La Real Academia Española de la Lengua define el egoísmo como un inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.
Podríamos definirlo, por tanto, como una forma de ser y de actuar centrada en uno mismo, en las propias necesidades y deseos y que carece de interés por los demás, por su mundo, sus sentimientos o sus necesidades.
El egoísmo nos lleva a querer todo para uno mismo con independencia de los intereses ajenos.
A estas personas no le interesa ser consciente de las necesidades ajenas y, en el caso de serlo, daría igual porque no se preocuparían por ellas.
Características de las personas egoístas
El egoísmo suele verse más como un fenómeno del lado de los antivalores que del trastorno.
Decimos que el egoísta es indoloro, mezquino o miserable, pero nunca lo vemos como una posible patología; ¿acaso la gula no ha sido elevada (¿o devaluada?) al rango de "trastorno de la conducta alimentaría?".
Desde mi punto de vista, hay que considerarlo como una enfermedad del yo acaparador.
Además de un acto de mala educación, es un atentado a los derechos humanos, una violación del principio de la reciprocidad, una conducta depredadora, o si quiere, un patrón antisocial.
A veces la avidez es tan arraigada, es tan visceral, tan destructiva, que para modificarla se requiere la intervención psicológica o psiquiátrica.
En un conocido diccionario, Egoísmo se define como; "Inmoderado y excesivo amor que uno tiene por si mismo y que le hace tender desmedidamente a su propio interés", sufre de egocentrismo: "Soy el centro del universo".
El egocéntrico, inevitablemente, desconoce a todo interlocutor y destruye toda posibilidad de relación: "Sólo yo existo".
El inmoderado y excesivo amor por si mismo hace referencia de la egolatría, lo que se conoce como mecanismo o culto al ego.
El Ególatra desconoce la empatía.
No posee la capacidad de amar porque el amor propio le demanda todo su potencial afectivo.
Siguiendo las premisas de la ética de la consideración, la asertividad bien entendida trata de equilibrar el yo autónomo (independiente) con el yo considerado (interpersonal).
La combinación de ambos me permite comprometerme con la red social/afectiva a la cual pertenezco y sostener al mismo tiempo un territorio de reserva personal.
Laín Entralgo se refiere al momento coafectivo de la relación interpersonal, determinado por dos aspectos afectivos fundamentales, sin los cuales no puede existir ninguna relación: (a) la compasión (padecer íntimamente con el otro sus vivencias penosas) y (b) la congratulación (gozar íntimamente con el otro las vivencias gozosas).
¿Qué es ser egoísta?: Es renunciar a la condición humana, a lo coafectivo, es desconocer que somos prolongaciones de los demás.
Aunque a los egoístas no les guste, estamos conectados unos a otros por naturaleza, intercalados, apretados, casi abrazados, de tal manera que ignorar al prójimo es negarse a si mismo.
La carencia de amor, la ausencia de empatía y la indiferencia acaparadora son formas de agresión encubierta, violencia enfermiza que merece, además de repudio, ayuda profesional.
De no ser así, seríamos egoístas con los egoístas: una bola de nieve de enemistad aplastante.
- Son personas que encuentran gran satisfacción en su forma de ser y actuar, están tan pendientes de sí mismos que se olvidan del prójimo.
- Son arrogantes, se dan excesiva importancia y no tienen en cuenta las opiniones ni puntos de vista de los demás.
- Son pretenciosos, pretenden destacar por encima de todos y desean ocupar siempre un lugar destacado. Cuando algo sale mal tienden a culpar a los demás, convenciéndose a sí mismos de que el error ha sido del otro. De esta forma refuerzan su propio ego al observar, según ellos, la equivocación de la otra persona.
- Sólo les interesa sus propios objetivos y si para ello tienen que utilizar al prójimo en su propio beneficio, no dudarán en hacerlo. Actúan exclusivamente pensando en su propio interés.
- No piensan en la posibilidad de prestar ayuda a los demás y tranquilizan su conciencia pensando que nadie le ayudaría a ellos en situaciones similares o en los momentos difíciles.
- Son personas frías, no transmiten afectos. Son exigentes. Exigen que los demás les traten con respeto y consideración, y a pesar de que este trato sería normal, el egoísta considera que él se lo merece en grado sumo. Considera que quienes le rodean deben valorar y reconocer sus méritos.
Reflexiones sobre el egoísmo
Es muy importante que tengamos en cuenta que el egoísmo es destructivo y que acaba con lo mejor de cada persona. Si somos egoístas nos olvidamos de practicar virtudes como la humildad, generosidad, empatía, comprensión, etc.
El egoísmo nos convierte en seres hostiles y desagradables a los demás. Cuando somos dominados por el egoísmo vemos los errores y las limitaciones de los demás y justificamos los nuestros. Somos injustos con los demás y no reconocemos que nuestra actitud no es la adecuada.
Las personas que actúan egoístamente se van quedando solas a lo largo del tiempo, carecen de amigos, nadie desea estar con ellos porque son incapaces de compartir y de ver más allá de sí mismos.
