El consejo del Papa Francisco: Cuando “no sientas nada”, no seas pesimista y abrázate a Cristo. BUENOS AIRES, 10 Mar. 15 / 03:14 pm (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco dio un consejo a quienes atraviesan momentos difíciles en la vida y quieren ser constantes en la fe. Recordó que la fe no es un sentimiento y la Palabra de Dios la alimenta. En la entrevista que concedió al periódico parroquial La Cárcova News de Buenos Aires, el Papa recordó que en la vida siempre “hay altos y bajos. En algunos momentos somos conscientes de la presencia de Dios, otras veces nos olvidamos de eso. La Biblia dice: la vida del hombre, de la persona sobre la tierra es una milicia. Es decir que tenés que estar en paz y luchando. Preparado para no desfallecer, no bajar la guardia, y por otro lado gozando de todas las cosas hermosas que te da Dios en la vida. Es decir, hay que estar alerta. No ser derrotista, no ser pesimista”. “¿Cómo ser constante en la fe? Si no te negás a sentirla, la vas a sentir muy cerca, la vas a encontrar en tu corazón. Otro día puede ser que no sientas nada. Y sin embargo la fe está, ¿no?”, explicó. El Papa recordó que “es necesario acostumbrarse a que la fe no es un sentimiento. A veces el Señor nos da la gracia de sentirla, pero la fe es algo más. La fe es mi relación con Jesucristo, yo creo que Él me salvó. Ése es el punto justo de la fe. Andá buscando vos los momentos de tu vida en los que te encontrabas mal, donde andabas perdido, donde no la pegabas, y observa cómo Cristo te salvó”. “Abrázate a eso, esa es la raíz de tu fe. Cuando te olvidás, cuando no sentís nada, abrázate a eso, porque ésa es la base de tu fe. Y siempre con el Evangelio en la mano. Llévate un Evangelio chiquito en el bolsillo. Tenlo en tu casa”. “Esta es la Palabra de Dios. Ahí se alimenta la fe. Después de todo la fe es un regalo, no es una actitud psicológica. Y si te hacen un regalo tenés que recibirlo ¿no? Recibí, entonces, el regalo del Evangelio y léelo. Léelo y escuchá la Palabra de Dios”, concluyó. La entrevista completa la puede encontrar en este enlace: https://www.aciprensa.com/noticias/en-nueva-entrevista-papa-francisco-habla-sobre-isis-y-bromea-sobre-ser-cobarde-para-el-dolor-56489/
https://www.aciprensa.com/noticias/el-consejo-del-papa-francisco-cuando-no-sientas-nada-no-seas-pesimista-y-abrazate-a-cristo-33244/
Cuando “no sientas nada”
Qué es el infierno, la moral y qué hacer ante las injusticias
Papa Francisco explica. VATICANO, 09 Mar. 15 / 10:31 am (ACI/EWTN Noticias).- En la tarde del domingo, el Papa Francisco continuó con la tradición de visitar las parroquias de la periferia de Roma acudiendo en esta ocasión a la de Santa María del Redentore di Tor Bella Monaca. Allí se reunió con distintos grupos de fieles. Primero visitó a los enfermos, a quienes llevó una palabra de esperanza. “Les doy las gracias por vuestra sonrisa”, les dijo Francisco. “El Señor los quiere mucho, está cerca suyo”, añadió. Les recordó que “el Señor nunca nos abandona, ni siquiera en los momentos feos”, y pidió tener confianza en Él también en esos momentos en los que “llega un poco de nostalgia, un poco de tristeza, las lágrimas nos caen, el llanto… pero hagamos así con la mano y digamos: ‘Señor, sé que Tú estás aquí’”. “Él vivió un momento feo en la cruz –¿lo recuerdan?- Él ha sido el primero en abrirnos camino a todos nosotros. Y por eso sabe qué es el dolor, la tristeza, estar solos y tantas otras cosas…”. Además, “con el Señor está nuestra madre; las madres nunca dejan solos a los hijos, y la Virgen es nuestra madre”. El infierno A continuación se encontró con los niños y los jóvenes que le hicieron algunas preguntas. Una de ellas fue por qué si Dios es bueno existe el infierno y cómo es el Paraíso. El Papa respondió que “Dios perdona todo, pero saben que había un ángel muy orgulloso, muy orgulloso, que era muy inteligente, y tenía envidia de Dios, ¿entienden? Quería ser Dios. Y Dios quiso perdonarlo, pero él decía: ‘Yo no tengo necesidad de perdón, ¡me basto a mí mismo!’”. Por tanto, “al infierno no te mandan: si vas es porque lo eliges tú. El infierno es querer alejarse de Dios porque no quiero el amor de Dios. El diablo es el infierno porque él lo ha querido: nunca más tener relación Dios. Pero si tú eres un pecador, si fueras un pecador tremendo, con todos los pecados del mundo, todos y después te condenaran a la pena de muerte, y cuando estás allí, blasfemas, insultas, muchas cosas… Y en el momento de ir allí, a la pena de muerte, cuando estás a punto de morir, miras al Cielo y dices: ‘¡Señor! ¿Dónde vas, al cielo o al infierno?”