“Yo creo en los ángeles” me dijo una vez un compañero de trabajo. Yo también creo en ellos, toda vez que “ángel” significa literalmente “mensajero”. Cada uno de nosotros en las manos del Señor puede ser un “ángel”, un “mensajero” al escribir estos Mensajes de ánimo.
Tal vez entregaste tu corazón y hallaste las puertas del otro cerradas. Tal vez diste tu corazón en una relación y el frío de su alma apagó el brillo de tus ojos. Tal vez tu llanto no halló el hombro donde afirmarte para llorar…
Te tengo buenas noticias: no existe el amor “no correspondido”. Sí existen personas que no te aman como necesitas que te amen. Es que lisa y llanamente no te pertenecen. Dios es quien se ocupa de estas cosas. El sabe de tu futuro. El conoce tus necesidades. El está al tanto de tu soledad. Muchas personas están rodeadas de gente, sin embargo, en lo profundo de su corazón transitan el frío y la oscuridad de un valle de soledad…
Había un perro que todas las noches de luna llena, salía a ladrarle a la Luna. Se pasaba noches enteras ladrando y aullando a la Luna, hasta el agotamiento. El amanecer lo hallaba exhausto y sin fuerzas.
¿Y LA LUNA? PUES SIMPLEMENTE SIGUIO BRILLANDO.
Hoy un ángel toca tu alma. No apagues el fuego de tu corazón con el hielo de quien no está “hecho para ti”. Simplemente SIGUE BRILLANDO y confía. Hay muchas personas en este mundo que necesitan y están dispuestas a recibir y valorar ese caudal de amor que fluye de tu corazón y que unos pocos desprecian.
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser …”
1 Corintios 13:4-8
Autor: Luis Caccia Guerra
AMOR… ¿No Correspondido?
Secretos
“No tengo nada que esconder”, decía con frecuencia un viejo y querido amigo. A veces yo mismo lo he dicho. Pero… concretamente ¿a qué nos estamos refiriendo cuando emitimos semejante declaración?
“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.”
(Génesis 3:7 RV60)
Un breve examen de conciencia delante de Dios, ni muy profundo, ni muy exhaustivo, por cierto; me revela a las claras que, al menos lo mío, debe ser no un simple delantal como el de Adán y Eva, sino ¡todo un “Armani” íntegramente realizado en hojas de higuera!
Si alguien nos llamara “hipócritas”, las reacciones serían de lo más variadas, dependiendo de cada persona y de su estado de ánimo. Pero sin lugar a dudas existirían unos cuantos denominadores comunes: malestar, incomodidad, tal vez enojo…
Existe una clase de hipocresía que genera rechazo, que como seres humanos a veces ejercemos pero nos cuesta mucho perdonar. Es esa falsedad conciente, la que deliberada y premeditadamente, esconde, tergiversa, confunde, miente o muestra solo una parte de la verdad. Fingir lo que realmente no se es o no se siente. A los cristianos no nos gusta hablar de esto.
Sin embargo, hay otro tipo de simulación totalmente inconciente, que no planeamos ni remotamente premeditamos. Una especie de “mecanismo de defensa” que tiende a encubrir nuestro verdadero ser, de la mirada, de la observación, del alcance de los demás. Una forma, en un amplio sentido de la expresión, de “vestir” nuestra más íntima desnudez, la del alma.
Así como cubrimos nuestro cuerpo físico con ropas y prestamos más atención aún en poner a cubierto aquellas partes íntimas cuya exposición nos causa pudor; de igual manera, ese mismo mecanismo inconsciente nos lleva a taparnos, a escondernos, a cubrir lo más íntimo de nuestro ser de la mirada de los demás. Un mecanismo que es responsable y generador de una inmensa cantidad de conductas y actitudes con las que nos manejamos e interactuamos a diario con los demás… e inclusive con nosotros mismos. Este “medio de defensa” es parte de todos los seres humanos, sin importar si sean creyentes o no. Puede transformarse en un serio tropiezo cuando trasciende los límites de lo “normal” y se adentra en las tinieblas de lo patológico, llevando a muchos a vivir lo que no se es, a encerrarse en sí mismos, a ignorar, a negar, a rechazar, a enajenarse de su propia realidad existencial.
“Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.”
(Génesis 3:10 RV60)
No le dice Adán al Señor: “sentí vergüenza, pudor”. “Tuve miedo” es lo que le expresó, que es bien distinto.
Esa “moda” creada por Adán, nunca pasó de moda. En la actualidad, aún continuamos usando hojas de higuera. El móvil es exactamente el mismo: la exposición al desnudo de nuestro ser. Tal como Adán lo hizo después de su caída, hoy todavía intentamos ocultarnos de nuestros semejantes y de la mismísima mirada de Dios, QUE TODO LO VE.
