo por sí una gracia, un inmenso regalo de Nuestro Padre, que es inmensamente misericordioso. Abatida por una niñez bastante accidentada y carente de muchísimas cosas básicas y elementales en la vida de cada ser humano, con una juventud mucho más accidentada, aún llena de muchísimos conflictos, desamor y mala fe de las personas que me rodeaban en esos primeros años de mi vida, como por una fuerza ajena a la mía y por una presencia que desconocía a profundidad, recuerdo haber tenido una sola conversación con un Dios que creía conocer y al que imploré ayuda y guía. Él no sólo escuchó mi oración sin que a su manera le dio respuesta como sólo Él puede responder: ESCRIBIENDO EN RENGLONES TORCIDOS. MI VIDA EN MI PAIS Nací en Honduras. Siendo hija única por adopción de mis padres, crecí en el calor de una familia sumamente de tradiciones católicas, donde el rezo del Rosario era el mejor de los complementos al final del día. Fui creciendo en medio de muchas cosas que contradecían los deseos de mi corazón. Crecía viendo injusticias, dolor, abusos de toda índoles, emocionales y físicos; sin embargo, esa presencia que siempre estuvo me llenaba de fuerzas y esperanza. Llegué a pensar que sólo soñaba. Me llenaba el escribir mucho sobre el día a día de mi vida, dejando plasmado en mis escritos mis deseos, mis ilusiones, mis tristezas y mis alegrías. Era como un desahogo a lo que ni alma tanto anhelaba, paz, amor, respeto. De la niñez llego a la juventud, la cual fue sumamente accidentada y llena de tantos tropiezos y sinsabores. Sin embargo, al final d la tarde dedicaba esa oración interior, colocándome ante Dios comprendía que estaba ante UN TU DIVINO YO HUMANO, ser persona creada a imagen de Dios. MI PRIMER MATRIMONIO. Llegaron los sueños de formar una familia, mía sola mía. Estaba tan llena de sueños, soñaba en los hijos que Dios me enviara, soñaba la mujer, madre y esposa perfecta. Los sueños de ser sólo sueños se convirtieron en una realidad símbolo de esperanza y del amor de Dios por mí. Sería demasiado largo poder escribir cada detalle de mi vida, pero fue el comienzo de lo que sería después. Llegó ese día tan soñado, me casé con la persona que en aquel momento conquistó mi corazón. Era… inmensamente feliz, era la persona perfecta. Le daba gracias a Dios por haber escuchado mi oración, aquella oración que un día en un tono el Señor contestó. Salí de mi país, me despedí de mis padres, a los que amaba entrañablemente, y de mi hermanita menor, también adoptada, para comenzar una nueva vida que estaba llena de sueños, promesas, y quizá de muchas conquistas. Nació mi primer hijo, y comenzaron, a raíz de su nacimiento, los problemas en nuestro matrimonio. Fueron quince años, siendo los primeros de mucha alegría y de acontecimientos inolvidables. Le daba gracias a Dios, siempre por el regalo que me había dado, MI FAMILIA. Una familia que estaba dispuesta a amar, cuidar y guiar siempre. Llena de sueños de ser la esposa amable, afable, fiel y abnegada que pudiera ser. Sin embargo, ese sueño se fue desvaneciendo a medida que avanzaban los años. La persona que un día prometió amarme, respetarme, serme fiel y estar junto a mí y, de igual manera, yo con él, ya no existía. Dejó de ser mi más hermoso sueño para convertirse en un sueño triste y lleno de muchísimas cosas, que en aquel momento era incapaz de comprender. Mi matrimonio estaba lleno de resentimientos, de heridas profundas. El abuso físico y emocional fueron mis compañeros por muchos años. Aún recuerdo cómo mi hijo mayo me preguntaba, mamá esto o por qué aquello. Era una situación muy difícil, la soledad, la tristeza, la