. A su pregunta, el Santo Padre respondió: “al cielo, porque había otro que era un ladrón, pero un ladrón de aquellos… y fue crucificado al lado de Jesús. Y uno de estos dos ladrones insultaba a Jesús. Este no creía a Jesús; soportaba los dolores hasta la muerte. Pero en un momento, algo se movió en su interior y dijo: ‘Señor, ¡ten piedad de mí!’. ¿Y qué dijo Jesús? ‘Hoy estarás conmigo en el Paraíso’”. Así que “va al infierno solamente aquél que dice a Dios: ‘No te necesito, me arreglo yo sólo’, como ha hecho el diablo que es el único del que estamos seguros que está en el infierno”. Moral cristiana La siguiente cuestión que respondió fue cómo vivir de manera adecuada la moral cristiana, dado que en los tiempos actuales es muy complicado. A esto, Francisco dijo que “vivir moralmente es una gracia, es una respuesta al amor que Él te da primero. Si tú no eres consciente de que Él te ama, no puedes hacer nada. La manera moral de vivir es una respuesta a ese encuentro con Jesús. Si tú nunca hubieras encontrado a Jesús, nunca, nunca podrías vivir una vida cristiana. Es Jesús el que te ayuda a avanzar, y si caes Él te alza y te hace seguir adelante”. También advirtió de que “si tú piensas y nosotros pensamos que la vida moral es sólo ‘hacer esto’, ‘no hacer esto’, ‘hacer esto’, no hacer esto’… esto no es cristiano. Es una filosofía moral, pero no es cristiano. Cristiano es el amor de Jesús que nos ama primero”. El Pontífice comentó que “cuando todos tenemos tentaciones de envidia, celos, muchas tentaciones, en el momento de la tentación, debemos mirar a Jesús y decir: ‘Señor, mírame, no me dejes solo’. Si después caes, levántate”. Esto es “la moral cristiana, alzarse rápido y seguir adelante”. Por último a la pregunta de una niña sobre qué sintió al ser elegido Papa, Francisco respondió entre risas: “no sé… me han cambiado de diócesis, yo era feliz en una diócesis y ahora soy feliz en otra. Me han cambiado”. Las injusticias Antes de presidir la Misa con la que terminó la visita, el Papa se reunió con el Consejo Pastoral de la parroquia. Les habló de las injusticias y de cómo todo cristiano ayuda al prójimo. “Si tu hijo tiene hambre y la sociedad no te ayuda a trabajar, no te ayuda a encontrar un trabajo, no te ayuda a salir de los vicios… debes dar de comer a los hijos… esto lo digo para hacer entender bien la situación de mucha gente que es buena, pero la vida le empuja contra el muro”. “Ustedes trabajan para que estas situaciones no se repitan, para que estas situaciones no sean cotidianas: trabajan para continuar y avanzar con la gente y decirle: ‘no, ven aquí, ¿qué necesitas? Yo te ayudaré’. Y muchas veces la gente, cuando se siente acompañada, querida, no cae en esa red de malvados que explotan a la gente pobre”. Sobre esta realidad apuntó también que “los mafiosos explotan a la gente pobre para hacerle hacer el trabajo sucio y después, si la policía encuentra, encuentra a esa pobre gente pero no a los mafiosos que se encuentran todos seguros y pagan también la seguridad”. Sobre cómo ayudar a la gente, Francisco aconsejó aproximarse con “cercanía”, con aquella caricia que Jesús nos ha enseñado. Para salvarnos Dios se ha hecho cercano a nosotros, se ha hecho uno de nosotros: ¡Y ha sufrido por nosotros!”. Sobre las muchas injusticias que existen, el Santo Padre señaló que “si hay tanta injusticia, haciendo manifestaciones políticas contra la injusticia, gritando, y después yendo a comer una buena pizza con una cerveza no sirve. Sirve la cercanía, las caricias, el amor, compartir la vida”. Una historia de Buenos Aires El Papa contó que este mismo día había recibió un email de un amigo judío de Buenos Aires. “Me contaba una historia: los judíos tienen historias antiguas de rabinos ancianos que son como catequesis, que los viejos rabinos hacían para que la gente aprendiese cómo se debe actuar-, sobre un hombre rico y muy inteligente. En su inteligencia leía la Biblia y decía: ‘El Profeta Elías debe regresar, debe venir…’ y no entendía por qué no venía. Fue a su rabino y éste –viejo y sabio- le dijo: ‘Ve a otro país y encontrarás una casa que es así, así y así. Toma todo, todas las cosas para hacer la fiesta, –porque llegaba la fiesta de Año Nuevo- todas las cosas para comer, y llévalas allí como regalo y estate con ellos un día de fiesta. Y allí encontrarás a Elías’. “Este hombre rico llenó dos cestos, se fue e hizo la fiesta con ellos, pero miraba, miraba y no veía a Elías. Después regresó, tras un día, volvió donde el rabino y le dijo: ‘He hecho lo que me dijiste, pero no he visto a Elías. ¿Qué tengo que hacer? ¡Me has engañado!’