El egoísmo
Optar por la Mansedumbre
Mansedumbre es la virtud que modera la ira y sus efectos desordenados. Es una forma de templanza que evita todo movimiento desordenado de resentimiento por el comportamiento de otro.
La mansedumbre modera los arrebatos de cólera que se levanta impetuosa para rechazar el mal presente.
Jesús enseña: "Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra". -Mateo 5:4
Cristo es el modelo: "Soy yo, Pablo en persona, quien os suplica por la mansedumbre y la benignidad de Cristo"
- II Corintios 10:1
"Mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley". -Gálatas 5:23
"Hermanos, aun cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado." -Gálatas 6:1
"Con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor" Efesios 4:2
"Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia" -Colosenses 3:12
"Que corrija con mansedumbre a los adversarios, por si Dios les otorga la conversión que les haga conocer plenamente la verdad" -II Timoteo 2:25
El que quiera ser apóstol necesita cuidar de no perder los nervios. La mansedumbre está constituida de paciencia y de benevolencia, de indulgencia y de misericordia. La mansedumbre es un modo de proceder divino, en cambio“ la violencia puede ser, entre otras cosas, la manifestación de una autoridad o de una postura que se siente débil” (Juan Antonio González Lobato).
La mansedumbre abandona las pretensiones del amor propio y consiente pacíficamente en lo que piden los otros. Es más que una virtud, es una gracia que empapa toda la personalidad. Pues es necesario hacerse violencia a sí mismos –controlarse- para abandonar toda violencia.
Quien la tiene escucha una llamada, sabe ser atento, y trata las cosas que usa de un modo respetuoso. La mansedumbre se vive con las personas y con las cosas. Su misión es la de ser de Dios.
Quien vive la mansedumbre respeta a Dios y las cosas de Dios: entre éstas, los seres humanos tienen un lugar preferente. Hace falta además mucha paciencia con la propia alma.
La mansedumbre quita al dolor su amargura y tiene la fuerza eficaz de desarmar a cualquier adversario. La persona mansa no critica a los demás, y cuando debe juzgar, pone misericordia en sus juicios. Es preciso imitar esa mansedumbre que manifiesta Jesús en su diálogo con la samaritana; pero el cristiano no conservará esa mansedumbre si no está dispuesto a ceder frecuentemente en su derecho, a sufrir a diario y en ocasiones, cruelmente.
La Venganza. Ojo Por Ojo… ¿O No?
“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?” (Mateo 5:44, 46, 47)
Preguntaron al General Robert Lee qué él decía de otro general del Ejército Confederado que había hecho consideraciones despectivas sobre él. Lee lo evaluó como un oficial de grandes cualidades. La persona que hizo la pregunta parecía perpleja. “General”, él dijo, “yo supongo que no sabe lo que él ha hablado a su respeto”. “Yo sé”, Lee contestó. “Pero usted pidió mi opinión sobre él y no la opinión de él sobre mí.”
En nuestra relación con los otros, frecuentemente lo que llamamos a amor no pasa de un poco más de lo que una transacción o un negocio. Las personas nos tratan con cariño y amabilidad y nosotros retribuimos de la misma forma.
Cuando nos tratan injustamente, contestamos negativamente como hallamos que ellos merecen. Todo es normal, justo, ojo por ojo y diente por diente. Pero el amor cristiano jamás se conforma con lo que es racional. Insiste en ofrecer misericordia así como justicia. Quiebra la cadena de reacciones lógicas.
La casa del justo sufre las mismas tempestades que la casa de los impíos. Pero la diferencia es que una es construida sobre la roca y a otra sobre la arena. Cuando nosotros estamos firmados en la roca — Jesucristo, necesitamos mostrar las cualidades de alguien que no puede ser comparado con aquéllos que están confiando en la seguridad del mundo, o sea, ninguna.
La venganza, el “pagar con la misma moneda”, son actitudes mezquinas características de aquéllos que no experimentaron el verdadero amor de Dios. Cuándo eso acontece, aprendemos a continuación las enseñanzas de nuestro Maestro y su brillo no puede ser ofuscado por intereses menores y vanidosos.
El amor todo vence… hasta nuestro yo.
"En el mundo ustedes habrán de sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo..."
Juan 16:33
Del sufrimiento puede brotar el odio o el amor. El sufrimiento puede fácilmente desencadenar el odio. Y esto es peligroso porque el odio nos vuelve rehenes del rencor y de la venganza. El sufrimiento debe conducirnos a ser más solidarios, más tolerantes, mas justos.
Jesús nos enseña a vivir la paz en nuestros corazones y en nuestras mentes, a despojarnos de pensamientos de venganza y de odio, nos llama a la reconciliación...
Jesús nos enseña a practicar la justicia, a veces esto es difícil, pero es la única base firme, segura, bíblica, de una paz estable y duradera, que es la paz de Jesús.
..."Enséñame que perdonar es lo más grande del fuerte y que la venganza es la señal del débil." Mahatma Gandhi.