desesperanza, comenzó a inundad mi corazón. Sin embargo, aquella presencia siempre podía sentirla. Me acercaba siempre a la iglesia, nunca la abandoné, ni en mis peores momentos. Me refugié en mi Santísima Madre, y en aquel Rosario que aprendí desde niña, el que mi madre me enseñó. NUEVO MATRIMONIO. TRISTEZA POR NO RECIBIR AL SEÑOR. Muchas cosas pasaron en mi vida, cosas duras de explicar. Y llegó el momento de YO NO PUEDO MÁS. Había decidido ese día separarme de mi esposo y pedirle el divorcio. Y así lo hice. Humanamente estaba devastada, no únicamente por el fracaso de mi matrimonio, sino por el sufrimiento de mis hijos, que eran pequeños entonces. Fue una etapa bastante dura, de muchos cambios, la mayoría tristes y desalentadores. Pensé entonces que por qué no rehacer mi vida. Pensé que me lo merecía. Conocí a la persona que ahora comparte mi vida y la vida de mis hijos. Decía entonces: gracias Señor porque lo has puesto en mi camino. Cuánto me amas Señor. Sin embargo, no podía entender que Dios no puede actuar en todo aquello que significa pecado. Me casé de nuevo. Siendo los primeros años de una alegría indescriptible. Ambos tenemos una hija en común, que es un regalo, el mejor regalo de amor de Dios, a pesar de mi miseria. Pasaron los años y nuestras vidas continuaron en la misma perspectiva. Todo estaba bien, sin embargo cada vez que asistía a la Santa Eucaristía mi corazón se llenaba de pena, de mucha tristeza, no podía recibirle a Él, al SEÑOR. Mantenía siempre mi mirada baja, y muchas veces observaba cómo las demás persona recibían la Sagrada Comunión con tanta alegría. Hablaba con Dios y le decía: SEÑOR TU SABES QUE TE AMO, SE QUE TU SABES SEÑOR LO QUE HA SIDO MI VIDA, SE QUE TU ME PERDONAS Y QUE COMPRENDES MI SITUACIÓN. Esas eran mis palabras para el Señor. De nuevo me contestará a su manera, como sólo Él sabe hacer. LE AMAS, a lo que contesté. Sí, Señor, TU SABES QUE LE AMO. Él es bueno, cree en ti, también te ama, es buen proveedor, un buen padre, esposo y ama a mis hijos. DE NUEVO ÉL CON SU DULCE VOZ HABLÓ A MI ALMA Y PREGUNTÓ: ¿ME AMAS? Le contesté, SÍ SEÑOR, TE AMO, TU SABES QUE TE AMO. Él de nuevo se dirigió a mi alma y dijo: SI LE AMAS DÉJALE, ¿acaso no comprendes que eres responsable de tu salvación ya de él? Fueron momentos, segundos diría para ser más precisa, de desconcierto, estaba en una encrucijada, y no tenía la respuesta en ese momento. Seguidamente se dirigió de nuevo a mi alma y me dijo claramente y amorosamente, YO SIEMPRE HE ESCUCHADO CON MUCHO AMOR TUS ORACIONES, SI CONFIAS EN MI ABANDÓNATE EN MI, YO PONDRE EN TU CORAZÓN LO QUE TENDRÁS QUE HACER. INQUIETUD ANTE LA VERDAD DE DIOS. LUCHA INTERIOR. En ese momento estaba como alejada y ajena a un mundo terrenal, era como estar en otra dimensión, no podría expresarlo. Regresé a casa. Eran muchas las preguntas que había en mí, y no encontraba el camino, la respuesta. Entonces pedí al Señor que me guiara y me dijera qué debía hacer. Seguidamente escuché la predicación, recuerdo, de un sacerdote, el padre Wilson Salazar Hernández. Estaba desglosando los diez mandamientos; cada palabra que él exclamaba en aquella predicación era como un taladro que agujereaba mi alma en lo más profundo. Sentí un fuego, un malestar, en lo más profundo de mi corazón. Esa inquietud continuó en medio de mi lucha interior al reconocer la Verdad, la única Verdad, que el Señor en ese momento me estaba mostrando. Yo no podía aceptar lo que Dios me estaba pidiendo, simplemente porque pensaba que Él, siendo tan Misericordioso y Amoroso, me perdonaba y que había sido Él el que me había permitido conocer al padre