. Él le dijo: ‘Vuelve pasado mañana, con las mismas cosas, pero no llames a la puerta: escucha desde la ventana de qué hablan’. Eran los últimos días de la fiesta. Este hombre se acercó a la ventana, escuchó y la familia hebrea pobre, pobre, pobre que no tenía nada que comer, hablaba a los hijos que decían: ‘Mamá, ¿Ahora como festejamos el último día de la fiesta si no tenemos qué comer?, ¿Cómo hacemos papá?’. Y la madre y el padre dijeron: ‘Tenemos confianza: así como Elías, el profeta, vino el primer día, volverá también hoy’. Y aquél hombre, que escuchaba desde la ventana, se dio cuenta de que el profeta Elías era él”. Francisco explicó que “también nosotros somos profetas, grandes profetas, pero anunciamos a Jesucristo con gestos, también con las palabras, pero primero con los gestos. Con la cercanía”. “Acaricien a la gente, a los enfermos, los que están solos, también a aquellos que merecen el apelativo de ‘miserables’: acarícienlos, como Dios nos ha acariciado a nosotros”.
https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-explica-que-es-el-infierno-la-moral-y-que-hacer-ante-las-injusticias-38317/#.VQMZod6teQY.facebook
El amor que unía al cardenal con su hermano homosexual
Acoger, acompañar, sanar y mostrar el rumbo, involucra tomar sobre sí los pecados del mundo. Es lo que hizo Jesús… e intentan quienes le aman. El vaticanista Sandro Magister en una de sus habituales y coloridas columnas recordó el testimonio de vida del Cardenal Jean Daniélou, quien ofreció a Dios su vida, por la salvación de su hermano homosexual, Alain… Lo revelan sus diarios espirituales. El cardenal Jean Daniélou tomaba sobre sí los pecados de su amadísimo hermano Alain, para salvar su alma. Es la lección de vida de uno de los mayores teólogos del siglo XX, patrólogo y liturgista, jesuita y cardenal, al que se le restó importancia injustamente después de su muerte en 1974, acaecida en la casa de una prostituta parisina a la que él ayudaba. Los "Carnets spirituels" de Daniélou, sus diarios espirituales, publicados veinte años después de su muerte, han levantado el velo sobre su espíritu y sus obras escondidas. Como también lo ha hecho "Le chemin du labyrinthe", la autobiografía de su hermano Alain, homosexual, convertido a un hinduismo de impronta erótica y compañero de vida del fotógrafo suizo Raymond Burnier. Jonah Lynch, de la Pontificia Universidad Gregoriana, dice a este respecto: "De los diarios, son conmovedoras las páginas en las que Jean Daniélou ofrece la propia vida por la salvación de su hermano homosexual Alain, mientras éste, a su vez, en el 'Chemin du labyrinthe' rinde homenaje a Jean y a su amor sincero, si bien no comparte sus posiciones. Se ve resplandecer en la vida del cardenal un enfoque 'pastoral' y delicado, un genuino amor evangélico, tan de moda ahora, pero junto al elevadísimo precio que dicho amor exige. En Jean Daniélou el amor a los alejados no era un mero adorno, sino una realidad que valía incluso el martirio". A partir de 1943, junto al gran estudioso del islam Louis Massignon, Daniélou celebró todos los meses, con la mayor discreción, una misa por los homosexuales, "por su salvación". Lo confirma la sobrina nieta Emmanuelle de Boysson en su libro dedicado a los dos hermanos "Le Cardinal et l’Hindouiste". Pero también escribe sobre ello su propio hermano Alain en su autobiografía, de la que vale la pena releer esta página: "Jean tuvo siempre hacia mí una amabilidad perfecta. Durante toda su vida sintió remordimientos por el modo como la familia me había tratado y dejado sin sustento. Se lo decía a menudo a amigos comunes. Cuando mi amigo Raymond murió le confió a Pierre Gaxotte, en los pasillos de la Academia de Francia, que sentía una gran tristeza pensando en lo afectado que debía de estar