"Este niño será un signo de contradicción... porque revelará lo que hay en cada corazón..." (Lc. 2, 34-35) Los invitamos a nuestros comercios, los rechazamos de nuestras mesas. Los encerramos con alambradas en nuestras fábricas, los alejamos con perros de nuestras casas. Los seducimos desde la sonrisa de la publicidad, les cerramos el rostro cuando se acercan. Los recibimos cuando son trabajo y moneda, los esquivamos cuando son justicia y encuentro. Arrasamos en minutos un barrio vivo, estudiamos la colocación de una estatua muerta. Los congregamos con promesas cuando dan un voto, los dispersamos con balas cuando exigen un derecho. Los contratamos cuando son fuerza joven, los barremos cuando son bagazos exprimidos. Los admiramos cuando levantan nuestras mansiones, los separamos con las mismas paredes que construyeron. Les damos limosnas cuando son niños y débiles, les aplicamos cárcel y sospechas cuando son dignos y fuertes. Exaltamos en libros y sermones su bienaventuranza, su cercanía no mide el sentido de la vida nuestra. Jesús, te acogemos cuando eres bondad y perdón, te excluimos cuando eres denuncia y justicia. Como todo pobre de nuestros caminos eres un signo de contradicción. http://www.nuestraedad.com.mx/lospobres.htm







I. Para ser dichoso en este mundo, para vivir en él santamente, hay que ser ciego para muchas cosas. Cierra los ojos a todo lo que pueda hacerte concebir malos pensamientos, causarte tristeza o inspirarte orgullo; no mires los defectos de tu prójimo, o los tuyos. Dios mío, hazme ver la fealdad del pecado y la hermosura de la virtud. Aparta mis ojos para que no vean la vanidad. (El Salmista). II. Hay que saber ser mudo para vivir como cristiano. Cuando se presenta una ocasión de hablar bien de ti mismo, de hablar mal del prójimo, de faltar la caridad, guarda silencio; porque generalmente sucede que quien habla mucho comete muchos pecados y profiere palabras que lamenta después amargamente. No hay nada más provechoso que vivir en el recogimiento, hablar poco con los demás y mucho consigo mismo. (Séneca). III. ¿Para qué querer oír todo y saber todo? ¡Muchas palabras criminales, muchas maledicencias, muchos discursos impíos o atrevidos turbarán la paz de tu alma y despertarán en ella pensamientos vanos o peligrosos! El retiro te facilitará la observancia de los tres consejos que hemos dado. Retírate a la soledad, no con el cuerpo sino con el espíritu; la soledad del espíritu es la que se te recomienda, no la del cuerpo. (San Bernardo). El amor a la soledad Rogad por la Orden del Carmelo. ORACIÓN Señor, que habéis dicho: "Si no os hacéis semejantes a niños, no entraréis en el reino de los cielos", concedednos que imitemos de tal modo la humildad y sencillez de corazón de la virgen Santa Teresa, que logremos alcanzar las recompensas eternas. Por J. C. .S. Amén. http://caballerodelainmaculada.blogspot.com/2009/10/santa-teresita-del-nino-jesus-virgen.html