de mi hija, y de hacer una familia juntos. Me resistía a esa idea y a esa revelación de Dios mismo. Decidí, entonces, acudir a un sacerdote. Le expliqué lo que estaba aconteciendo en mi vida, esperando yo que me mostrara la Misericordia de Cristo a mi manera. Me dijo, muy sencilla y claramente y muy amorosamente, la Iglesia nunca te rechaza, jamás lo hará porque es Madre, de igual manera Dios mismo. Por tanto, respaldado por el Magisterio de la Iglesia, y en las enseñanzas de Nuestro Señor, yo no puedo darte la absolución, y mucho menos confesarte. Para ello, es imprescindible que te acerques a tu Parroquia, hables con el que dirige tu Parroquia, le expongas tu caso para ver si estás cualificada para una nulidad. Eso es como primera posible solución, que puede ser muy larga y tediosa por lo que implica. Segundo, que te divorcies de tu actual pareja. Hay una tercera, la más difícil, pero no imposible, la castidad. La Iglesia, porque es misericordiosa, de esta opción a las personas que como tú están en esta situación, y que están dispuestos a vivir bajo la vigilancia de la Iglesia, si dar motivo al escándalo al vivir en plena castidad y fraternidad. FIRME DETERMINACIÓN POR LA SALVACIÓN DE MI ALMA. CASTIDAD. Pasaron los días, y de nuevo en una Santa Eucaristía, hablando con el Señor, escuché su dulce Voz en mi corazón confirmándome de nuevo que confiara en Él, que me abandonara en Él. Terminó la Santa Eucaristía, y estaba muy decidida a hablar con mi esposo, lo que me animó en todo momento a tomar una determinación. Hablé con mi esposo y le expuse mis inquietudes. Para mi sorpresa, y para Gloria de Dios, él comprendió, y aunque no fue fácil, ni para él ni para mí, decidimos optar por la castidad. Decidimos aceptar la propuesta de Dios, que nos invita al amor, pero no un amor prostituido por las cosas del mundo, sino por el amor puro, verdadero, como el Amor de Dios. Decidimos ambos embarcarnos con Jesús, sabiendo que a pesar de las muchas tempestades de nuestra vida, Él siempre estará con nosotros. Hace más de un año, casi dos, desde que ambos tomamos esa determinación. Lo hicimos porque Dios, en su Amor y en su Misericordia, nos enseñó que Él nos ama, que Él nos comprende, pero que no podemos ser como ladrones que se saltan la cerca y robar como los salteadores. Que tenemos que acogernos a Él, y echar las redes como Pedro, ahí donde Él nos lo dice. LA PALABRA DE DIOS NO ES NEGOCIABLE. A mis hermanos en la misma situación les exhorto, en el nombre de Jesús, a tirar las redes con Jesús, a confiarse sólo en Él. Es maravilloso amar a Dios en la pureza, tratando, a pesar de nuestras imperfecciones; de amar a un Dios que nos ama tanto que murió por nosotros, y que sólo quiere la salvación de nuestras almas; que un día nos espera en el Cielo. Quisiera recalcar que nos ha sido de mucho apoyo fijarnos en el ejemplo de la Sagrada Familia. Hermanos divorciados vueltos a casar, la Palabra de Dios y sus enseñanzas no son negociables. No podemos obtener Misericordia si antes no la pedimos por medio del arrepentimiento, y con propósito de enmienda del pecado, que nos separa del amor de Dios, y que pone a nuestra alma en grave peligro de muerte eterna. Humildemente creo que aunque el fallo del próximo Sínodo de la familia sea a favor de otorgar los sacramentos a las personas en esta situación, y si es ratificada por el Papa Francisco, al final es cuestión de fidelidad a Dios y a sus Mandamientos, a sus enseñanzas, que no pueden ser borradas bajo ninguna circunstancia por muy dolorosa que ésta sea en la vida de los fieles. Es cuestión de conciencia, es cuestión de obediencia, es