yo. Ser nombrado cardenal fue para Jean una liberación. Era finalmente libre de la constricción jesuítica de la que, estoy seguro, había sufrido. Los últimos años de su vida fueron los más felices.” "Su muerte y el escándalo que ésta provocó, pues él ya era una de las mayores figuras de la Iglesia, ha sido una especie de venganza póstuma, uno de los favores hechos por los dioses a los que aman. Si hubiera muerto unos instantes antes o después, o si hubiera estado visitando a una señora del distrito dieciséis (distrito residencial muy caro de París, ndt) con el pretexto de obras de beneficencia, en lugar de llevar las ganancias de sus escritos teológicos a una pobre mujer necesitada, no habría habido ningún escándalo.” "Desde siempre, Jean se había dedicado a las personas mal vistas. Intentaba ayudar a los detenidos, a los delincuentes, a los jóvenes con dificultades, los homosexuales, a las prostitutas. He admirado profundamente este final de vida, similar al de los mártires, cuyo aroma sube al cielo entre la abominación y el sarcasmo de la multitud.” "Ha muerto como mueren los verdaderos santos, en la ignominia, entre risas burlonas, con el desprecio de una sociedad resentida y vil. En los últimos años de la vida de mi hermano yo vivía cerca de Roma y era, según la opinión del clero, un apóstata de cierto relieve. Había quien nos confundía y algunos críticos habían incluso atribuido a mi hermano mi libro 'L'Érotisme divinisé', diciendo: 'Ya sabemos la libertad de espíritu que tienen los jesuitas, pero…'. Mi hermano tuvo que demostrar que el escándalo no lo ocasionan nuestras creencias o nuestro actos, sino la ironía de los dioses, que se ríen de este tropel de reglas de vida y de las denominadas 'verdades que hay que creer', de las cuales los hombres se atribuyen la paternidad". También en los diarios espirituales del teólogo y cardenal Jean Daniélou aflora el ansia por la salvación del alma de su amadísimo hermano homosexual. Como cuando recuerda, por ejemplo, su propio deseo de ir como misionero a China: "Los motivos de mi deseo de ir a China hay que buscarlos en el celo por la salvación de las almas, objeto de mi vocación. La vida de un jesuita está completa sólo si participa en la pasión de Nuestro Señor, y también en su vida pública. Sé que en ninguna parte Nuestro Señor rechaza dicha participación a quien se la pide; pero temo relajarme en este deseo. En las misiones hay una dosis casi segura de privaciones, de desilusiones, de peligros, tal vez la muerte, tal vez el martirio. Además de estos motivos, sé que tengo una capacidad de adaptación que me ayudaría a hacerme chino con los chinos; que la vida de misionero ofrece más ocasiones para actuar las obras de misericordia corporal que en Francia; que consideraré mi vida como no inútil si con motivo de ella el alma de Alain será salvada y que no conozco la medida de la inmolación que Dios desea para mí por esto". En otra página de los "Carnets spirituels", meditando sobre la pasión de Jesús en el Huerto de los Olivos, llega a desear poder asumir sobre sí el peso de los "pecados" de Alain y de cualquier otra persona: "Jesús, he entendido que no quieres que yo distinga mis pecados de los otros pecados del mundo, sino que yo entre más profundamente en tu corazón y me considere responsable de los pecados de las personas que tu desees: los de Alain, los de cualquier otro que tú quieras. Me haces sentir, Jesús, que debo bajar aún más y tomar sobre mí los pecados de los otros, aceptando en consecuencia todos los castigos que ellos atraerán sobre mí a causa de tu justicia y, de manera particular, el desprecio de las personas por las cuales me ofreceré a mí mismo. Aceptar, incluso desear, ser deshonrado, también a los ojos de quien amo. Aceptar las grandes infamias, de las que no soy digno, para estar preparado y aceptar, por lo menos, las pequeñas. Entonces, Jesús, mi caridad se asemejará a aquella con la que me has amado". …Y continúa… "Vivir de la fe, de lo cual lo que tengo más claro es que es incomprensible. Tener un humor franciscano, mortificado y alegre, travieso y místico, totalmente pobre. Admirar el humorismo con el que el cura de Ars se trataba a sí mismo para huir de cualquier vanidad. Revertir a lo cómico todo el lado vanidoso de mi vida". http://www.portaluz.org/articulo.asp?idarticulo=1058