Cada vez que reflexiono en esto, siento el pudor, la vergüenza, inclusive el miedo, de revelar ante los demás “esos” recónditos pensamientos de los cuales no deseo hablar. “Esos” sentimientos que súbitamente pasan por el corazón y alborotan la paz del alma. Seguramente si mi alma fuera expuesta al desnudo delante de la mirada de los demás, sentiría mucho miedo, como Adán.
Nadie, absolutamente nadie, puede afirmar a conciencia, que “no tiene nada que ocultar”. Pero, amad@: si sientes temor, vergüenza, pudor, a causa de la desnudez de tu alma delante de Dios… ¡Eso es lo mejor que te puede pasar! Toda vez que el perdón del Señor absuelve y la Gracia de Dios restaura.
“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”
(1 Juan 1:8-9 RV60)
Autor: Luis Caccia Guerra
Sirviendo al Señor sin esperar nada a cambio
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”
El sistema del mundo te dice que todo lo bueno que haces tiene que ser premiado y aplaudido por todos, y el hecho de obtener reconocimientos terrenales hace de tu obra una obra perfecta o maravillosa.
Pero en el ámbito espiritual es TOTALMENTE lo contrario, tu haces todas las cosas buenas y a lo mejor nadie terrenalmente te lo premiara o quizás no obtendrás ninguna palabra de felicitación de nadie, pero eso no quiere decir que lo que haces no sea bueno ni digno de ser aplaudido, al contrario, tu Padre que ve la intención de tu corazón te ha de premiar con una corona incorruptible.
Y es que el servicio a Dios tiene que hacerse con sabiduría y cuando hablo de sabiduría hablo del hecho de entender que lo que hago lo hago para Dios y solo para El. Es decir que la intención de mi corazón debe ser directa al hecho de reconocer que lo que hago lo hago para El.
Digo esto porque hay muchos buenos servidores que al no ser reconocidos o al ni siquiera haber recibido un: “buen trabajo”, optan por dejar de hacer aquello para lo que fueron llamados.
Si yo te contara todas las veces que he hecho muchas cosas sin haber recibido un “gracias” te quedarías espantado. Pero personalmente eso a mi no me interesa, tampoco te voy a negar que en algún momento de la vida espere aunque sea un “lo hiciste bien”, lo que en muchísimas ocasiones no lo recibí cuando quizá lo esperaba. Pero eso era motivo para mí de reconocer que no lo hago para el hombre, sino que para Dios.
Durante mas de once años le he dedicado mi vida al Señor y a servirle en todas las áreas que puedas pensar y en las que también no vienen a tu mente, he hecho de todo lo que un servidor de una Congregación puede hacer y en cada una de las etapas de mi vida cristiana y de mi servicio a Dios siempre reconocí que lo que hago lo hago por amor a Dios, sino no tuviera sentido mi servicio.
Hubieron momentos en donde espere una felicitación y nunca llego, hubieron otros momentos en los que espere que otros me apoyaran y tampoco recibí su apoyo, pero eso no fue obstáculo para seguir adelante en lo que Dios había puesto en mi corazón.
Por esa razón te motivo a que sigas haciendo lo que Dios te mando a hacer, no importa que si nadie te reconoce tu trabajo, no importa si nadie cree en ti, no importa que te den la espalda, tu sigue haciendo lo que Dios te mando a hacer, porque el que te llamo, te va a RESPALDAR eso te lo aseguro, tarde o temprano la gente reconocerá que tu llamado no era humano, sino DIVINO.
Ante esto, ¿Qué clase de servidor eres tu?, ¿De los que se desinflan por no recibir comentarios positivos?, ó ¿De los que sin recibir un tan solo comentario positivo siguen haciendo la obra que Dios les encomendó?
Amados, habrá momentos en los que lejos de recibir una felicitación, recibirás críticas, pero eso JAMÁS tiene que ser motivo de desistir en la obra que Dios te ha mandado a hacer. Si Dios te eligió para eso, entonces no tienes que dudar de tu llamado, al contrario, el hecho de no recibir felicitaciones por lo que haces te sea motivo para que cada día mejores en tu servicio al Señor.
Queridos servidores, trabajen cada día lo mejor que puedan, hagan todo para la Gloria de Dios y jamás se olviden de donde provienen los talentos, si haces esto te aseguro que tu servicio prosperara de una manera sobrenatural, al mejor Estilo de Dios.
Quizá nunca nadie te vaya a felicitar por lo que haces, quizá tu pastor o líder espiritual nunca pondrá atención al esfuerzo que realizas, quizá hasta tus mismos amigos no reconocerán todo lo que haces por amor al Señor, pero de una cosa tienes que estar seguro y esto es:
DIOS TE OBSERVA Y VE EN TI EL ESFUERZO Y LA DISPOSICIÓN QUE HAY EN TU CORAZÓN, POR ESO CADA DÍA FORJA LA CORONA MAS LINDA QUE TE PUEDES IMAGINAR ESPECIALMENTE PARA TI.
Autor: Enrique Monterroza
Escrito para www.devocionaldiario.com