cuestión de cuánto amamos a Dios, de cuánto somos fieles al Evangelio de Nuestro Señor, y a las enseñanzas de la Tradición magisterial de nuestra Madre Iglesia. La salvación del alma es cosa individual, es una decisión personal. Y para terminar piensen, hermanos, CUÁNTO AMAMOS AL SEÑOR, CUÁNTO CREEMOS EN SU PRESENCIA EN LA SANTA EUCARISTÍA, PRESENCIA VIVA, REAL. Vale la pena apostarle a un Jesús que ha dado todo por nosotros, y que sigue dando cada día la salvación y la vida eterna a la que somos llamados. Depende de tu obediencia y fidelidad, depende de abandonar el pecado y lanzarte con plena confianza en sus brazos y en su promesa. Todos somos llamados a ser santos. Por la impureza de la carne y por la desobediencia entran todos los pecados, llevando a las almas al precipicio. El amo de este mundo lo sabe, y no desea tu salvación. Únicamente renunciando y haciéndonos libres de las cosas de este mundo seremos capaces de amar y de vivir una vida plena en Dios. Que Dios les bendiga. Martha Gouveia Franciscanos de María. Ontario. Canadá.
http://www.adelantelafe.com/martha-divorciada-vuelta-a-casar-convertida-no-hay-misericordia-sin-arrepentimiento/
Se digno de confianza
Autor: L.Ronald Hubbard
A menos que uno pueda tener confianza en la integridad de aquellos que le rodean, uno mismo corre un riesgo. Cuando aquellos con los que uno cuenta le decepcionan, su propia vida puede volverse desordenada e incluso su propia supervivencia puede ser puesta en peligro.
La confianza mutua es el pilar fundamental más firme de las relaciones humanas. Sin ésta, toda la estructura se viene abajo.
El ser digno de confianza es un bien altamente estimado. Cuando lo tiene, uno es considerado valioso. Cuando lo ha perdido, a uno se le puede considerar inservible.
Uno debería lograr que otros a su alrededor lo demuestren y lo merezcan. Como consecuencia se volverán mucho más valiosos para ellos mismos o para otros.
El respeto de uno hacia otro está basado , en una pequeña medida, en si la persona mantiene o no su palabra. Hasta los padres , por ejemplo, se sorprenderían de la medida en que desmerecen ante la opinión de sus hijos, cuando una promesa no se cumple.
A la gente que cumple con su palabra se le tiene confianza y se le admira. A la gente que no lo hace, se le considera irresponsable y hay hasta quienes les llame basura. Aquellos que rompen su palabra frecuentemente, nunca obtienen otra oportunidad.
Una persona que no cumple con su palabra puede encontrarse pronto enredada y atrapada en toda clase de «garantías» y «restricciones», y hasta puede encontrarse a sí misma aislada de las relaciones normales con otros. No hay auto-exilio más completo de los compañeros de uno que el dejar de cumplir las promesas una vez hechas.Uno nunca debería permitir que otro dé su palabra a la ligera. Y uno debería insistir en que, cuando se hace una promesa, ésta se debe cumplir. La vida de uno mismo puede volverse muy desordenada al tratar de asociarse con gente que no cumple con sus promesas. No es cosa del azar.
El camino a la felicidad es mucho más fácil de recorrer con gente en la que uno puede confiar.
http://www.motivaciones.org/MOTIV004/ctosesedignodeconfianza.htm
Iguales en Dignidad
Pobres o ricos, altos o bajos, feos o guapos, de piel clara u oscura, la lista de las diferencias y la diversidad entre personas es interminable. Pero en ella nunca deberíamos incluir buenos o malos. ¿Quién de nosotros es tan superior a todos los demás como para poder calificar a otro de malo?
Todos los seres humanos, por encima de cualquier diferencia, tenemos algo que nos une: la dignidad de ser personas.
