Había una vez un Rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Se presentaron muchos pintores, algunos de fama reconocida, con telas que representaban hermosas escenas.
El Rey, durante varios días, observó y admiró cada obra, pero solamente hubo dos que, realmente, le gustaron; y tuvo que elegir una de ellas.
La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban las apacibles montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas.
Todos los que miraron esta pintura pensaron que, sin ninguna duda, reflejaba la paz perfecta. Todos apostaron que sería la elegida.
La segunda pintura también tenia montañas. Pero estas eran escabrosas, descubiertas, sin vegetación. Había un cielo furioso del que caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. A la izquierda, se
distinguía claramente un árbol partido por un rayo.
Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua.
Toda esta escena no mostraba, para nada, lo que entendemos por "paz perfecta". Más bien, todo lo contrario.
El Rey, un tanto sorprendido por el cuadro, se detuvo a observar lo con más cuidado; y vio, tras la cascada, un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido y dentro de él, sentado plácidamente, un pajarito.
¿Cuál de las dos habrá sido la pintura ganadora?
El Rey eligió la segunda. ¿Sabés por qué?
"Porque -explicó, luego, el Rey:
"Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro, sin dolor. Paz significa que,
a pesar de estar en medio de todas estas cosas, permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón..."
Este es el verdadero significado de la paz.
Colaboración de Roberto Camacho.
La Paz Perfecta
Aquí estoy Señor
Aquí estoy Señor, dispuesto a servirte de la forma y la manera que Tú me lo indiques, consciente de que cada minuto que pasa sin hacerlo es un tiempo perdido que ya no podré recuperar, y solo me queda por lo tanto, el tiempo que Tú me regales generosamente a partir de esta reflexión para vivirlo plenamente y hacer las cosas que debo hacer, con Amor, entrega, y el deseo de servir.
Aquí estoy Señor, donde Tú me has puesto, y desde donde tengo la obligación espiritual de ser testimonio de Tí a través de mis acciones y mi comportamiento en la relación con mi prójimo, ya que muchos de ellos dudan de tu existencia; y para sacarlos de este error debo obrar con transparencia, rectitud, justicia, tolerancia, y sobre todo, paciencia, para amarlos y comprenderlos.
Aquí estoy Señor, luchando en medio de un torbellino de incomprensiones de este mundo materialista que no ve más allá de sus narices. Esforzándome por amar sin criticar, pero al mismo tiempo convencido de que tengo una gran responsabilidad ante Tí, de hacer por cada uno de ellos lo mejor, sin herir sus sentimientos ni su forma de pensar; buscando la palabra más sublime que los conduzca hasta Tí.
Aquí estoy Señor, buscándote en el silencio maravilloso de cada amanecer, con mis ojos fijos en la inmensidad de Tu cielo azul. Anhelante de recibir tu luz y tu misericordia que me permitan fortalecer mi alma y mi espiritu, no para evadir mis problemas sino para actuar inteligentemente frente a ellos y buscar la mejor solución a todo cuanto Tú has puesto en mi camino en este nuevo día.
Aquí estoy Señor, dispuesto a hacer siempre tu voluntad, y acatar con humildad todo lo que Tú hayas dispuesto para mi vida y todo cuanto yo amo. Y para ello, solo te pido Padre mío que limpies mi mente y mi corazón de toda maldad; que me des la fuerza necesaria para mantenerme incólume en Tu verdad. Sólo así Señor, me sentiré que soy digno y merecedor de tu Amor, y del amor de mis semejantes.
¡ AQUÍ ESTOY SEÑOR ! ... DIME QUE DEBO HACER PARA LLEGAR A TÍ.





