Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse. 1:9 Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos;
1:10 y dijo el jefe de los eunucos a Daniel: Temo a mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él vea vuestros rostros más pálidos que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza.
1:11 Entonces dijo Daniel a Melsar, que estaba puesto por el jefe de los eunucos sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías:
1:12 Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos den legumbres a comer, y agua a beber.
1:13 Compara luego nuestros rostros con los rostros de los muchachos que comen de la ración de la comida del rey, y haz después con tus siervos según veas.
1:14 Consintió, pues, con ellos en esto, y probó con ellos diez días.
1:15 Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey.
1:16 Así, pues, Melsar se llevaba la porción de la comida de ellos y el vino que habían de beber, y les daba legumbres.
1:17 A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños.
REFLEXION
Muchas veces sacrificamos nuestros principios para agradar a otros, el deseo de escalar en esta sociedad nos lleva muchas veces a vender nuestra dignidad.
Daniel entendió que su fidelidad a Dios era más productiva, a él solo importaba agradar a Dios y como recompensa hallaría gracia ante los demás, creemos que si no traspasamos limites no alcanzaremos metas, pero Dios tiene control de nuestra vida y tus metas son sus metas, y que tu camino no se desvié ni un ápice a la izquierda o a la derecha.
Por cuanto vendes tu dignidad
Combate la Envidia
“La envidia es un pecado capital. Manifiesta la tristeza experimentada ante el bien ajeno y el deseo desordenado de poseerlo aunque sea en forma indebida”. A veces se manifiesta en alegría por el mal ajeno.
“La envidia representa una de las formas de la tristeza y, por tanto, un rechazo de la caridad; el bautizado debe luchar contra ella mediante la benevolencia. La envidia procede con frecuencia del orgullo.
Combatir la envidia… es más fácil decirlo que hacerlo. Ya sea una palabra consciente o un pensamiento en lo profundo de tu mente. En ocasiones, esos pequeños pensamientos que se arrastran en nuestras mentes, no suenan a envidia… pero, ¿son o no son?
“No es justo que Esteban tenga más vacaciones que yo”
“Los hijos de Ana son tan educados. Desearía que los míos fuesen obedientes, para yo parecer mejor madre”.
“Pedro se acaba de comprar un nuevo auto. ¡Me gustaría ser él!
“Verónica obtuvo un ascenso y yo era quien lo merecía”.
“Los bíceps de Eduardo son perfectos. Me gustaría ejercitarme hasta lucir como él”.
¿Qué es la envidia? Según el diccionario Webster, la palabra envidia significa “resentimiento o rivalidad por el éxito, logros y ventajas de alguien más”
Combatir la envidia es un desafío constante. Sin embargo, sé por experiencia que cuando no se combate la envidia, te conduce a la amargura. De hecho, la Biblia trata sobre la envidia. Santiago 3:16 dice: “Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas”. Partiendo de esta sabiduría, sabemos que el pensamiento malo produce una vida mala. Cuando tenemos sentimientos de envidia, nuestras vidas se caracterizarán por la confusión, el desorden y el desprecio. Ninguna buena acción proviene de un espíritu malvado y de envidia. ¡Luchar contra la envidia es esencial!
Es posible que pienses: “De seguro que combatir la envidia no siempre es necesario”. Estás en lo correcto. Existe un lugar para la “la envidia sana”. Sin embargo muy pocos de nuestros momentos de envidia son justificados. “El verdadero amor nunca es envidioso, pero tiene el derecho de tener celos de aquellos que son amados”, dice el autor Warren Wiershe. Por ejemplo, los padres tienen derecho a sentir celo de sus hijos y de todas las cosas que podrían dañar su bienestar. Si los celos fueran siempre malos, ¿por qué la Biblia se referiría a Dios como celoso? Deuteronomio 32:16 dice: “Lo provocó (a Dios) a celos con dioses extraños y lo hizo enojar con sus ídolos detestables”. Dios es caracterizado por sus celos cuando adoramos a otros dioses. ¡Él es el único digno de todo honor y alabanza!