Estas son grandes palabras que hemos oído muchas veces y que ya sabemos. De hecho, ninguno de nosotros despreciamos o consideramos menos a una persona de otra raza, o de otra religión o de otro país. Pero sin embargo no ponemos tanta atención a la hora de no discriminar a alguien porque no es popular, o porque viste de una forma que no está de moda, o porque sencillamente no “mola” según nuestros criterios.
Si fracasamos en estas pequeñas cosas cotidianas con las personas con quienes estamos todos los días no podemos decir que, a nivel de toda la humanidad, vemos a todos iguales y con los mismos derechos.
Los grandes principios y las grandes palabras, casi nunca nos comprometen a nada. Es en las cosas pequeñas y próximas en las que podemos y debemos trabajar para hacer un mundo mejor.
Debemos prestar mucha atención a cómo tratamos a los demás, no sólo a los amigos, sino a todos, especialmente a aquellos a los que casi nadie trata bien.
http://www.tusreflexiones.com/iguales-en-dignidad/
La humildad es algo que se debe llevar en el corazón
Hoy vamos hablar de la humildad, algo que no todos tenemos, pero que es muy necesitado por la humanidad.
Hay personas que piensan que todo el mundo les debe algo, que todos debemos vivir a su ritmo, jamás se dan cuenta o consideran que pudiera haber otra persona con mayores apuros y carencias que ellas mismas. Sólo ven por lo que ellos necesitan y quieren.
Muchas veces, son personas muy afortunadas, aunque de ello no se percaten. No saben valorar el esfuerzo que supone para los demás darles o regalarles algo, lo ven como un deber. No sienten necesidad de agradecer nada, actúan como si todo cuanto se les dé fuese el pago de una deuda que se tiene con ellos. Si algo bueno llega al hogar, lo toman para sí mismos sin pensar en los demás, sin pensar en lo mucho que otros en el hogar podrían disfrutarlo, necesitarlo o merecerlo.
Recientemente una persona así visitaba a un humilde amigo, de esas personas que trabajan de sol a sol para salir adelante en un país extranjero.
Se dirigió a él para contarle la maravillosa vida que tiene, lo bien que vive, los placeres que puede permitirse, y el poco esfuerzo que le supone tenerlo. Y yo me pregunto, ¿por qué hay personas que hacen eso? ¿Cómo puede ir alguien a la casa de una persona pobre a decirles que come filete todos los días?
La falta de humildad que a veces tenemos frente a nuestros semejantes es tan triste que hasta me cuesta contar las anécdotas de este ser humano tan pobre de espíritu. Debemos reflexionar antes de hablar sobre aquello que poseemos porque hay muchas personas menos afortunadas que no tienen ni lo más básico para vivir.
La soberbia y falta de humildad pueden alejarte de los demás, de la gente a la que quieres… Pero el orgullo, no sólo aleja a los demás del quien es soberbio, también les aleja de quienes comparten el hogar con él. Pues a fin de evitar al soberbio, también acaban evitando a quienes están con él. Se pueden perder amigos por estar junto a alguien que es tan soberbio que logra proyectar esa fea imagen también sobre ti, por estar con él.La humildad es algo que se debe llevar en el corazón porque Dios fue el ser más humilde y humillado, pero pese a ello, nos perdonó y sigue perdonando la falta de humanidad que tenemos con nuestros semejantes.
La vida de una persona soberbia es muy mala, pero especialmente estar y vivir cerca de ellos no es bueno para la salud, acaba siendo emocionalmente enfermizo. Si tienes a una persona así cerca de ti, es mejor alejarla o ayudarla a que vea su error, pues no le hace bien a nadie. Seguramente tanto lo uno como lo otro será muy difícil. Hacerle ver su error será casi imposible, porque precisamente su falta de humildad le cegará. Y alejarse, será igualmente complicado, pues cuando te intentes alejar, se te pegará más, como si aún le debieses mucho más, y no tendrá intenciones de perderte, pues es de ti de quien a diario recibe lo que tiene.
Una persona agradecida es la que muchas veces lo ha perdido todo y aún así sigue feliz de haber contado con el amor de las personas que le conocieron, pues aun en su difícil situación, sigue tan humilde como cuando era una persona con una situación envidiable.
La verdad es que no se necesita mucho para ser una buena persona. Tener fortuna o no en la vida, no hace diferencia: podemos no tener nada, y ser agradecidos, siempre atentos a quienes nos rodean. Y también podemos tenerlo todo y no dejar de ser buenas personas, sólo hace falta que sigamos siendo personas sencillas, con valores, que lloran cuando alguien sufre, que nos duele perder a alguien, que estamos atentos y agradecidos por los demás… y que no permitimos que los éxitos se nos suban a la cabeza perdiendo la humildad.
Aprendamos a vivir con lo que tenemos, y seamos buenos con quienes tienen menos que nosotros.
Seamos humildes, y no nos permitamos alardear de lo que la vida nos ha dado.
http://www.shoshan.cl/reflexiones/la_humildad_en_nuestro_corazon.html
Gracias Dios por lo que tengo
Aunque me tapo los oídos con la almohada
y grito de rabia cuando suena el despertador...
Gracias a Dios que puedo oír.
Hay muchos que son sordos.
Aunque cierro los ojos cuando,
al despertar, el sol se mete en mi habitación...
Gracias a Dios que puedo ver.
Hay muchos ciegos.
Aunque me pesa levantarme y salir de la cama...
Gracias a Dios que tengo fuerzas para hacerlo.
Hay muchos postrados que no pueden.
Aunque me enojo cuando no encuentro mis cosas en su lugar
porque los niños hicieron un desorden...
Gracias a Dios que tengo familia.
Hay muchos solitarios.
Aunque la comida no estuvo buena y el desayuno fue peor...
Gracias a Dios que tengo alimentos.
Hay muchos con hambre.
Aunque mi trabajo en ocasiones sea monótono rutinario...
Gracias a Dios que tengo ocupación.
Hay muchos desempleados.
Aunque no estoy conforme con la vida,
peleo conmigo mismo y tengo muchos motivos para quejarme...
Gracias a Dios por la vida.
Aunque el dinero no me alcance para zapatos nuevos...
Gracias padre celestial, pues tengo pies...
Hay quienes no los tienen.
Cuando veo mis manos maltratadas,
por el trabajo, y mi bajo salario…
Gracias Señor, pues tengo manos...
Algunos no tienen manos.
Cuando me quejo del pago de servicios
y veo que no me alcanza...
Gracias padre de los cielos,
hay muchos que carecen de todo.
Gracias padre celestial por el aire que respiro...
Porque sigo respirando...
cuando muchos han dejado de hacerlo hoy.
Son tantas las cosas que tengo que agradecerte...
Por cada día que me permites despertar a la vida...
Gracias Dios mío.
http://www.shoshan.cl/tesoros2006/gracias_dios_por_lo_que_tengo.html
Una lección de cortesía y urbanidad
- Pero señor presidente, ¿Cómo es posible que usted se moleste siquiera en saludar a ese esclavo negro? - ¿Cree usted – contestó Jefferson – que es bueno que un esclavo supere a un presidente en normas de cortesía y urbanidad?
En nuestra vida cotidiana ¿somos capaces de comportarnos como el presidente o más bien pensamos como el empresario?
¿Cuántas veces juzgamos y tratamos a los demás en función de nuestra posición económica, laboral y/o social?
¿Cuántas veces dejamos de saludar al que barre en la calle o el que maneja un autobús?
¿Cuántas veces vemos con desdén al peatón que se nos atraviesa?
¿Cuántas veces tratamos a conserjes y personal doméstico como seres inferiores?
¿Cuántas veces en el trabajo damos a nuestros superiores un mejor trato que el que ofrecemos a nuestros subordinados?
¿Cuántas veces nuestros amigos reciben más atención que nuestra pareja o nuestros hijos?
¿Cuántas veces…….?