La envidia es confundida frecuentemente con los celos. Los celos se refieren a que uno se siente amenazado con respecto a un rival de la persona que amamos. No es lo mismo que la envidia. Me gustaría compartir una definición de la envidia muy clara que encontré en Wikipedia:
“La envidia es la emoción que ocurre cuando una persona carece de algunas cualidades con respecto a otra, logros o posesiones, o desea que la otra persona no posea estas cualidades. En la envidia pareciera ser que existe una comparación social que amenaza la autoestima de otra persona: Alguien tiene algo que la persona envidiosa no posee”.
Si usted siente envidia por algo que no tiene, usted puede utilizar esta emoción negativa y transformarla en positiva haciendo algo. Por ejemplo, si siente envidia porque alguien tiene un auto que usted no tiene, podemos encarar esta situación de la siguiente manera:
• Me gustaría tener ese auto, y preguntarse: puedo tenerlo?. Luego pensar en diferentes maneras de obtenerlo, como ser guardar mas dinero, ganar más dinero, etc.
• La otra manera sería desear tener ese auto pero no estar dispuesto a hacer nada para tenerlo. En este caso, la envidia no sirve porque no estamos dispuestos a hacer lo que se requiere para lograrlo.
• Finalmente, nos podemos encontrar en la situación de que no podemos hacer nada; que es muy diferente a no estar dispuesto a hacer nada. Entonces podríamos comenzar a sentirnos agradecidos en vez de sentir envidia y sentirnos felices por la otra persona. Si no podemos sentirnos felices significa que no podemos aceptarnos como somos en este momento y estamos tratando de ser otra persona.
La envidia es una emoción como tantas otras y si podemos tomar conciencia de lo que estamos sintiendo podemos transformarla en una emoción saludable que nos va a ayudar a vivir más felices.
“La envidia es un síntoma de la falta de apreciación de nuestra dignidad. Cada uno de nosotros tiene algo único que dar que otros no tienen”.
El Materialismo y LA CODICIA
El significado de la palabra codiciar:
La palabra codiciar significa simplemente desear con un deseo muy intenso, muy fuerte. La palabra puede ser usada tanto en sentido bueno como malo. En el Nuevo Testamento esta palabra es traducida generalmente al español como avaricia y aquellos que son caracterizados por ella se les llama avaros. La palabra avaricia en el Nuevo Testamento se refiere al deseo de siempre tener más y la persona descrita como un avaro es aquel que siempre está deseando tener lo ajeno. Entonces, en este estudio usaremos las palabras avaro, avaricia y codicia como términos sinónimos.
La codicia se manifiesta cuando el deseo de adquirir o poseer algo nos domina y nos controla. Llegamos a pensar que no podemos estar contentos y felices sin aquello que codiciamos. Pensamos erróneamente, que no podemos estar satisfechos, si no tenemos la cosa deseada. Sentimos que la necesitamos y que no podemos vivir sin ella. Otro síntoma de la codicia es cuando sentimos envidia respecto a aquellos que poseen lo que nosotros deseamos. Nos llenamos de envidia porque otras personas poseen lo que nosotros codiciamos.
Los síntomas de la codicia:
La codicia no es siempre un pecado visible; frecuentemente es un pecado oculto o encubierto. Es un pecado que se esconde detrás de varios pretextos y excusas que parecen ser razonables. En 1 Tes.2:5 el apóstol Pablo dijo: "Nunca usamos de palabras lisonjeras, ni encubrimos avaricia (codicia)".
.- Casi siempre la codicia viene a nosotros "disfrazada". Es decir viene bajo el pretexto de suplir una necesidad. La codicia puede encontrar un motivo para justificarse más fácilmente que cualquier otro pecado. Casi cualquier "necesidad" se convierte en un pretexto para justificar la avaricia. Pero en realidad, muchas personas confunden sus necesidades reales con sus deseos codiciosos. Es por esto que casi nadie piensa que es culpable de este pecado. A menudo podemos ver la codicia en otras personas, pero no la podemos ver en nosotros mismos. Podemos afirmar fuertemente que no creemos que la vida del hombre consiste de las cosas que posee, cuando en realidad eso sea lo que creemos. Entonces, muchos son culpables de sostener esta filosofía de vida sin darse cuenta de ello.