¿Seremos capaces un día de tratar a todo el mundo por igual sin importar el dinero, la posición social, el color de la piel, la nacionalidad, su posición política y/o su fe religiosa?
Publicado por Felipe Sangiorgi
El dinero nos puede cambiar.
¿Importancia a lo material?
Autor: Dr. Adrián Rogers. Libro: " El secreto de la satisfacción" En el periódico "Charlotte Observer" salió un interesante artículo llamado: "La era de muertos vivientes". Un reportero del periódico fue a la Facultad de Administración de empresas de la Universidad de Duke para investigar las metas y ambiciones de los alumnos que estudiaban para obtener su maestría en administración de empresas. Con muy pocas excepciones, éstas eran sus metas: dinero, poder y cosas, Y aquellos estudiantes querían cosas muy grandes como casas para vacacionar, automóviles costosos, yates y aviones. Su principal interés era su carrera y el crecimiento de sus inversiones financieras. Sus planes personales daban muy poco lugar a la familia, al desarrollo intelectual, al crecimiento espiritual, a la responsabilidad social, o incluso a la administración más efectiva. El reportero procedió a citar a un psicólogo llamado Eric Braun, que hizo una de las preguntas más penetrantes que he escuchado en mucho tiempo.. Observando a las personas que piensan que sus vidas consisten en la abundancia de sus posesiones, el Dr. Braun preguntó: " Si yo soy lo que poseo y lo que yo poseo se pierde, entonces ¿Quién soy?. Esta es la razón por la cual las personas se arrojaron de los edificios durante el período de la Gran Depresión de los Estados Unidos.
Ellos equipararon lo que eran con lo que poseían, y cuando perdieron sus posesiones, no quedó nada. Si usted quiere ver lo que en realidad posee y lo que es en realidad, haga cuentas de todo lo que tiene que el dinero no puede comprar, ni la muerte le pueda arrebatar y entonces sabrá cuáles son sus verdaderas riquezas.
¿Para qué los bienes materiales?
En esta vida, para algunos, llena de cosas materiales, y para otros sin qué comer, ¿qué es lo que se tiene en abundancia y para qué? Ojalá las personas se preocuparan por tener muchos valores, tener sí, pero no sólo bienes materiales, sino sobre todo valores espirituales. Es cuestionable ver cómo los niños de la calle pueden divertirse con lo menos, pensado, a diferencia de los niños que poseen el juguete más sofisticado, que los papás como adultos materialistas piensan que es el mejor, por ser el más caro. Esta idea la asimilará el niño al ir creciendo. Un niño de 3 años le preguntó a su papá: "¿Dónde está tu papá? El respondió: "Con Dios, en el cielo". Unos meses más tarde: "¿Dónde está el perro?". (El perro había muerto), la abuelita le dijo: "El perrito ha muerto". Y el niño preguntó: "¿Y se fue al cielo?". La abuelita le contestó que sí se fue al cielo. El niño tenía muy claro, para este momento, que quien muere va al cielo. Pero eso no es lo que un adulto cree. Un adulto que se aferra a las cosas de este mundo y pierde la noción de que el hombre tiene que enriquecerse por dentro, no por fuera, y que la paz interior es lo que lo va a hacer rico interiormente. Ese mismo niño a los 5 años sabe rezar el Padre Nuestro y el Angel de la Guarda, y los reza todas las noches porque está seguro que ellos lo protegen. Más, es triste que ese niño, con el paso del tiempo, también ha cambiado y empieza a tener el deseo de acumular cosas materiales, porque aprende de lo que tiene a su alrededor. Seguramente cuando sea grande se habrá olvidado que lo más importante es lo que uno sea por dentro, lo que uno hace por los demás, no lo que uno acumula. También habrá perdido la visión de que la paz interior la da Dios y tratará de llenar ese vacío con cosas. Es bueno que como los niños, oigamos a nuestro interior y no sólo al mundo exterior. Piensa si lo que atesoras es para enriquecer tu interior o acumular cosas. Piensa en cómo estás educando a tus hijos.






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