.- La persona codiciosa ha perdido el control de las prioridades correctas en sus pensamientos. A cada rato se encuentra soñando despierta con los ídolos de este mundo, planeando y proyectando sus fantasías.
Sus pensamientos están ocupados con la acumulación de bienes, con las promociones y ascensos, con la prosperidad de sus negocios, su carrera, etc. Estas cosas se convierten en la fuerza estimulante y el motivo principal de su vida.
.-Otro síntoma de la codicia o la avaricia es cuando estamos dispuestos a hacer cualquier sacrificio y a pagar cualquier precio para obtener las cosas codiciadas, pero no estamos dispuestos a sacrificar nada para el Señor. La mayoría de las personas religiosas persigue las cosas terrenales a expensas de su servicio para Dios. Es decir, ponen más importancia en las cosas que desean, que en servir a Dios. Todo su tiempo, su energía y sus esfuerzos están dedicados a las cosas temporales y no a las cosas eternas. Muchas personas llegan a creer que su autoestima, su felicidad, su bienestar y comodidad dependen de la adquisición de más cosas. En este sentido, la codicia puede ser definida como siempre estar deseando más y más de lo que sea. Entonces, la codicia puede ser llamada simplemente el egoísmo o el egocentrismo. Cuando nos vemos obligados o presionados para escoger entre servir a Dios y servirnos a nosotros mismos ¿Cuál de las dos cosas preferimos? La persona codiciosa, igual como el joven rico en Marcos 10, preferirá dejar a Cristo que sus posesiones materiales. Cristo no exige que dejemos nuestras posesiones materiales sino solo que no las amemos, que no las codiciemos y que no pongamos nuestros afectos y corazón en ellas. Debemos preguntarnos cuáles son las cosas que buscamos más: ¿Las cosas mundanas o las celestiales? ¿Cuáles cosas nos atraen más? ¿Cuál de las dos nos produce más tristeza o más dolor: la pérdida temporal o la pérdida de nuestra comunión con Dios? Además, debemos preguntarnos como usamos nuestro tiempo "libre". ¿Lo dedicamos a la búsqueda de cosas personales y temporales, o lo dedicamos a Dios?
Podemos resumir los síntomas de la codicia en los siguientes puntos:
a. Primero, si el amor al dinero, al status o a las posesiones ha llegado a ser la fuerza dominante de nuestras vidas y un factor motivante en nosotros, entonces somos codiciosos.
b. Segundo, si estas cosas (dinero, status y posesiones) son consideradas como esenciales para nuestra felicidad, y son las únicas cosas que nos emocionan y animan nuestra vida, y las consideramos como la única solución a nuestros problemas, entonces somos codiciosos.
c. Tercero, si buscamos mejorar nuestra posición y nuestras posesiones a expensas de nuestro servicio cristiano, entonces somos codiciosos.
d. Cuarto, si los ascensos (promociones) y la auto-realización personal son buscados con el fin de exaltarnos a nosotros mismos e incrementar nuestra autoestima, entonces somos codiciosos.
e. Quinto, si el deseo de las ganancias terrenales se ha apoderado de nuestro corazón, de tal modo que siempre nos hace falta algo nuevo o algo más, entonces somos codiciosos.
La codicia es una semilla que crece y se desarrolla en aquellas personas que padecen un profundo vacío existencial.
Vivimos en un mundo muy materialista, que nos influye constantemente hacia la búsqueda de la riqueza en lugar preocuparnos por descubrir quienes somos como seres humanos. Este camino materialista ha producido un sinfín de sentimientos negativos como la codicia, el egoísmo y el odio. A partir de estos últimos años, las personas comenzaron a preguntarse cómo pueden aprender a manejar sus sentimientos y emociones.
En lugar de ir detrás del éxito de cosas materiales, debemos buscar el éxito personal, aunque tengamos que recorrer un camino largo y desconocido para muchos. Se necesita algo más que dinero para sentirnos felices interiormente. La plata no compra la felicidad, debemos practicar el desarrollo personal, para despertar nuestra mente global que nos eleve emocionalmente.





